jueves, 15 de marzo de 2012

Nevermind 20 aniversario - El disco que marcó una época



Con la única intención de dejar archivado en este blog ese texto publicado en rockthebestmusic en septiembre de 2011, cuando todo aquello del 20 aniversario del Nevermind de Nirvana, doy salida a este post, premiado en su día por PriceMinister. La recordé con esa entrada dedicada a las mejores canciones del grunge.


"Se acerca el 24 de septiembre, fecha que servirá para conmemorar el 20 aniversario de ese disco rompedor y novedoso que revolucionaría de alguna manera el mundo del rock. Creo que ya todos habrán intuido que me refiero a ese clásico que porta el título de Nevermind, del desaparecido, añorado y venerado grupo Nirvana, liderado por su carismático y malogrado líder Kurt Cobain, cuya lamentable pérdida provocó tanto desasosiego y tantas lágrimas hizo derramar entre sus seguidores. No en vano, se trataba de un líder y un disco que marcaron una época.

Kurt Cobain (un juguete roto, como alguien dijo ya entonces) se convirtió, así, en un ídolo de masas (aunque ya lo era, de hecho antes de su desaparición), en una estrella que ya solo brillaría desde entonces en el firmamento (y a la postre, como se ha demostrado, en un mito), dejando de alguna manera un poco huérfanos los escenarios del rock, y el grunge, claro, en manos de otros grupos también grandes, y estoy pensando fundamentalmente en Pearl Jam, Alice in Chains y Soundgarden, todos de Seattle, la cuna de esa moda que aún perdura pues no deja de haber siempre adeptos para lo clásico. Los primeros habían publicado ese mismo año (en agosto) otro disco imprescindible del movimiento, su Ten para más señas, que merecería una entrada independiente (sería de recibo). Creo que indiscutiblemente Ten y Nevermind se han erigido con el tiempo en estandartes del grunge, dos discos para los que nos faltarían adjetivos a la hora de calificarlos en positivo.


Nevermid vino a demostrar que un disco puede ser popular y a la vez enorme, de calidad suprema (fetén, dirían otros). Un superventas que gustó no solo entre el mundo del grunge, sino que también hubo rockeros clásicos o pop, heavies y punks que se apuntaron a la moda-Nirvana (de todos tenía alguna influencia, de hecho). El disco se vendía entre los corrillos como incontestable: si no te gustaba Nevermid, amigo, no entendías de música, te habías quedado atrás. La medicina grunge, con Nirvana a la cabeza, vino de alguna manera a sacar al mundo del rock de un anquilosamiento o limbo complaciente que entregaba productos repetitivos (aunque no a la fuerza malos). Se trataba de una revolución en toda regla. Yo estaba en la Universidad por aquel entonces y desde ese momento comenzó a respirarse grunge por todos lados. Estaba en el ambiente. No había vuelta atrás. Te unías o quedabas descolgado: esa era la alternativa. Y uno se apuntó. De rebote, pues los gustos los tenía ya asentados, pero se apuntó, y marchó en busca del billete que nadaba en el agua para atraparlo cuanto antes. No hubo oportunidad de arrepentimiento. No me duelen prendas el decirlo.


Esa música nueva que llegaba a Europa no nos hizo más alegres, tampoco más optimistas, pero un poco de melancolía en aquella época de evidente bonanza (ahora lo sabemos) no venía mal para engalanar nuestros corazones de desesperanza estética. No dejaba de ser una moda, un artificio por lo tanto, que, todo hay que decirlo, muchos tomaron en serio (no era otro el propósito, de hecho) y decidieron morir jóvenes, “primero, vivir apasionadamente, y después morir con belleza” (como leemos en La dama del alba). Y ese nuevo estilo, algo sucio, algo distorsionado (de todo ello rezuma el Nevermind), algo lastimero, llorón, tétrico, caló también en el modo de vida, en las vestimentas y en la manera de ornar nuestro cuerpo. El grunge había establecido su gobierno y ley entre los jóvenes, los había retado primero y los había vencido al momento: nacía una nueva generación (se llamó X) ganada y rendida a una música alternativa que desde Seattle enviaba sus ejércitos victoriosos, un ejército de 50 millones de álbumes que portaban en su escudo a un niño que venía al mundo por vez primera y ya luchaba en el agua por conseguir dinero (¡qué hermoso símbolo de los tiempos modernos!... o de todos los tiempos, ¿quién sabe?).


Que buscaran riffs “comerciales” o no poco importa, porque ¿quién sabe si algo se venderá o no si no se parte ya de un nombre consolidado, de unos honores previos? Nadie. Dios acaso. Ellos aún no habían ganado esa respetabilidad y no eran sobrinos de nadie. Pero lejos de retóricas, existe una cuestión que recorre cristalina por mis entendederas y se hace palmaria y constatable: sin el éxito del Nevermind resultaría comprometido al menos pensar que el grunge hubiese triunfado del mismo modo. Está claro que no hubiese sido lo mismo. Bueno, tampoco se nos escapa que la muerte de Cobain favoreció el éxito y coadyuvó a la mitificación del estilo, por no decir del grupo, por no hablar de Nevermind, y, por último, por no mencionar la figura misma de Cobain, subido a los altares de inmediato y transfigurado en leyenda, en símbolo, en mito al fin y al cabo.

Truene por tanto ese emblema del grunge que es Nevermind de nuevo en nuestros oídos y en nuestros corazones, gire en el plato sin descanso, que la voz de Courtney nos vuelva a embargar el alma de pena y de rabia, retumben esas canciones amadas en nuestra hueca calavera, el “Smells”, el “Lithium”, el “Come as”, el “Drain”… y vivamos, bebamos, amemos por Cobain porque quizá lo demás no importa: Nevermind".

Ángel Carrasco Sotos

3 comentarios:

  1. siemrpe que aparece cobain me saltan los resortes, no pude en su dia con nirvana, y sigo sin poder, le reconozco su influencia pero no su mitomania, ufffff como me ha quedado. eso si, articulon my friend

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  2. Ese disco es enorme, digan lo que digan.

    No sé si los ultrafans serán muy pesados e irritantes, pero Nirvana nunca lo fueron.

    ¡Grande!

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  3. Soy de tu opinión. Nos cogió a trasmano, fura de lugar. En fin, uno tiene asentados unos gustos y luego le llega esto y lo entiende como algo bastardo, impuro, algo que se escapa a sus esquema de lo-que-entiendo-por-buena-música (vos me entendés).
    Un saludo.

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