
Parece presentarse es nuevo álbum de Megadeth como el fin de una leyenda, la suya. El tiempo dirá si esto efectivamente será así o queda gasolina en el tanque como para algo más por parte de Dave Mustaine. Ahora, dicho lo anterior, previo a cualquier análisis la pregunta se debe realizar: ¿Qué esperar de un disco de la banda a estas alturas? Porque, digámoslo en simple, Mustaine ya hizo lo que debía. Demostró al mundo entero su valía tras su salida de Metallica cuarenta años atrás mediante una seguidilla de álbumes históricos rebosantes en un thrash incontestable, una pasada notable a los años noventa... y ya. Pues todo sea dicho, el guitarrista desde siempre ha caído en el problema de la sobreproductividad. La lógica del disco cada dos o tres años agota a cualquiera y la carrera de Megadeth ha sido víctima de aquello (sumado a una rotación constante de integrantes), por lo que en estos últimos veinticinco años fuera de la frescura de la pasada por United abominations (2007) + Endgame (2009) es poco lo realmente memorable que les hemos oído. Y en esa línea este álbum homónimo no escapa a la regla. Nos encontramos acá con once canciones que en casi cincuenta minutos entregan un mix que oscila entre los típicos momentos acelerados de la banda y medios tiempos melódicos, el problema es que ni lo uno ni lo otro suena demasiado inspirado.


















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