domingo, 9 de abril de 2017

Crítica de "Promesas del Este" (David Cronenberg, 2007) y "Dead or Alive" (Takashi Miike, 1999)



by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)





Amiguitos, tengo que deciros que la primera de estas películas, Promesas del Este, me gustó mucho, más que nada por el trabajo del actor Viggo Mortensen, su protagonista, en el papel de chófer de una familia mafiosa rusa. No os puedo contar demasiado de ella, ya que la trama contiene algunos giros que no quiero desvelar a los que aún no la hayáis visto. Sin embargo –tampoco os puedo mentir- debo comentar que son bastante previsibles. La película, titulada Promesas del Este –dirigida por David Cronenberg- explica la historia de una familia de delincuentes rusos que, tras una fachada respetable, se dedican a los más execrables negocios. Una enfermera que busca la familia de una joven que ha muerto después de dar a luz –estupenda también Naomi Watts- pone la nota de inocencia en un escenario cargado de seres acostumbrados a vivir rodeados de violencia. Recomendable al máximo, piltrafillas.

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Dead or Alive es la primera de las películas de la trilogía de culto del director Takashi Miike. Debo deciros -para quien no la haya visto aún- que los primeros 8 minutos a ritmo de videoclip, en los que podemos ver sexo, violencia exacerbada, abuso de drogas -y de sopa de fideos chinos- no dan una idea correcta de lo que, a partir de ese instante, se ve en la película.

Es decir, tiene relación evidentemente, pero el ritmo endiablado del principio decrece hasta hacernos creer en algún momento que estamos viendo una película intimista, de aquellas que se centran en los sentimientos de los personajes. A grandes rasgos -porque es más compleja que lo que parece- estamos ante una historia de polis buenos luchando contra delincuentes malos, del bien contra el mal, la ética contra la corrupción...., en fin, todo eso. A mi me ha gustado. El tema me interesa y la factura del film es más que discreta. Pero, os aviso, es un poco lenta.

Por último -sin desvelaros nada- os diré que, si el principio es excitante y el desarrollo algo exasperante por la falta de acción, el final ya es digno de encomio. Yo creo que Miike se drogaba, porque de otra manera no se explica el último minuto de metraje. En fin, que prosigo con mi particular revisión de la cinematografía nipona contemporánea. Momentos a remarcar, el soplón hablando con el poli protagonista mientras inicia una sesión de fotos de zoofilia o el mafioso, ahogando a una pobre desdichada que ha sido violada por un montón de gángsters en una pequeña piscina hinchable llena de sus propias heces.

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