sábado, 31 de marzo de 2012

Saxon - Call to arms: crítica del disco


El disco pasó a mi lista de los mejores de 2011. No defrauda en absoluto (más bien al contrario) este discazo de Saxon, a los que vimos el pasado año en La Cubierta como teloneros de los Judas. Un buen bolo el que se marcaron los de Byford por Leganés.


Lejos quedan ya aquellos clásicos tan sólidos como Wheels of Steal (1980), Strom Arm of the Law (1980), Denim and Leather (1981) o Crusader (1984), pero Saxon, impenitentes, contumaces, constantes y siempre en una línea ochentera mantenida, se sacaron de la manga el año 2009 (ayer como aquel que dice) un gran disco que vino a llamarse Into the Labyrinth que quemó el reproductor de mi coche. Llevaba tiempo sin escuchar un discazo tan redondo de los de Byford. Me recordó aquella época en que yo alucinaba escuchando “Wheels of Steal” o “Motorcicle man” o “747”… Es que eran para mí unos ídolos: los quería tanto como a mis colecciones de cromos y vitolas.

Biff Byford cumplió este enero pasado 61 tacazos (se dice pronto), pero verlo sobre el escenario, ¡aún, aún!, sigue siendo una pasada porque te transmite una energía juvenil que, en su caso, todavía corre por sus venas tan fresca como hace 30 años (no es frecuente; ¡qué buenas morcillas saldrían de aquí!). Y esto, perdonen, es un mérito que hay que saber reconocer. Así que, mientras esperamos para verlo en ese Epitaph World Tour de los Judas en su paso por España, a los que acompañarán (si las previsiones no se ven truncadas) a los de Halford junto a Motorhead, mientras esto llega, digo, damos las gracias a este grupo que sigue regalándonos un heavy metal de altura.

Sí, también en Call to arms comprobamos que Saxon están en plena forma y el disco no tardó en recibir los parabienes de la blogosfera metalera, casi de forma generalizada. No haré una detallada review del disco porque es cosa que aburre, pero me gustan los toques Sabbath en algunos de los temas, los toques Accept en otros, los Purple al menos en uno (y no entraré en detalles escabrosos, pero escuchen “When Doomsday Comes”), me gusta que el ritmo rocoso (trepidante a veces) siga siendo una de las señas de identidad del grupo, que la guitarra de Paul Quinn marque unos compases tan clásicos dentro de ese particular universo creado por Saxon, y que de ella se derramen punteos que suenan a música celestial (se sale en “Mists of Avalon”), que cuando toca balada esta cobre una elegante magnificencia de tonos épicos pero no grandilocuentes (“Call to arms” es la prueba, con protagonismo de los teclados mezclados en deliciosa promiscuidad con el resto de los instrumentos), que sigan componiendo temas que parecen himnos (con toques ACDC, como en esa pegadiza “Chasing the bullet”), que el álbum se cierre con esa versión orquestal del “Call to arms” más que digna, y que Biff, por último, siga conmoviéndome como aquel día en que compré una cinta de este grupo en una gasolinera en un viaje escolar y mi tierna y suave piel se llenase de pequeños granitos cuando la cinta pasó al reproductor; sonaba “Motorcicle man” y lo hacía como maná llovido del cielo. Pero me gusta sobre todo porque sigue sonando a Saxon, que es lo único que pido cuando compro un disco de esta banda emblemática del heavy metal de siempre. Y el bigotudo almirante te señala con su dedo para que pases por caja.



Ángel Carrasco Sotos

2 comentarios:

  1. sabes, para mi Saxon, son una de esas bandas, cuyos discos nunca me han defraudado, podran estar en mejor o peor forma, pero la honestidad la llevan por delante. Grande Biff, algun dia te contare alguna historia sobre el y sus peticiones para los conciertos

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  2. Ardo en deseos de conocer esas peticiones. Para mí Saxon fueron Dios.

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