viernes, 16 de marzo de 2012

Darren Aronofsky - Cisne negro (Black Swan): crítica de la película



Os dejo con un texto que publiqué en abril de 2011 para rockthebestmusic. Por cierto, la peli me sigue encantando.

Comencé a ver Cisne negro en una versión tan mal subtitulada que, aunque advertido de antemano de que la peli era “rara” (lo cual despertó inmediatamente mi interés), la vi tan sin sentido que la abandoné a la media hora… y sin haber entendido lo más mínimo, claro. No tardé en hacerme con la versión buena, la fetén (¡existía, Dios!) y me la tragué sin pestañear, embobado y definitivamente ganado (vencido) por la película de principio a fin. Tengo la mala costumbre de reconocer en cine lo que es una maldita obra de arte. Y esta lo era, ¡pardiez!, aunque, como suele pasar, uno no sepa a ciencia cierta dar cuenta de las causas de este juicio inmediato que cree tan razonable.


Cada año suele engendrar una o dos obras maestras, y creo que la de 2010 es sin duda Cisne negro, y, por supuesto, la obra cumbre por el momento de Darren Aronofsky. Encierra muchos de los ingredientes que, en proporciones debidas, pido que una película contenga para que me produzca cierto estremecimiento y no salga de su visionado con las manos en los bolsillos y silbando cualquier tonada veraniega. Pero sobre todo exijo a una buena peli que esté tocada por esa magia oculta que es justo lo que no puedes explicar porque escapa a cualquier convencionalismo, a cualquier esquema prefabricado o enlatado, por el arte o por la cultura. En esa ventura extraña, inefable, está la esencia de la mayoría de las grandes obras. En muchas ocasiones tal magia no es sino la conjunción memorable de todos los elementos que conforman el arte cinematográfico con mayúsculas. No se precisan grandes inversiones ni despliegues de medios mastodónticos, pero sí es necesario que exista detrás de ella lo que ha venido a llamarse genio (o duende), una cualidad que solo algunos cerebros poseen y que es capaz de producir en los mortales alguna que otra revelación, sumidos como estamos (sin interrupción) en una pueril ignorancia, por no decir en la insana costumbre de comer los miércoles lentejas con chorizo, por ejemplo.


Dije que Cisne negro venía a ser la culminación de la todavía corta trayectoria cinematográfica de Aronofsky. Breve, aunque diversa, diría yo, y no del todo compacta, aunque ya se dejan ver en algunas de estas películas previas a la tratada, algunas de las peculiaridades geniales que de la cinta se desprenden. Recuerdo que me gustó El luchador (The Wrestler, 2008) con un Mike Rourke rescatado, y más aún me encandilaron la durísima Réquiem por un sueño (Requiem for a Dream, 2000) y la delirante Pi, fe en el caos (Pi: Faith in Chaos, 1998) que aconsejo enfáticamente, ambas, a los amantes del cine de delirio alternativo. También he de decir que me defraudó ese engendro espantoso titulado La fuente de la vida (The Fountain, 2006), el primer borrón pretenciosamente gótico del cineasta. En las otras dos creo que está de verdad el germen, la autenticidad y la semilla del verdadero cine de Aronofsky, el que le otorga legitimidad y lo define. Y creo que es esta la senda que ha de continuar, sobre la que debe crecer, como hizo Lynch, sin temor a anquilosados o aburguesados aún gustos inclinados al espanto por parte de cierta crítica.

Y si aquellas películas rozaban la genialidad, Cisne negro resulta ser magistral. Por eso no entiendo a los detractores (incluidos conocidos críticos) que la tachan de efectista, sensacionalista o esperpéntica directamente, cuando en realidad deberían hablar de enloquecida, extravagante, confusa, bella, hipnotizadora, barroca, atractiva, psicotrópica, seductora, paranoica, asfixiante… entendidos tales adjetivos positivamente; adjetivos, por cierto, muchos de los cuales podríamos aplicar a Pi y Réquiem (a la primera por descontado: vertiginosa, loca, brutal… y en blanco y negro). Y cuando una peli, como lo hace Black Swan, te asedia desde el principio con estos argumentos (léase, ingredientes), y te envuelve con sus velos de ensueño imposible hasta la locura, como lo hacen siempre excepcionalmente las obras de Lynch o el mejor Cronenberg, lo que cabe (y además es de buen gusto y educación) es alabarla y soltar un ¡chapeau! que fluya de nuestra boca como humilde reconocimiento natural y fundado.

Cabe destacar el sobresaliente trabajo de la protagonista, Natalie Portman (Oscar a la mejor actriz) y el guión excelente de Heyman y Heinz, aunque esto no suponga sino abundar en lo obvio. Por último, quiero indicar que las sinopsis de la peli que corren por la Red no hacen justicia a las bondades que de su argumento se derraman (por sus bordes y a borbotones) cuando este cobra cuerpo en el desarrollo de esta genialidad de Aronofsky. Los detalles en que podríamos centrarnos podrían ser innúmeros, pero me quedo con aquellos que se relacionan con la progresiva transformación de la protagonista en ese “cisne negro” que todos llevamos dentro. Quizá solo sea cuestión de tenderle la mano para que poco a poco vaya adivinándose desde la sombra.

NOTA: 9'5

Ángel Carrasco Sotos.

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