jueves, 14 de abril de 2016

Diario de un asesino a sueldo (Roy London, 1991): Film review


por Möbius el Crononauta




No hay ninguna esperanza. Tienes una casa que se está cayendo a pedazos, tienes un marido que quiere verte muerta, y tienes una hermana que se está follando al marido que quiere verte muerta. No tengas esperanza, Jain. Te mataré.




El último golpe, el último encargo, el último trabajo... tradicionalmente, Hollywood se lo ha puesto difícil a los criminales que desean retirarse y llevar una vida tranquila disfrutando de los ahorros conseguidos tras largos años de robos y asesinatos. El último encargo, inevitablemente, va a suponer un reto difícil, casi imposible, una prueba final que superar. Parece como si el ladrón o el asesino debiera pasar una purga para obtener, sino el perdón, el olvido del mundo. El desenlace puede ser de lo más variable, aunque en ocasiones el criminal puede obtener el ansiado retiro. Y es que en muchos casos esos particulares asalariados podrán robar o asesinar, pero suelen tener un propio código ético (casi deontológico, me atrevería a afirmar) de lo más peculiar. Tras sus villanías se esconde a veces un honor distorsionado que puede llegar a darles un billete a esa isla perdida donde el criminal quiere pasar sus últimos años. Todo irá bien, siempre que no aparezca Jack Lemmon en el último momento para aguarle la fiesta.




Forest Whitaker es Dekker, un asesino a sueldo que cada vez tiene más problemas de visión, y que busca un último encargo para ganar bastante dinero para retirarse. Agobiado por el seguimiento al que le somete un policía (James Belushi), finalmente consigue, a través de su contacto, un trabajo muy bien pagado. Un marido celoso y algo psicótico quiere que acabe con su mujer, y de paso, con su bebé de pocos meses, que según él no es hijo suyo. Un dubitativo Dekker finalmente aceptará el encargo.

Suele haber dos tipos de asesino a sueldo en Hollywood: el frío e impacable que por dinero acabará con cualquier bicho viviente, y el profesional de paradójica dualidad, capaz de asesinar a cualquier sin pestañear pero que será capaz de poner su vida en peligro por defender una injusticia, o se indignará si le piden que acabe con un niño, o saldrá en defensa de una mujer como si de un caballero andante se tratase. El asesino Dekker es de estos últimos.




Desesperado y necesitado de dinero, y habiendo aceptado el trabajo, Dekker se dirigirá a la casa de su víctima, la dulce y errática Jain (Sherilynn Fenn), y entrará en su desordenado hogar haciéndose pasar por un técnico de televisión. Casi con el dedo en el gatillo, llegará a la casa la díscola hermana de Jain (una Sharon Stone a punto de saltar a la fama con Instinto Básico). Una vez se hayan librado de ella, las cosas no mejorarán para Dekker.

Jain suplicará por su vida, y utilizará todas sus armas (en este caso, recurre sobretodo a su belleza) para convencer a Dekker de que la deje viva. El debate de sentimientos en el asesino es más que perceptible, y durante un momento Jain se cree a salvo. Dekker la sacará de su error pronto, pero, mientras más tiempo pasa en esa casa, más se acerca a Jain. Comienza así un acercamiento de Dekker a la mujer cuya vida es un desastre. Ambos se explorarán mutuamente, en una curiosa relación de una noche que no saben a dónde les llevará. Pero poco a poco se da cuenta de que ser un asesino a sueldo puede llegar a ser algo de lo más personal. ¿Sólo negocios? Tal vez no siempre sea así. Lo interesante es que uno no llega a estar convencido del todo de si Dekker seguirá adelante con su encargo o no. Para saberlo, ¡ya sabéis qué hacer!




Lo cierto es que me encantan esas películas que tratan sobre asesinos y ladrones que desean retirarse, y Diario de un asesino a sueldo tal vez no sea la mejor de ellas, pero tiene un guión interesante, y cuenta con el interés de ver a Forest Whitaker en plena acción, y una Sharon Stone a caballo entre sus personajes de Casino y Las diabólicas, aunque su aparición es breve. Y Sherilynn Fenn quizás no sea tan buena actriz, pero tiene una belleza que siempre me ha parecido sugerente. Lo cierto es que el film habría merecido una mejor dirección; la falta de pericia del director resulta un gran lastre para la historia. Por ejemplo, y por llevarlo a un plano cercano, un Jim Jarmusch habría conseguido algo mucho más brillante, como hizo en Ghost Dog, que también tenía a Whitaker interpretando a un asesinado a sueldo. Ambos films tienen algunos puntos en común, pero es evidente que la cinta de Jarmusch es bastante superior. Aunque, por otro lado, Forest Whitaker, auténtico hitman cinematográfico, está igual de brillante en ambas películas. Y es que es un profesional, un Luca Brasi de la interpretación. ¿No creen?

Möbius el Crononauta

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada