You wanted the best, you got the best! The hottest band in the
world… KISS!
Amiguitos, en 1978 los KISS eran unas megaestrellas, con discos como Rock and
Roll over, Love gun, Destroyer o los dos Alive en su haber y su mánager Bill
Aucoin estaba empeñado en convertirlos en iconos más allá del ámbito
musical, ya fuese como personajes de cómic o haciéndoles dar el salto a la
pantalla. Así es como Paul, Gene, Ace y Peter se vieron envueltos en el
rodaje de la infame KISS meets the phantom of the park, una película cutre
como ella sola que los kissmaníacos como yo nos compramos y convertimos en
obra de culto porque era de la banda más caliente de la Tierra, no por su
valor artístico. Por cierto, la tengo en VHS y me pregunto si se habrá
echado a perder o si alguna vez la podré ver de nuevo. Pero me estoy
apartando de la senda. Resulta que en ese momento, cuando los integrantes de
KISS ni se hablaban entre ellos, con el ego subidito, envidias en el
ambiente y con unos Peter y Ace bien provistos de cocaína y alcohol, la
banda se dio un respiro para embarcarse en proyectos personales que
–dependiendo de cada caso– correrían suertes diversas. Total, que cada
miembro se rodeó de amiguetes y conocidos para poner en las tiendas a su
particular retoño, una manera de demostrar –o por lo menos de intentarlo– su
valía como artistas por si mismos, sin la necesidad de hacer equipo con los
otros tres y una supuesta jugada maestra de Neil Bogart que así ponía cuatro
discos a la vez en el mercado con el marchamo de la banda. No en vano, pese
a ser obras en solitario, en las carátulas aparecería el logo KISS y se
utilizaría la imagen de cada alter ego de los músicos en el grupo. Deciros
que el resultado fue un fracaso económico para Casablanca Records.