domingo, 2 de abril de 2017

"El arte de no tener amigos", de Noel Clarasó Daudí (1947): Citas curiosas



Una de mis lecturas del año pasado fue El arte de no tener amigos, del escritor Noel Clarasó Daudí, publicado en 1947 (¡agárrate!), un libro que me atrajo por su título, que vi mencionado de pasada en un blog literario que sigo. La lectura, sin duda interesante, tiene en todo caso momentos que despiertan una sonrisa junto a otros más bien pesados y sin gracia (pese a la intención del autor). No obstante, logré terminarlo, pese (además) a la letra abigarrada de la edición con la que me hice a través de esas páginas en las que se consigue casi todo (ventajas de la Interné). Y como siempre viajo por estas lecturas, sobre todo cuando se trata de ensayo, con un lápiz en la mano, os copio algunas cosillas que consideré subrayables y alabables del librito. ¿Que si aconsejo su lectura? Pues, hijos míos, ¡qué preguntas! ¡Qué sé yo de los gustos de cada uno! ¿O es que pensáis que soy adivino? A mí medio me gustó, pero ya os he dicho que desde luego no es "sublime sin interrupción"; no me hagáis repetir las cosas. La teoría la ejemplifica siempre con casos concretos (historietas más o menos inventadas con personajes ficticios) que unas veces nos gustarán más y las encontraremos de lo más salado y apropiado para confirmar un aserto, y otras nos gustarán muy poco o nada, por falta de gracia mayormente. Estos recortes que abajo os ofrezco os ayudarán también a sopesar el tono del libro y quizá sea su estilo el que os lleve a leerlo por entero o directamente os tire para atrás y desestiméis de un plumazo esa pasajera intención.



La mayoría de estas citas adquieren mayor peso y se entenderían de modo más adecuado en el contexto de donde se extraen. Pero es lo que tiene esto de las citas. El caso es que, una vez anotadas, nos servirán quizá por su contenido intrínseco. Y quién sabe si no nos sacarán de algún atolladero en el que nuestra conciencia o nuestra misma persona se metió sin querer. No menospreciéis nunca la bondad que atesora una cita, amigos. Os dejo con Clarasó (1899-1985), que sabía mucho del arte que uno ha de aplicar para no tener amigos. El sueño de muchos (ya nos lo decía Jorge Ilegal: "quiero ser millonario para olvidarme de los amigos"). En fin.

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De la Introducción:

"¿Es que todo el éxito se cifra en caer en gracia a nuestros semejantes para venderles un camión o un equipo eléctrico o para arrancarles un seguro de vida?"

["Existe en la literatura casi contemporánea española un antiguo marqués de leyenda feo, católico y sentimental, en cuyo blasón los siglos habían grabado esta cifra: despreciar a los otros y no amarse a sí mismo". Se trata de ese marqués de Bradomín del gran Valle-Inclán, claro].

"Ese es el truco de la mayoría de los estafadores profesionales: inspirar simpatía"].


Del capítulo Cómo se ha de leer este libro:

"Repítase usted continuamente: la popularidad es molesta, los tontos son felices, me basta con mis ingresos honradamente ganados; no necesito sacrificar mi naturaleza en honor a los otros para caerles en gracia y ser más popular, más feliz o más rico. Yo necesito un libro un libro que me enseñe a sobreponerme a la cobardía natural con que hasta ahora he aceptado el trato de la gente".

"Recuerde durante el día lo que ha leído por la mañana; repita los preceptos a sus amigos y recomiéndeles la lectura de este libro. Si le dicen: 'préstamelo', conteste: 'no, cómpralo'; mi ejemplar lo necesito para mí".

"Haga una lista de todos los amigos inútiles de que dispone, de los que no le proporcionan beneficios y solo le hacen perder tiempo. Señale con una cruz aquellos sobre los que ha obtenido victorias en la lucha para librarse de ellos. Tache los nombres de aquellos que a consecuencia de haber seguido usted los preceptos de este libro, le han abandonado. Sepa abandonar lo que le abandona".


Sobre la Antipatía personal

"Nada tan fácil de adquirir como la simpatía personal. Es un arte que se aprende en pocas lecciones y cuyo principal axioma consiste en sonreír, alabar a los otros las cualidades que no tienen, interesarse por ellos, tenerles un mucho, recordar sus palabras y citarlas y darles ocasión frecuente de satisfacer su deseo de sentirse importantes.
Pero el que sigue esta técnica de la simpatía recomendada en los libros, adquiere, a la larga, una tono afectado, amanerado, circunstancial y bobo que molesta de entrada a los seres vagamente inteligentes y que si es pertinaz, contumaz y se sostiene siempre al mismo nivel, acaba por hacerse insoportable".

"Más vale una sonrisa que tres años de Bachillerato".

"Muchos de los que han hecho enormes sacrificios para crear su simpatía personal, caen en desgracia, por ley de contraste, por una sola falta. Y muchos otros que no han reparado en mostrar al desnudo la negra antipatía de su naturaleza, conquistan la estima general por un solo momento feliz. Y estos últimos se han ahorrado mucho trabajo, han vivido a gusto, se han realizado a sí mismos, se han librado de las asiduidades de la amistad y han tenido tiempo para ponerse al corriente del movimiento literario de uno cualquiera de los siglos pasados.
No pretendo que os esforcéis en mostrar una antipatía contraria a vuestra naturaleza, pero os ruego que tengáis siempre presente este principio elemental:
EL HOMBRE QUE HA CULTIVADO SIEMPRE LA SIMPATÍA PERSONAL PUEDE CAER EN DESGRACIA POR UNA SOLA FALTA. PERO EL ANTIPÁTICO ADQUIERE BUENA REPUTACIÓN POR UN SOLO MOMENTO FELIZ"

ÁCS

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