domingo, 3 de enero de 2016

Crítica de la película "Marte" (Ridley Scott, 2015): Film review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Ridley Scott es un director cerebral y en “Marte”, sin renunciar a la emoción en ningún momento, ha ejecutado una oda a la inteligencia, así como a la ciencia y la fe, para reivindicarlos como vehículos primordiales del progreso.

Todos los personajes de la película son realmente inteligentes y listos, lo que redunda en la propia película, evidentemente.


Como en tantos y tantos relatos, tenemos una historia que nos remite a la “Odisea” homérica, pero en el espacio, en una película con muchos puntos en común con “Gravity” (2013), la obra maestra de Alfonso Cuarón, aunque sin llegar a su nivel.




“Marte” es una excelente película, muy bien narrada, pero es justo lo que esperas que sea, lo que promete, por ello tiene muchos aspectos que parecen ya vistos, pero ejecutados y facturados con calidad e inmenso talento.

Hay mucho de Scott en “Marte”, muchas de sus ideas habituales, estructurales sobre todo, y que nos remiten a otras obras anteriores del director, que si bien no es un gran autor, sí mantiene unas constantes narrativas y unos elementos reconocibles.

La idea de exploración, inicio de la película, nos lleva a “Alien, el octavo pasajero” (1979); del mismo modo que la idea de rescate nos llevaría a “Black Hawk derribado” (2001). La estructura de viaje ha vertebrado el cine de Ridley Scott, una estructura que aparece en buena parte de su filmografía. Asimismo, el duelo de contrarios aquí es más difuso, pero sí está presente: el duelo del hombre contra un planeta inhóspito y amenazante. Un duelo también entre el intelecto y la naturaleza.




Además, hay varios aspectos que nos recuerdan a “Prometheus” (2012): una escena de operación y, estéticamente, los trajes de los astronautas, especialmente en la escena inicial, que resulta excelente.

Tanto en esa escena inicial como durante toda la película, Scott se muestra hábil, complicando y extremando las dificultades para el héroe y que éste vaya superando las pruebas para nuestro goce. Acumulación de peripecias y suspenses.

Resuelve muy bien determinados aspectos narrativos. Por ejemplo, la voz over, que lejos de ser un artificio se justifica con las comunicaciones a cámara y grabaciones. Con todo, hubiera preferido un mayor riesgo narrativo y haberlo hecho todo más visual, pero esa continua verborrea en el personaje de Damon es plenamente coherente con el carácter positivo de éste.




Los sensacionales planos generales sobre Marte consiguen que la película sea y parezca grande, que adquiera tintes épicos gracias a esos oxigenados encuadres.

Las rupturas en la linealidad narrativa también son eficaces para dar dinamismo a lo contado. Me explico con un ejemplo: Personajes que deducen o descubren algo pero no se nos muestra qué, logrando un suspense que se irá explicando o resolviendo con el paso de los minutos.

Una expedición que recoge muestras y hace investigaciones en Marte, se ve obligada a huir de allí al ser víctima de una brutal tormenta, pero uno de ellos no logra subir a la nave. Aunque se le creía muerto, Mark Watney (Matt Damon), sobrevivirá contra todo pronóstico y emprenderá una lucha por la supervivencia, intentando subsistir varios años en un planeta donde no crece nada, hasta que lleguen a rescatarlo.




De intenso inicio, la espiral de emociones no se resentirá en ningún momento, aunque Scott no recurre a gratuitas escenas de acción para aligerar la narración o dar dinamismo, confiando plenamente en el material que tiene. No hay ni una escena de acción gratuita ni exagerada o estirada, siendo el clímax la secuencia reina en este sentido (la inicial también es espectacular en menor medida). Un clímax estupendo.

El personaje que crea un magnífico Matt Damon es sensacional. La pura determinación. Su sentido del humor constante, su positividad, su miedo, del que se sobrepone constantemente, su simpatía… definen un personaje muy humano, pero sobre todo creíble psicológicamente para lograr lo que conseguirá en esa epopeya.

“No voy a morir aquí”.

Mark (Matt Damon) adquiere rasgos de deidad, creando vida de la nada, aspecto que también entronca en cierto sentido con “Prometheus”, donde el carácter divino tendría explicación científica, en cierto sentido. Esto queda simbolizado en un pequeño brote verde que veremos dos veces durante la narración. Ese brote es como él. Creará vida, comida y agua.

La música también será un concepto que define la humanidad. Música Disco que el personaje aborrece pero a la vez necesita.

“Estoy convencido de que acabaré muriendo aquí… como tenga que seguir escuchando esa horrorosa música disco”.




La narración de Scott es perfecta y muy precisa, filtrando la vida cotidiana en pequeños y escuetos detalles entre las labores de supervivencia de nuestro héroe y los trabajos desde la NASA para acometer su rescate. Hay algo de “El show de Truman” (Peter Weir, 1998) en esa NASA que vela los sueños de Mark.

Hay elementos francamente conseguidos y emotivos. Esa forma de introducir la fe y la religión (que no son lo mismo), en la narración con determinados elementos, es un hallazgo brillante de guión: Esa cruz de madera con un Cristo que será básica en la creación de fuego, única forma de conseguir agua, un detalle simbólico.

Igualmente, la manera indirecta en que los compañeros de expedición de Mark ayudan a nuestro protagonista con los objetos que dejaron en Marte (aparte de otras ayudas directas), y que acaba siendo básica en la supervivencia de éste.

Una estupenda película que posiblemente tenga muchas nominaciones este año, siendo una apuesta segura de cine de calidad.

Jorge García

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