viernes, 16 de marzo de 2012

Satyajit Ray - Pather Panchali (La canción del camino, 1955): Crítica de la película



Allí reposaba, en esa abultada carpeta de pendientes en la que todos tenemos almacenado aquello que espera ser degustado algún día, guardaba yo la Trilogía de Apu (del director indio Satyajit RAy), como en barrica, desde que supe de ella y de las buenas críticas cosechadas.

Vi la primera, que es de la que os quiero dejar unas impresiones. Se trata de Pather Panchali (La canción del camino), de 1955, que narra la historia de una familia bengalí con la que el infortunio se ceba, debido a la mala suerte o a la mala administración que hace de la misma el padre (siempre ausente, en busca de una fortuna que solo le reparte migajas de miseria) . La canción del camino, que es la vida, es una canción a veces triste, parece venir a decirnos Ray.

Quizá lo de menos sea el argumento, el guión, la historia en sí, que no son “fascinantes”, digamos, y menos aún rupturistas o modernos, pues, para decirlo de una vez, no tienen mayor atractivo que la vida… Pero si la vida no es atractiva, si en ella, en su devenir cotidiano, no encontramos los tesoros que oculta, sería mejor acercarnos a esta película para que, a través de ella, sepamos precisamente arrancar a la vida esas bellezas escondidas y reveladoras. Es una de las virtudes de esta primera parte de la trilogía.

Ganado por el neorrealismo europeo (más aún por el italiano), Ray lo quiso trasladar al entorno que él más conocía, y de primera mano. De este modo, Ray pasea el espejo de su cámara por la vida de este pedazo de existencia, por el escenario único y muy reducido de una aldea bengalí. Y lo hace casi documentalmente, de modo que los personajes actúan con tal naturalidad que parecen espiados desde la fronda, grabados sin que ellos hayan recibido aviso alguno. En especial esto sucede con el personaje de la abuela (Chunibali Devi), muy buñueliano, cuya interpretación formidable sobresale del conjunto. Una interpretación perfectísima que la hace perder por momentos su categoría de personaje para convertirla en persona. Y es que, en general, los personajes actúan con tanta espontaneidad como lo harían en la misma vida. De hecho, no los imaginamos más allá de la peli, viviendo con otra vida que no sea la que aquí desarrollan. Quizá sea una de las cosas más difíciles de conseguir en cine: dar apariencia de verdad a lo que solo es arte, artificio. Y esto en el film de Ray es todo un logro.

La fotografía (Subrata Mitra) es excelente, deliciosamente lírica (contemplativa, meditativa a lo Tagore), llena de naturalidad, pero también de simbólicos significados. Todo está medido, calculado en esos encuadres, lo que convierte al conjunto en un bello tapiz viviente o en un hermoso mosaico compuesto de esas teselas bien recortadas que son cada uno de los bellos fotogramas que lo conforman. Las imágenes y su simbología se abrazan en una simbiosis perfecta con esa envolvente música india (Ravi Shankar), ideal telón de fondo de toda la historia. No es de extrañar que el mismo Kurosawa dijese aquello de: “No haber visto el cine de Satyajit Ray significa existir en un mundo sin poder ver la luz o la luna”.

Todo transcurre con la lentitud de lo cotidiano, pero, paradójicamente, el tiempo despacioso y amplio asedia sin piedad a esa familia bengalí desamparada, golpeada por la muerte y la miseria. Todo transcurre con una aparente sencillez, pero, en el fondo, se trata de una sencillez que alumbra profundos sentimientos, emociones, mensajes. Uno se deja seducir por la contemplación: una historia real que vemos desde nuestro sofá a través de una ventana abierta a esa mísera zona de La India. Zona lejana, cultura distinta también, pero despojadas de exotismo debido a la cercanía humana de los sentimientos con los que no dejamos de identificarnos.

Hay quien la compara con El río (Renoir, 1951), por recrear también el ambiente bengalí, pero hoy en día a esta peli la vemos falta de frescura, con unos escenarios, una escenografía, una puesta en escena y una pretendida documentalidad totalmente impostadas, artificiosas, made in Hollywood... Me quedo con la de Ray sin pensármelo dos veces (no me gustan los fraudes).

Yo animo a verla. Gustará más a los espíritus sensibles que aquellos que buscan en el cine acción, mundos de fantasía, efectos especiales, etc. Yo ya espero encontrar otro momento para pasar a ver la siguiente entrega: Aparajito (El invencible), que apareciese dos años después que Pather Panchali.

Por último, me gustaría añadir que la he visto en versión original con subtítulos, de los cuales quiero destacar y agradecer su calidad ortográfica y de puntuación (no siempre se logra), llevada a cabo por el Centro de Traducciones Savinen de Valencia.

PUNTUACIÓN DE LA PELÍCULA:

Imdb: 8.
Filmaffinity: 8’3.
El criticón: 8’1.
Mi nota: 8’5.

Ángel Carrasco Sotos

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