domingo, 30 de abril de 2017

Crítica de "Silencio" (Martin Scorsese, 2016): Review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC


Scorsese ha firmado otra joya más en su inconmensurable filmografía. Una joya que estaba destinada, seguramente, a la incomprensión, pero también a trascender a fuego lento.

Martin Scorsese, que vive una época de inspiración extraordinaria, ha firmado su Apocalypse now religiosa particular. Ahí es nada.

Como el cineasta total que es y que ha demostrado, el estilo nervioso que tanta fama le ha dado y que le ha convertido en uno de los dos o tres cineastas más influyentes del cine moderno, si no el que más, es aquí sustituido por un clasicismo formal pausado y depurado, al que ha recurrido también en muchas ocasiones, cuando sus temas lo pedían.



Este viaje a los infiernos del fanatismo y la intolerancia en la cruel y cruenta persecución japonesa a los cristianos en el siglo XVII, así como a los abismos de la fe, su introspección y verdadera esencia y sentido, irreductible en la intimidad, es retratado por Scorsese con una belleza formal y un ritmo lento que nos va introduciendo poco a poco en ese infierno a la vez que en el interior del Padre Rodrigues (un sensacional Andrew Garfield), como si de nuevo Joseph Conrad nos sirviera de guía.

Dos jesuitas, que como en la obra maestra de Coppola, se adentran en territorio hostil y enemigo, a la búsqueda de uno de los suyos, que parece haber caído en desgracia y renunciado a su fe, asumiendo los postulados de sus aniquiladores, abducido o integrado a la fuerza. Un rescate y una misión evangelizadora contra las matanzas de decenas de miles de cristianos en Japón.




Una búsqueda que poco a poco se va convirtiendo en un viaje al Hades, con esas silenciosas barcazas que rasgan la niebla en silencio, como guiadas por Caronte, hacia simulacros de civilización sostenidos por la tortura psicológica y las ejecuciones indiscriminadas, donde se pretenden pervertir y usar en contra de los cristianos sus propias ideas, donde los verdugos acusan a las víctimas de sus atrocidades…

La bella fotografía, de concepción romántica, donde estos héroes parecen luchar contra todo en soledad en la inmensidad de la naturaleza que los minimiza y envuelve, a menudo en niebla y lluvia, fue la única nominación de esta gigantesca obra, mientras “Figuras ocultas” (Theodore Melfi, 2016), “Fences” (Denzel Washington, 2016) o “Lion” (Garth Davis, 2016), entre otras, se disputaban los mejores premios… o “Moonlight” (Barry Jenkins, 2016) ganaba el de mejor film…




Una fotografía que se sublima en los planos generales, en los travellings parsimoniosos que nos recrean a la perfección los entornos, que fusiona forma y fondo, integrando lo que bulle en el interior los personajes con las distintas tonalidades.

Una dirección marcada por la sobriedad que no renuncia a ocasionales angulaciones, sus picados y contrapicados, siempre usados aquí funcionalmente, siguiendo las exigencias de la narración. Lo mismo ocurre con su gusto por la voz over, aquí, como la Santísima Trinidad, dividida en distintos personajes. Rodrigues, Ferreira al inicio, el cronista holandés…




Es precisamente la voz over la que marca el silencio que titula la película, ese silencio divino, ese silencio que finalmente hará que Rodrigues escuche a Dios.

Del mismo modo, encontramos muchísimos simbolismos, desde el uso del pescado a entornos como las orillas o las cuevas, vinculados a la tradición cristiana. También iremos viendo buena parte de los sacramentos a través de Rodrigues.

El miedo, la desconfianza, la delación, la clandestinidad, tienen lecturas extrapolables a infinidad de épocas y temas, de ideologías y totalitarismos. Logra además Scorsese, en su parsimonioso narrar, momentos de gran lirismo y honda emoción, profundamente conmovedores.




Rodrigues sigue casi paso a paso el periplo de Jesucristo, cruzándose con algunos Judas que lo delatan, con Pedros que niegan a Cristo tres veces, con su noche de tormento y pasión, con la exigencia de la renuncia a sus postulados y creencias, sus tentaciones en el desierto…

En cierta medida, “Silencio” es una confesión scorsesiana, de cineasta católico, cuestionado por la iglesia tras “La última tentación de Cristo” (1988), donde parece expiar ciertos pecados y afianzar una fe íntima.

Como en toda la obra de Scorsese, la necesidad de redención, la sed de perdón, el calvario, son temas que también aquí aparecen. Personajes que huyen de un infierno, privado o externo, solitarios que se enfrentan a una sociedad que los asfixia. La mítica del perdedor, el deseo y la imposibilidad de cumplirlo, la sangre... Muchos de esos temas tan scorsesianos se ven en “Silencio”, a veces matizados o desde puntos de vista particulares. Cuestiones teológicas se van sucediendo, llenas de dudas y temores, llenas de fe sincera, donde Rodrigues siempre sale victorioso en sus debates, más allá de sus miedos, donde sólo cederá desde el silencio y la palabra de Cristo, desde su lado más humano. Cuestiones llenas de enjundia en un viaje introspectivo. Una fe que tiene distintas naturalezas, donde la forjada en el dolor se alienta de distintas formas.




También tenemos reflexiones interesantes acerca de la globalización, de las influencias de los distintos pueblos, de la conveniencia o legitimidad de extrapolar tus ideas a otros, a otros lugares o pueblos, de la evolución que ha conllevado, de la libertad, en suma, y lo que ha supuesto para el progreso.

Andrew Garfield hace un trabajo excepcional, completando un doblete magistral, y muy cristiano, este año con “Hasta el último hombre” (Mel Gibson, 2016). Liam Neeson interpreta aquí a una especie de Coronel Kurtz religioso, un Jedi que habría caído en el lado oscuro. El resto del reparto cumple a la perfección.

“Silencio” es una nueva adaptación de la novela de Shusaku Endo, que ya tuvo un paso por el cine en 1971 con un film dirigido por Masahiro Shinoda, también titulado “Silencio”.

Sé que echará para atrás a muchos por sus casi tres horas de ritmo cadencioso, el tema religioso y demás historias, pero si te recuestas con tus comodidades favoritas y decides ver buen cine, la satisfacción será absoluta.

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