sábado, 15 de abril de 2017

El aspecto físico y el desaliño (de "El arte de no tener amigos")


Hace un par de semanas, comenzamos una serie dedicada al arte de no tener amigos, espigando interesantes citas del libro homónimo del escritor catalán Noel Clarasó Daudí. Con este segundo capítulo, continuamos entresacando citas destacadas que uno puede leer en este atractivo, por momentos, libro.


Del capítulo "El aspecto físico y el desaliño"

"Un hombre guapo no tiene en el rostro nada más ni nada menos que un hombre feo (y lo mismo da, en teoría, un hombre que una mujer, aunque en la práctica a todos nos guste más una mujer guapa). Con los mismos elementos, solo por pequeñas diferencias morfológicas y de distribución, unos rostros son agradables y otros no. La belleza del rostro humano no responde a normas determinadas y todos conocemos algunos rostros cuyos elementos escapan a toda norma, tanto morfológica como de distribución, pero que nos dan una rara sensación de belleza. Influye en ella poderosamente la expresión, o sea, el conjunto de cualidades del alma que se transparentan en el rostro.
(sigue con interesantes notas sobre lo que se acaba de exponer)

[...]

La antipatía natural del rostro evita muchas molestias y establece una barrera, a veces infranqueable, entre el dueño del rostro y sus semejantes que no siempre se le asemejan. El que ha nacido con este don natural tiene mucho de ganado para dedicarse a cumplir su obra en el silencio y en el aislamiento. Voltaire, Kant, Stendhal y otros muchos no habrían dejado un nombre en la historia si no hubiesn contado con un rostro naturalmente feo. Es bueno empezar por aquí; pero no todos los hombres han sido igualmente desfavorecidos por la naturaleza.

[...]

Está admitido que un hombre se presente en sociedad con sus ojos, sus labios, sus orejas y alguna vez con su nariz naturales. Pero no está admitido que se presente con su cabello natural. La razón es esta: el cabello crece un centímetro y medio por mes; la nariz y las orejas, no. Ignoramos cómo sería de largo el pelo de un hombre qu no se lo hubiera cortado nunca, pero la nariz sería la misma.

[...]

Si se quiere llegar a resultados concretos y rápidos, el desaliño no debe limitarse al pelo. Se ha de extender al vestido. Los sabios lo saben y visten con descuido solo para que les dejen en paz. Un verdadero sabio no se quita el traje ni para dormir y solo se lo cambia por temporadas. ¿Qué le importa a un sabio la opinión o la amistad del prójimo, si todo lo que le aparta de sus libros es un mal que le hacen?

[...]

Sí, un pintor tiene derecho a ir vestido de cualquier manera. Solo los vagabundos, los poetas y a veces los músicos comparten con él ese privilegio. Son seres que tienen una gran vida interior, se bastan a sí mismos y no necesitan para nada a los demás. No admiten que otros los escojan por amigos. No se rebajan".

ZR

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