domingo, 2 de abril de 2017

Crítica de "Cincuenta sombras más oscuras" (James Foley, 2017): Review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Ya se sabe lo que se dice de las segundas partes, pero cuando la primera parte es tan lastimosa que es complicado empeorarla, entonces ¿qué ocurre? Pues aquí se ve que se propusieron el reto de superarla en mediocridad. Si la primera no lograba levantársela a un adolescente que acaba de escribir una tesis sobre onanismo, aquí podemos hacer peligrar la industria del porno.




Sorprende que tras el desastre de la primera no se haya mejorado en nada. Es cierto que muchos de los defectos estructurales, de desarrollo de los personajes y demás vienen de base, pero también lo es que una vez se está en la labor de escritura de guión se puede intentar corregir o mejorar ciertos aspectos. La cosa es que aunque el guión lo firma Niall Leonard (anda que ya te vale, Niall), la buena de E. L. James mete mano en todo (es una pícara).




Los personajes siguen siendo estúpidos, entre ingenuos y tarados, los polvos de la primera no los han mejorado, sin arco dramático ni lógica alguna, llevando sus contradicciones al absurdo y lo hilarante, especialmente ella, Anastasia (Dakota Johnson): Me espanto por unos azotes que te pido, pero luego te los vuelvo a pedir; me enfado porque eres posesivo, pero luego te quiero cabalgar porque eres muy mono cuando me controlas; voy de icono feminista rebelde e independiente, pero siempre al amparo de tu dinero como mi novio multimillonario que eres; me ofendo muchísimo porque soy muy íntegra, pero tres minutos después te provoco lamiendo lascivamente unos cachivaches de la habitación roja… ¡Cómo para no volverse loco!




Si algo nos queda claro es que Anastasia es una arribista de primera, que se deja azotar y pellizcar los pezones con alicates siempre que su novio tenga unos buenos músculos de gimnasio y tantos millones como para comprar líneas aéreas diariamente y llevarla de paseo en su avión, porque con gordos y fofisanos la cosa no es igual, no es tan romántica…

A ella no le gustan los jueguecitos sado, pero se pasa media película pidiéndolos, hasta el punto de ponerse celosa por antiguas sumisas de su novio…

“No habrás usado tus alicates con esa, ¿eh?”




Ella es una chica joven, que en todo el vigor de su edad lo que quiere es experimentar y entregarse al noble arte del fornicio con fruición y frecuencia, que la chica se había reservado para el príncipe azul. 

Lo de él no lo tengo tan claro…
-Anastasia: Pues a mí me gustan los batidos de chocolate, Christian. ¡Soy tan virginal!
-Christian: Ahora que hablas de leche, a mÍ me gusta, vamos que me pone muy bruto, azotaros con látigos cuando os tengo atadas a la cama y daros calambres en los pezones… No sé como lo ves…
-Anastasia: Qué “diver”, ¿no?
-Christian: ¡A que sí! ¿Follamos?
-Anastasia: ¡Yujuuu!




Por su parte, Christian Grey se nos presenta como un brillante y joven empresario hecho a sí mismo, pero la mayor parte del tiempo se asemeja más a Tarzán en esto de las relaciones. Sólo le falta emitir el legendario grito del héroe selvático cada vez que lleva a Anastasia a la cama con sus lianas para amarrarla… Deberíamos aclarar a Grey, que las prácticas BDSM no tienen que ver con ningún trauma, ni porque tu papi te pegara de pequeño o tu madre fuera adicta al crack, hay gente normal, que no está perturbada ni va con un matasuegras por la calle, que las practica sin problema alguno y en sana armonía con sus parejas… Por informar.




Aquí el muchacho ve una llave inglesa, un martillo o un látigo y se pone a babear, se le nubla la vista y suda… Al menos le han dado un nuevo look al bueno de Jamie Dornan para darle un aspecto más informal y duro, con barba de dos días y prescindiendo de esos trajes en los que parecía sentirse tan incómodo la mayor parte del tiempo en el primer título de la trilogía.




Se supone que este muchacho lo que pretende es someterla, pero no hace más que arrastrarse tras la chica, que se supone está coladísima por él, pero lo maneja a su antojo. Anastasia cumple con Grey el gran sueño de muchas mujeres, que no es otro que domar, curar y cambiar al chico malo y perturbado.

La película pega guiños a “Pretty woman”, “Eyes wide shut” y hasta “9 semanas y media”, con la presencia de Kim Basinger, a la que las operaciones han dejado algo rara, como ese ojo que se le entrecierra cuando pone cara de malvada…

Sí, se quiere introducir aspectos de thriller o suspense en la narración con varios personajes supuestamente siniestros pero muy absurdos que aparecen en dos o tres escenas, que no se desarrollarán ni conoceremos nada de ellos, y que si se eliminaran la historia (por llamarla de alguna manera) no se resentiría en ningún aspecto.




De los polvos mejor no hablar. Anodinos, evidentes, manidos, soporíferos y rodados con el mismo montaje esteticista y hortera de los 80… Lo malo no es esto, sino que a mucha gente la película les ha entonado, constatación de que se folla mal en líneas generales. Muy mal.

Esas risitas espasmódicas en el cine al ver bajar unas bragas, intuir vello púbico o cuando un hielo pasa por un pezón… ¡Por el amor de Dios! ¿Qué leches hacen en las camas de medio mundo?




James Foley, que tiene algún título aceptable (Glengarry Glen Ross, 1992), va con el piloto automático, en una dirección perezosa, sin vigor ni pulso narrativo alguno, sumida en el puro convencionalismo. Por reseñar algo comentar el uso de los exteriores para momentos de sinceridad y confidencias de la pareja…

Pensaréis que es muy mala, y tenéis razón, pero yo la recomiendo encarecidamente, de hecho estoy deseando que llegue la tercera, porque me lo paso pipa escribiendo sobre ellas.

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