miércoles, 19 de abril de 2017

The Rolling Stones - Get yer ya-ya's out! (1970): Crítica review


por Alberto Iniesta (@A_Maqueda_8)
del blog Discos




“No tengo ninguna duda de que este es el mejor concierto de rock que se haya grabado jamás”, se puede leer en la crítica que hace Lester Bangs de este disco para Rolling Stone. Con monstruos como el Made In Japan, el Alchemy o el directo en el Fillmore East de los Allman Brothers todavía por salir (este directo de los Stones se publicó en septiembre del 70), quizá esa afirmación solamente admita un pero: el Live At Leeds de los Who ya llevaba unos meses en la calle arrasando con todo a su paso, y es justo reconocerlo como mejor disco que este. Aunque no por mucho, y eso habla muy bien de lo buenísimo que es este Get Yer Ya-Ya’s Out.




Fue la primera gira con Mick Taylor, con Brian Jones tristemente fallecido, y la última sin más músicos que ellos, es decir: Charlie Watts a las baquetas, la dupla de lujo a las seis cuerdas entre Keef y el mencionado Mick Taylor, el bajo de Bill Wymann y la eterna voz de Mick Jagger, reforzados por las teclas de lujo de Ian Stewart. Todo eso da lugar a un disco que merece más halagos de los que ha recibido. RnR!




Que Jumpin’ Jack Flash es el comienzo perfecto lo saben hasta los que presumen de rockeros sin haber escuchado el Exile On Main Street. Uno de tantos riffs de pura escuela Keith Richards, todos nos imaginamos haber nacido en ese huracán de fuego cruzado al cantar esta canción. Le sigue Carol con unas guitarras que harían ponerse en pie al mismísimo Chuck Berry, destacando el papel de Mick Taylor, que no parece tener 20 años ni mucho menos ser un recién llegado a una de las bandas más grandes de todos los tiempos. Love In Vain da una de las claves de por qué este disco es tan especial: transmite un sentimiento en esos solos que es puro blues que sale directamente desde el alma, y suena realmente espectacular sin ser un sonido artificial de esos retocados en el estudio. La jam que sale como resultado del Midnight Rambler es indescriptible, porque no hay adjetivos suficientes para definir esa eclosión que es puro rock and roll, en una de las mejores canciones que jamás haya parido ese dúo formado por Jagger y Richards.




Aunque si hablamos de jams y de rock and roll, imperdibles esos solos en Sympathy For The Devil, que abre la cara b de manera imperial. Radicalmente diferente a la versión de estudio, es sin duda uno de los mejores cambios de estudio a directo en la historia del rock and roll. Ian Stewart reclama protagonismo a base de una impecable labor en los teclados en Little Queenie. Sigue siendo impresionante la enorme facilidad con la que los Stones tocan temas de Chuck Berry como si fueran suyos propios. Absolutamente brillante. Los ejecutores guitarrazos de Honky Tonk Women revelan a un excesivamente correcto Mick Jagger, cerrando Street Fighting Man un disco esencial con ese estribillo que ya es inmortal: “qué puede hacer un chico pobre, sino unirse a una banda de rock”. Palabra de genios. Damas y caballeros, The Rolling Stones.

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