domingo, 10 de abril de 2016

Crítica de Deadpool (Tim Miller, 2016): Film review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Talento, transgresión y una campaña publicitaria magnífica han hecho de “Deadpool” uno de los grandes pelotazos del año, tanto para críticos como para público, convirtiéndose, muy posiblemente, en cinta de culto.

En realidad, “Deadpool” es lo mismo de siempre, lo que cambia es el tono. Una historia de venganza donde el bueno hace lo que debe contra los malos, aunque no por intereses idealistas o morales, sino por puro egoísmo, orgullo y sed vengativa, que es donde radica una de sus novedades. La historia es básica y sencilla, se apuesta casi todo a ese tono macarra, desenfadado y transgresor como originalidad. Hay superpoderes, villanos y aliados…




No tenemos un superhéroe intachable, de moral incorruptible o que sufre denodadamente por las injusticias de la vida y sus dudas existenciales y vitales acerca de lo que es más adecuado hacer. No. Tenemos a un macarra de verborrea incontenible, maleducado, vulgar, amoral y con pocos escrúpulos. Este es nuestro héroe, para regocijo de los más jóvenes sedientos de un nuevo referente que se salga del tópico.

A “Deadpool” le vemos follar con vicio, decir tacos, matar sin escrúpulos y con sádica violencia, despreciar a todo el mundo y con un código moral inexistente. Todo muy underground, al menos en apariencia. Un héroe sádico y sin escrúpulos, algo coherente con su pasado, pero sólo con los malos.




Con todo, Wade, o sea, “Deadpool”, es un hombre de fe que se agarra a un plan desesperado para poder alargar la vida con su chica, su única motivación.

“Deadpool” pretende ser la pura irreverencia, huir del convencionalismo, algo que no es complicado ya que los tópicos del género están muy definidos, pero que logra (otras veces no) hacerlo con desparpajo.

Ya en los títulos de crédito, estupendos, se nos marca el tono de lo que veremos: ironía autoconsciente, violencia, humor y acción. Las escenas de acción son buenas, con sus excesos flipados y demás, pero se disfrutan no ya por el espectáculo, sino por la constante búsqueda del humor en ellas también. No se escatima en gore ni en sangre (la broma con “127 horas” es estupenda).




Un montaje poliédrico funciona como recurso narrativo para lograr esa fusión que es la columna vertebral de la propuesta: Acción, violencia, transgresión y humor.

Uno de sus aciertos es ese humor, que no siempre funciona, pero cuando lo hace es un verdadero triunfo. Todo suelen ser bromas sexuales o frikis, que siempre nos divierten más, especialmente al público potencial de la cinta.

Es cierto que “Deadpool” llega a hacerse pesado, (entendemos al villano cuando le pide que se calle), y que cansa en ocasiones en esa desenfrenada y desesperada búsqueda del chiste continuo, pero en sus momentos de éxito e inspiración es tremendamente divertido. Debo destacar las hilarantes escenas con el taxista.




Donde ha terminado por rendir a los fans es en su función de homenaje al mundo friki, con bromas y chascarrillos que sólo captan los avezados y expertos en este universo y el mundo del cómic. “Deadpool” no deja títere con cabeza. Diálogos irregulares, más o menos inspirados, pero que dejan momentos realmente tronchantes. Las bromas metacinematográficas han entusiasmado a todos los fans. Se mete con productoras, con el mundo de los superhéroes, con actores, con el mundo del famoseo, con producciones Marvel… Se mete hasta con él mismo, en una labor autoparódica de Ryan Reynolds francamente impagable, que le hace parecer menos panoli de lo habitual. Sus bromas sobre “Linterna Verde”, que él mismo interpretó, o su labor como actor, son un verdadero regalo.

Es fácil recordar otros títulos y superhéroes, más allá de los que nos citan en la película, por ejemplo “Darkman”. Hasta hay un momento donde parece “El Caballero Negro” de los Monty Python, incluso.




Todo ello pretende un colegueo continuo con el espectador, su complicidad en esta pretendida ruptura con el tópico, escenificado en el recurso de puesta en escena donde Reynolds habla directamente a cámara, rompiendo la cuarta pared.

Predomina la estética sucia y poco glamurosa, pero decorada con grandes efectos especiales, para que no se diga que todo es underground, a los que se saca lustre en las escenas de acción, donde se vuelve a mezclar el humor entre disparos y peleas.

El irónico momento moralista en el clímax resulta previsible, porque al fin y al cabo, como dije, es lo mismo con otra ropa, pero su tono frívolo y amoral resulta satisfactorio. La banda sonora es tan interesante como divertida en su uso.




Es un superhéroe difícil de integrar en el universo Marvel si se pretende unirle a uno de sus grupos y respetar su esencia.

“Deadpool”, que promete volver con nuevos episodios, ha resultado un éxito artístico, alcanzando y superando expectativas y ambiciones. Un verso libre en el mundo Marvel que resulta un evidente soplo de aire fresco. Muy bien.

Ahora queda comprobar cómo va a cumplir “El Escuadrón Suicida” de DC Comics.

Jorge García (del blog CINEMANÍA)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada