por Yolvi Efraín Cauro Méndez
Milagros corre hasta el abismo y hace ademán de lanzarse. Logro alcanzarla. La sujeto por las trenzas. La obligo a retomar con sus gemidos las coordenadas de la luz. “La luz es nuestra única posibilidad de salvación”, le digo para alentarla, “nos rodean los demonios de blanco, ellos quieren encadenarnos de por vida… ¡Mira, mira a ese viejito de barba rala! ¡Nos quiere atrapar con su tono reflexivo!” Le digo y me vuelvo con la esperanza de que entienda de una vez…Ya no siento la resistencia de su cuerpo. Milagros descansa sobre mi espalda. Doy traspiés entre las raíces de mangle rojo, así avanzamos. Pide perdón una y otra vez, perdón por cualquier cosa que haya hecho, perdón, mi vidita, perdón…


