
Piltrafillas, la verdad es que ya estaba por entonces un poquito cansado del tema zombie y el tema vampírico, sin embargo la presencia de Neill, Dafoe y Hawke en esta película me hizo arriesgarme a verla. Además, las primeras impactantes imágenes y los cuidados títulos de crédito son lo suficientemente interesantes como para hacerme servir una copa de ron colombiano y disponerme a disfrutar de Daybreakers. Y no sé si soy yo solo, pero eso de que la extinción de los seres humanos no es únicamente el fin de estos sino el de los vampiros que se alimentan de su sangre, y la razón por la que el hallazgo de una nueva fuente de vida salvaría a los pocos humanos ya que no sería necesario matarles, pero –lo más importante- aseguraría el futuro de los vampiros... ¿no os parece un paralelismo con nuestro planeta y los medios alternativos de energía? Miradla y ya me diréis si no podéis cambiar escasez de sangre por escasez de petróleo y vampiros sedientos por la humanidad actual ávida de combustible. Así que –desde ese punto de vista- tenemos a una peli de vampiros, con sangre, sustos, persecuciones y disparos que en el fondo no es otra cosa que un alegato ecologista. En resumen, un divertimento palomitero bien hecho, moderadamente interesante –no deja de ser otra manera de presentar a los vampiros más digerible que la ñoñez aquella de Crepúsculo, con ese afeminado al que le brillaba purpurina en el pecho cuando le da el sol-, distraído y moralizante... pero perfectamente olvidable.




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