
Estupenda esta The yakuza wives, una película dirigida por Hideo Gosha que nos regala un retrato oscuro, crudo, casi desprovisto de violencia, en el que –pese a todo- muestra perfectamente los entresijos del implacable código yakuza y de la felonía que toda lucha por el poder lleva implícita. El acierto de la cinta –que en su momento se convirtió en todo un éxito de crítica y espectadores en su país- es que asistimos a la acción de la mano de una mujer jefa de clan, exponente del mito de la Onna-oyabun, algo así como la versión femenina de la figura del padrino mafioso. Así, The yakuza wives nos cuenta la historia de Tamaki, la esposa del jefe del clan Awazu, quien ha formado el club de las Prison Wives, mujeres que cada cierto tiempo se reúnen para bailar, cantar, beber y divertirse para olvidar por unas horas que sus maridos están cumpliendo condena. En una de esas fiestas, Tamaki –que se ha convertido en una jefa que controla con mano firme la organización de su esposo- y sus amigas reciben la visita de la esposa del jefe supremo del grupo Domoto, clan yakuza con tentáculos que abarcan toda la región de Kansai. La mujer les transmite palabras de aliento de parte de su marido, que sabe que es duro para ellas seguir con su día a día pero que deben tener claro que un hombre no es nada sin el apoyo de su esposa. En ese –como en otros aspectos-, tal código de comportamiento no difiere demasiado al que la mafia norteamericana siguió durante años. Mientras, Makoto –la hermana menor de Tamaki, que vive con su padre enfermo- trabaja como camarera en un club de alterne y está agobiada por las deudas. Desaprobando el modo de vida de su hermana, en un principio rechaza su ayuda pero finalmente acepta el regalo de un anillo y de unas vacaciones en Guam mientras su hermana mayor se ocupa de prepararle una cita con un joven pretendiente al que no conoce.