viernes, 16 de marzo de 2012

Rata Blanca - Rata Blanca (1988): crítica del disco


Rescato otra entrada publicada en abril de 2011 en rockthebestmusic. Se trata de la crítica del primer disco de los argentinos Rata Blanca. Recordad que Walter Giardino lo incluí en mi lista de mejores guitarristas de hace unos días.


"Me dije que algún día dedicaría un post a mis adorados Rata Blanca y creo que ya ha llegado el momento de hacerlo. Pero, claro, una entrada que recorriera su discografía, ya extensa, me parecía un despropósito que haría huir a cualquiera; ¿no está ya para eso la Wiki o la página oficial del grupo (a las que remito gustoso)? Se me pasó por la cabeza que podía centrarme en ese segundo álbum, Magos, espadas y rosas (1990), que los terminó consolidando dentro del panorama internacional. O, quizá, dedicársela a esa formidable y gloriosa trilogía que forman sus últimos discos: El camino del fuego (2002), La llave de la puerta secreta (2005) y El reino olvidado (2008), que son quizá los que más me transportan (sí, creo que esa es la palabra).

Pero, al final, me decidí por centrarme en el primer trabajo, irme a los orígenes, a ese álbum del ya lejano 1988 (titulado homónimamente Rata Blanca), grabado en Buenos Aires Récords. Conocida es la anécdota: Polygram les exigía una venta mínima de 4.000 copias en medio año para asegurarse la grabación de un segundo disco con esa misma compañía. 17.000 vendieron prácticamente en esos meses. El tema titulado “El Sueño de la gitana” sobrepasó incluso el terreno más puramente heavy y se escuchó en otros ambientes más relajados. Ese aire Medina Azahara (grupo que influiría decisivamente en grabaciones posteriores) encandiló a los ches rioplatenses.

A mí es un disco que me encanta por sus cuatro costados porque detrás de él no solo existen influencias de grandes clásicos fundadores de hard de todos los tiempos, como son los Purple o Rainbow, sino bases rítmicas de Accept y guitarras reconociblemente Judas (“Chico callejero”, posterior himno de la banda, o “Rompe el hechizo” (muy Maiden también), son clara muestra de lo que digo, por no hablar de “El último ataque”). Hay quien asegura que tras las iniciales de Rata Blanca no esconde un velado homenaje al venerado Ritchie Blackmore, principal inspirador del trabajo del guitarrista bonaerense Héctor Walter Giardino, que es quien soporta el peso de la banda argentina, un verdadero monstruo de las seis cuerdas. Percibo también ecos de Whitesnake, pero son pasajes aislados. Lo que es indiscutible es que, cuando a Giardino lo dejan solo, sus referentes absolutos son Blackmore y el Yngwie Malmsteen de las grandes composiciones (el homenaje se termina de rematar en “Preludio obsesivo”; no os perdáis ese solo, por Dios). La guitarra, por otro lado, es la que lleva las riendas a lo largo y ancho de todo el disco.

Disco completísimo; y muy bueno, diría yo. Un disco que, de haber sido realizado por un grupo español, hoy en día quizá ya estaría mitificado dentro de nuestras fronteras. Toca muchas teclas, como es común en otros discos del grupo, y hasta se atreve en ese instrumental “Otoño medieval” con el recurso a las atmósferas lírico-medievalizantes que luego tanto pegarán en algunos grupos, incluidas esas "Blackmore’s Night" curiosamente. Como digo, muy completo y dignísimo, tanto que me ha costado hacer selección de los temas que abajo os pongo. Os animo a que os sirváis de su completa escucha, para que esta os encamine a buscar los discos que vinieron después". En eso quedamos.









Ángel Carrasco Sotos

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