jueves, 21 de abril de 2016

Crítica de "Me enamoré de una bruja" (Richard Quine, 1958): film review


por Möbius el Crononauta



Estaréis conmigo. Seguramente cualquier aficionado al cine guarda cariño a una o varias películas que no son necesariamente grandes obras maestras, pelis de culto o clásicos de la serie B. También hay otros casos en que una película mediocre nos gusta por un actor, o por el director, o porque ese día hemos realizado experimentos con LSD. Así que hoy toca hablar de Me enamoré de una bruja, una pequeña comedia romántica que no cambiará la vida de nadie, pero que aunque sólo sea porque sirvió para inspirar algunos personajes de la serie Embrujada ya merece que se hable de ella.




Para empezar, un par de nombres que ya hacen la cosa interesante: el inigualable Jack Lemmon ejerciendo de simpático secundario, y la sexy Kim Novak jugueteando con su hipnótica mirada. Bueno, es un buen comienzo, diréis. Pues sí, el problema es que el guion no es precisamente el de Historias de Filadelfia. Entonces, ¿qué es lo que salva a esta bruja de la quema? Pues, claro que sí, un actor de la talla de James Stewart. Si no fuera por él seguramente no estaría hablando de este film. Pero es que hay veces en que la grandeza de un intérprete se mide en los trabajos que no están a su altura, pero que sin embargo logra levantar por encima de la media con su mera presencia y su saber hacer. Una vez más, me descubro la cabeza ante el trabajo de este señor.




Así pues, ¿es Me enamoré de una bruja una mala película? Pues no, de hecho cualquier comedia romántica actual palidece a su lado, pero tampoco es un film especialmente grandioso. Aunque no sólo de clásicos vive el hombre (y la mujer). Cualquier fan de Stewart o los seguidores o seguidoras acérrimos de las comedias románticas seguro que disfrutan con la película.




Kim Novak y James Stewart se volvieron a reunir en esta película justo después de haber rodado el clásico de Hitchcock Vértigo (De entre los muertos). Y viendo el resultado, creo que Stewart, su agente, o quien fuera, decidió sabiamente que el actor ya no estaba para esos trotes románticos. Así que en su siguiente proyecto se puso a las órdenes de Otto Preminger y rodó nada más y nada menos que Anatomía de un asesinato. ¡A eso le llamo yo dejar las cosas claras!

Möbius el Crononauta

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