domingo, 24 de abril de 2016

Crítica de "Rebobine, por favor" (Michel Gondry, 2008): film review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC

Me encanta esta película del particular Michel Gondry, con su entrañable humor extraterrestre y ocurrencias cinéfilas que mantiene todas las constantes que llamaron la atención del director francés.

La carrera de Gondry iba camino de grandes cosas, una voz realmente interesante que parece algo estancada en los últimos años. ¡Olvídate de mí! (2004), su mejor película, La ciencia del sueño (2006) y esta que nos ocupa forman una buena trilogía que sienta las bases temáticas de Gondry y prometía más historias originales e ideas novedosas, pero el director parece vagar ahora en cierto conformismo y en reformulaciones más o menos rutinarias de su universo.




El cine de Gondry es, casi siempre, una declaración de amor a lo artesanal, a lo manual, a lo real de la ficción, a la ficción y la fantasía como vehículo de verdad. En el caso de Rebobine, por favor, además de todo eso y dentro de su humor surrealista y delirante, tenemos un sentido homenaje al cine, al cine como vocación, como pasión, como arte.

En Rebobine, por favor Gondry nos cuenta la historia de dos amigos aficionados al cine. Uno de ellos (Mos Def), se queda encargado del videoclub que dirige el señor Fletcher (Danny Glover), que va a cumplir con una tradición. El otro (Jack Black), Jerry, al intentar sabotear una planta eléctrica queda magnetizado, lo que provocará el borrado de todas las películas del videoclub. Ambos se las tendrán que ingeniar para sustituirlas.




Para Gondry, independientemente de su calidad y de los medios con los que se cuente, de su éxito o su repercusión, todo acto de creación es arte, incluido las desastradas “suecadas” que realizan en tiempo récord nuestros protagonistas.

El amor por lo tradicional, por los oficios clásicos (incluido el de cineasta), por la dedicación y el conocimiento, que subyace y procede de la pasión y amor por algo, son temas claves en la película, y que funcionan en contraste con la modernidad funcionarial, que desgraciadamente amenaza con eliminar todo aquello. Un conflicto entre tradición crepuscular y modernidad representado en el duelo entre el videoclub de VHS de los protagonistas y los modernos, pero fríos y sin conocimiento alguno en sus responsables, de DVDs.




El cine de Gondry siempre cuestiona la realidad y su naturaleza, un concepto vacuo y sin sentido que se diluye en infinitas caras. Un concepto inexistente del que Gondry gusta exponer su falta de contenido con historias donde la imaginación, los sueños, los recuerdos o la ficción son tan “reales” como la vida misma, tienen total influencia y trascendencia, es más, son básicas en la vida y definen a la persona, a sus personajes. Los recuerdos lo eran en ¡Olvídate de mí!, los sueños en La ciencia del sueño… Aquí vuelve a ser la idea vertebral, con la ficción redimiendo e ilusionando a todo un barrio.

El rodaje de las “suecadas” es hilarante y deja momentos impagables. Disfrutaremos de las peculiares versiones de “Los cazafantasmas” (Ivan Reitman, 1984), “Robocop” (Paul Verhoeven, 1987), “El rey león” (Rob Minkoff, Roger Allers, 1994), "Paseando a Miss Daisy” (Bruce Beresford, 1989), “2001: Una odisea del espacio” (Stanley Kubrick, 1968), “King Kong” (Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack, 1933) , “Carrie” (Brian De Palma, 1976), “Men in black” (Barry Sonnenfeld, 1997) e infinidad de títulos más que son homenajeados en esta película rebosante de originalidad.




Los personajes son tan entrañables como surrealistas, y es difícil no cogerles cariño, incluso a Jack Black. Relaciones y descripción de personaje donde el humor siempre está presente. Los diálogos son estupendos, ingenuos, ingeniosos, lúcidos y muy simpáticos. Personajes sin prepotencia alguna, llenos de humildad, sin ínfulas.

Una narración en apariencia alocada y algo descerebrada que poco a poco va cobrando todo el sentido en perfecta coherencia con lo que se cuenta y con el tono en que se cuenta. Al final Gondry logra una mezcla donde lo entrañable, lo surrealista, la nostalgia, la emotividad, el amor al cine… se dan la mano con un profundo romanticismo.




Hay mucho del “Ed Wood” (1994) de Tim Burton, donde lo cutre o desastrado comparten lugar con la pasión desenfrenada por el cine y el arte de contar historias. Del mismo modo, el final remite claramente a “Cinema Paradiso” (Giuseppe Tornatore, 1988).

Gondry siempre procura dotar de naturalidad a su puesta en escena, aun bañada en decorados surrealistas u oníricos de carácter artesanal, lo que da frescura a sus títulos más inspirados, así como de una entrañable sinceridad cotidiana.

Todo el reparto está perfecto, donde debo añadir a los citados los nombres de Mia Farrow o Sigourney Weaver, que también aparecen.

Una cinta pequeña, llena de ingenio, con un humor muy particular, pero que si entras en él merece mucho la pena.

Jorge García, del blog CINEMELODIC

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