jueves, 13 de abril de 2017

Crítica de "Gran Hotel" (Edmund Goulding, 1932): Film review


por Möbius el Crononauta



Os voy a contar la historia desde el principio y con todo lujo de detalles. Una excamarera que había trabajado en hoteles de lujo berlineses irrumpió en la escena literaria alemana con su obra Grand Hotel. En 1929 Vicki Baum lograba un gran éxito de ventas con una descripción de los sucesos y personajes que se pueden encontrar en un establecimiento de tales características. Al otro lado del Atlántico, un joven flacucho y enfermizo puso sus ojos en dicha obra incluso antes de que fuera traducida al inglés.



En los estudios MGM el joven productor Irving Thalberg, creador infalible de éxitos tanto para crítica como para el público, buscaba un nuevo proyecto. A través de una sinopsis Thalberg dio con lo que buscaba, pero había un problema: un pequeño empresario de Broadway se había hecho con los derechos de la novela. Pero aquel empresario buscaba inversores para su obra, y Thalberg aprovechó su oportunidad: le dio 15.000 dólares para hacer la obra, y pagó otros 20 mil por los derechos cinematográficos. Y de paso contaba ya con una adaptación de la novela que a la postre tendría un gran éxito en los teatros de todo el país.

Después de pulir el guión, el productor se puso manos a la obra. Lo primero era poner un rostro al personaje principal de la obra, la bailarina Grusinskaya. Inmediatamente Thalberg pensó en la estrella más rutilante de su tiempo, Greta Garbo. En un principio, la actriz sueca rechazó el papel, pues creía que con 27 años era demasiado mayor para el papel. Pero finalmente el productor la convenció, y "La Divina" sería la bailarina venida a menos. Con la aprobación de la Garbo, Thalberg puso tras las cámaras a Edmund Goulding, con fama de ser un buen director de actores.




Y es que era lo que se necesitaba, pues Thalberg tenía en mente una idea muy extraña para su tiempo: reunir a cinco de las más importantes estrellas de Hollywood en una sola película. Tan extraña era que el productor tuvo que convencer al todopoderoso Louis B. Meyer de que era una buena idea.

Grand Hotel tendría pues a cinco grandes personajes interactuando entre sí, cada uno con sus propios problemas e intereses. Aparte de la citada bailarina, tenemos a un aristócrata arruinado reconvertido en ladrón, a un magnate ansioso por ultimar una fusión, una pobre taquígrafa a las órdenes de éste y un empleadillo de dicho magnate al que le queda poco tiempo de vida y decide gastarse sus ahorros viviendo a lo grande sus últimos días.




Para el papel de galán masculino, el barón Von Geigern, Garbo quería a John Gilbert, con quien ya había trabajado en el pasado, y con quien había tenido algún corto romance. Pero Gilbert tenía cada vez más problemas con la bebida y su carrera iba cuesta abajo, por lo que Thalberg le propuso que cambiara de idea. A quien no cambiaron fue al operador de cámara habitual de la Garbo, William Daniels.

Buscando al galán y al hombre enfermo, Thalberg pensó en Buster Keaton para éste último personaje, pero Meyer vetó su propuesta. Fue en otra producción de Thalberg, Arsene Lupin, donde el productor dio con su galán: John Barrymore (abuelo de Drew). Barrymore aceptó con la condición de que su hermano Lionel participara también en la película. Thalberg aceptó, pero hizo a John firmar un contrato de tres películas con la MGM. Lionel Barrymore sería el enfermo terminal Kringelein, y John Barrymore (conocido como "El gran perfil", si veis la película sabréis por qué) el barón Von Geigern.




El reparto se completó con Wallace Beery como el empresario Preysing. Beery en un principio rechazó el papel, pero Thalberg le convenció asegurándole que sería el único personaje que hablaría con acento alemán. El reto sedujo al actor y aceptó la oferta.

Para el papel de la sensual taquígrafa Flaemmchen la decisión no pudo ser más acertada; Thalberg fichó a otra gran estrella femenina de la MGM, la actriz de gran talento y belleza de tigre Joan Crawford. Para evitar choques de egos, se evitó que los personajes de Garbo y Crawford coincidieran en escena alguna. Además, se dispuso que Crawford rodara por las mañanas mientras Garbo lo haría por las tardes. Un pequeño papel quedaría para Lewis Stone, antiguo galán del cine mudo.




Tras salvar algunas reticencias, Barrymore y Garbo se llevaron muy bien en el rodaje, hasta tal punto que Barrymore junto a la actriz Noll Gurney organizó posteriormente el funeral de John Gilbert para satisfacción de la Garbo. Lionel y Beery iba a la suya, y Crawford, típico en ella, estaba preocupada por destacar de alguna forma. Cierto día Crawford fingió una enfermedad para rodar por la tarde y coincidir con Garbo. Lo que podía haber sido un desastre se quedó en un breve saludo. Incluso toda una Joan Crawford finalmente se intimidó ante la presencia de "la Divina", pero la Garbo fue amable con ella y le preguntó como le iba. Toda una rareza en el psicótico historial de la Crawford (famosa fue su eterna batalla con Bette Davies).




Bien, con semejante reparto y una buena historia detrás, nada podía fallar, y nada falló. Grand Hotel es una máquina de relojería dónde todo encaja, el ritmo es tan perfecto como el de un motor bien engrasado, y los personajes entran y salen de una forma totalmente natural. La Garbo brilla, una vez más, con luz propia, y con su profunda voz cautiva al espectador, dejando una frase para la historia, I want to be alone. John Barrymore, aunque en un principio pudiera ya parecer demasiado mayor para el papel, cumple perfectamente siendo capaz de ser romántico y duro a la vez. Su hermano Lionel nos hace reír y llorar a un tiempo, mientras el bruto Beery intimida con su presencia. Por último, Joan Crawford, maravillosamente sexy, nos recuerda que fue también una gran actriz.

Grand Hotel fue sin duda uno de los mejores trabajos de Thalberg y uno de tantos clásicos surgidos de la factoría MGM. Imprescindible.

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