sábado, 17 de marzo de 2012

The Brew – Alcázar de San Juan 16/03/2012: crónica del concierto




Nos acercamos hasta Alcázar de San Juan (nos pilla más o menos a mano) para ver a los británicos The Brew en esa gira española en que están inmersos hasta las cachas. Vamos los de siempre: el todoterreno Castillo, Emilio (Los Cuarenta Duros – Cadena SER) y un servidor. Y vamos sin excusa, con la intención de vivir una gran noche ante ese trío que ha retomado el rock setentero apropiándose debidamente del buen hacer de esos años por Hendrix, Blackmore o Page, o del buen hacer de los Who, en una especie de eclepticismo inagotable y de buena factura.

En esta especie de moda de revitalización de la música de los 60 y 70 (luego le tocará a los 80 imagino) tiene a mi modo de ver a The Brew como principales representantes. Lo hacen bien. Lo vienen haciendo bien ya desde hace unos años, desde 2006, cuando dieron a luz aquel miniálbum titulado Fate And Time y pronto todo fueran alabanzas y reconocimientos, copando listas, vendiendo al por mayor, recibiendo las más elogiosas críticas de la pléyade roquera, más aun tras la publicación de The Jocker. Por eso nos acercamos al concierto con la seguridad que augura haberlos ya degustado en casa hasta quedar saciados. Colocamos por aquí su último disco en el top-ten del pasado año, y uno de los temas de este álbum, “Reched The Sky” se coló en la tercera posición de las mejores canciones del año 2011.



Hay quien reprueba esta vuelta a los orígenes, y no falta el que tacha a algunas de estas nuevas bandas de plagiarias. Yo solo sé que The Brew es una banda que más bien homenajea la música de esa época, incluso incluyendo versiones en sus directos (y en sus trabajos de estudio), y que, aparte de eso, son capaces de crear canciones originales que parecen clásicos. Sí, la música de los 60 y los 70 está ahí para venerarla, pero qué mejor veneración es que unos músicos de talla se recreen haciendo una música parecida, un rock clásico que parece extraído de aquellos años gloriosos. Me parece algo digno y alabable. Y todos tenemos derecho a la nostalgia.

En fin, esta vez me acerqué únicamente con la intención de disfrutar con Jason, Curtis y Tim. Me dije: nada de apuntar setlist, nada de estar haciendo fotos ni grabaciones como un chiflado paparazzi. Simplemente disfrutar y vivir el concierto. Así lo había pensado: ya surgirían luego algunas impresiones para hacer la crónica. Es lo ideal. Así que eso fue ni más ni menos lo que hice.

Como mero apunte anecdótico, al llegar estaban en la barra. Al verlos, el ocurrente Emilio dijo: "¡Ahí los tienes: al padre, al hijo y al Espíritu Santo!" Decidimos acercarnos y les dimos la mano. En un minuto habían desaparecido de allí. La gente empezaba a venir y temían que algunos moscones más les atosigasen.



El concierto empezó entre una cosas y otras a las 12:30, pero ¡cómo empezó! como cuando una tormenta inesperada descarga el agua a borbotones como vomitándola. ¡Qué derroche de buen rock, amigos! ¡Qué avalancha de enormes canciones y qué bien entonadas, afinadas, recitadas! No, comprobábamos que no era música-sonajero, algo deshilachado y extemporáneo. ¿Cuántos había sobre el escenario? Solo tres personas, pero parecería que fueran una manada de bestias desbocadas. The Brew llenaron el espacio y el tiempo en un momento, envolviendo con su música el ambiente de la sala, y creando un microclima made in The Brew en el que estuvimos viviendo, gozando, durante dos horas, como se vive en un sueño placentero. ¡Qué andanada de buenos temas!, y tan bien servidos que en ningún momento desmerecían con respecto a lo grabado en el último álbum, que es de donde procedían la mayoría de los temas que iban enristrando uno tras otro, como se echan paladas de arena en el interior de una hormigonera.

Jason, la auténtica figura del grupo, con aires Morrison, hizo las delicias del auditorio demostrando que sabe tocar la guitarra como los mejores. El chaval tiene un estilo, una clase, superior, y no nos extraña que ya haya algunos que hablen de él como uno de los mejores guitarristas ¿de la historia? (aun es temprano) ¿del momento? (eso es seguro). En un momento determinado, sacó el arco y estuvo demostrando que es un virtuoso, haciéndolo pasar sobre las cuerdas de la guitarra. Se conoce y maneja a la perfección los movimientos que sabe que hacen vibrar al público. Los desplazamientos continuos sobre el escenario, esos saltos sobre el escenario que recuerdan maneras grunge, todo, se hacen oportunos (y no le queda a la zaga Tim, el bajo y padre de Curtis). En cierto momento de la actuación Jason pegó un grito de dolor: se había cortado ¿con la púa? y uno de sus dedos comenzó a sangrar y a impregnar de sangre el fondo blanco de su guitarra. No por eso dejó de tocarla delicada y salvajemente. La cosa no pasó a mayores. Otra vez fue Emilio el que al oído me dijo "sangre, sudor y rock and roll", un buen título para tu crónica.



Por último, decir que ese Tim (que tanto recuerda a Sting en su aspecto físico y en su manera de manejar el bajo) estuvo espléndido, demostrando que ese instrumento no tiene para él muchos misterios que descubrir; es otro virtuoso, y cuando tres músicos de talla se juntan pues demuestran que no hace falta más. Por cierto, Curtis se marcó un solo de batería que encandiló al respetable.

Al final, adquirimos unos discos del grupo (en vinilo) firmados por los tres figuras. No éramos muchos, la verdad, pero casi todos se acercaron por el merchandising. Nosotros salimos de la sala repletos de energía, de alegría, de emociones, y, como quien se siente orgulloso de un trabajo bien hecho, regresamos a casa... hablando del concierto, de este grupazo llamado The Brew. Eran las 3 de la mañana.



Ángel Carrasco Sotos.




2 comentarios:

  1. tres veces han tocado aqui, y las tres veces el destino se ha aliado en mi contra para que me los pierda, fuck. menos mal que Bergi no se los pierde nunca. Una gran banda

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  2. Pues no debes perdértelos, Nortwinds. Una gozada, te lo aseguro. Un saludo.

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