sábado, 2 de enero de 2016

El rock no ha muerto, son los padres



De un tiempo a esta parte nuestro colaborador y crítico musical Don Críspulo nos viene lanzando dardos que a fuer de certeros nos provocan un temblor de piernas (y del alma) a los que seguimos bebiendo rock. Al hilo de la muerte de Lemmy, Don Críspulo nos pilla de nuevo desprevenidos: acechando como estaba tras un matorral en el que andaba emboscado, nos ha saltado directo a la yugular. Su artículo nos clavaba sus colmillos poniendo de manifiesto esas verdades que nos gusta escuchar a los aliados del rock para revelarnos de inmediato contra ellas porque nos hemos sentido atacados por la espalda. Un artículo necesario no solo porque nos ilumina y revela certezas como puños, sino porque nos ayuda a hacernos fuertes tras nuestra barricada, en la cerrilidad si queréis de ese amor por el rock que profesamos. Así somos, y luchar contra uno mismo es de idiotas.

Su artículo está tan cimentado en razones poderosas que se desmorona por sí mismo ante tanto romántico en el club del rock. Yo le decía: si quizá tengas razón, que el rock está muerto, o moribundo, que seguimos alabando a los antiguos mitos, que recorremos los escenarios por donde hacen pasear sus huesos para crear currículum, para decir que hemos visto con esta 12 veces a Iron Maiden o, por el contrario, que por fin hemos visto en directo a Kiss, porque las otras veces se nos escaparon por la tangente. Entonces acudimos, vibramos un poquito acompañando esos viejos temas con nuestra voz y al llegar a casa hacemos la cruz en el cuadradito correspondiente. Bueno, uno menos. Me he dejado 80 euracos, pero ahí está la entrada, en la cajita de nuestra colección. Pero es más, llevamos a nuestros hijos, que han sido educados no solo por sus padres, sino por una industria que sigue sacándoles el estambre a los viejos iconos del rock.

Pero, le decía yo, ¿qué hacemos con la nostalgia? ¿Le pegamos una patada en los huevos y comenzamos a escuchar música indie pop asistinendo a cosas como el Primavera Sound? Imposible, absurdo, distópico. Lo que no tiene buena pinta, eso sí, es el hecho de que los nuevos grupos se las vean y deseen para hacerse un hueco entre la maraña de grupos ochenteros ¡o setenteros! que son los que llenan de veras los estadios y encabezan con sus nombres eternos los macrofestivales. Ante la falta (¿por imposibilidad?) de renovación en el rock (las nuevas tendencias en el metal son seguidas por una minoría, no nos engañemos), muchos de los nuevos grupos se refugian en el vintage, en la imitación, y aunque los hay que salen del intento sobradamente airosos, quizá no es esta una solución, sino una confirmación de que el rock anda moribundo, deambulando despacito apoyado en un bastón por la acera de la memoria y entre una bruma asaz espesa de tanto nombre vetusto. La nada está cerca, según las últimas estadísticas.

Uno no puede tirar la toalla y claudicar ante razones tan poderosas, no obstante, aunque estas le hagan meditar. Uno, que piensa que el "Rock and Roll can never die" (como me recordaba el amigo Free Fer), no puede hacer otra cosa que seguir la estela de sus sentimientos, y estos nos llevan a ver a las viejas glorias, pero también ha de llevarnos hasta los nuevos grupos prometedores, a escuchar lo viejo, pero también a atender a las novedades que pueblan las estanterías. Está uno tan harto de escuchar que la novela ha muerto, tan harto de escuchar que Dios ha muerto, que el Rock también al parecer ahora ha muerto, que solo puede decir ¡Viva el rock! (aunque sean los padres).

ÁCS-ZRS

6 comentarios:

  1. Pero el Rock no se va a acabar, precisamente la nostalgia (en forma de billetes) hace que el ROCK siga existiendo como franquicia. Seguirá habiendo discos (aniversario, directos, regrabaciones, remasterizaciones) y también conciertos, aunque esta parte ya se complica mucho porque los pobres músicos están palmando.
    Podemos pensar en dos cosas. La primera es en la música clásica, donde hoy lo que es popular son "bandas" que interpretan los clásicos (ese es el futuro del rock). La segunda, es pensar en qué bandas, de esas de jovencitos que os gustan, veis llenando el Calderón a 80 euros la entreda.

    Crispuleitor.

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    1. Ya veremos cuando los Padres del rock mueran y cuando los padres (nosotros) lo hagamos qué queda del rock. Que queda del rock cuando la nostalgia deje entre los vivos su vacío, chavalote. Quizá quede, como dices, reducido a música de berbena. De esos nuevos grupos no sé si algunos llegarán a llenar estadios a 80 euros, más que nada porque no están inventando nada, pero sí están creando coplas en las que quizá se echa de menos el toque personal, es lo único que podría salvarlas. Por decir algo.

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  2. La leche como esta el percal. Tú y el Crispulo os habéis confabulado para jodernos el buen rollo ¿o qué?. Estáis muy pesimistas, nostálgicos y, sobre todo, viejunos.
    Pues claro que el rock ha muerto joder. Igual que el pop, el indi, la música disco, la clásica y la ruta del bacalao.
    Pero siempre habrá huevos de corral, de los amarillitos que con unas buenas patatas, jamón y un buen pan de pueblo, saben a gloria que ni el mismísimo Lucio imitaría.
    El día que las pichen jager y cía, angus y el boss (poco más llena un estadio... pagando), se inventarán nuevos ídolos y mejores no lo dudes.
    Hay futuro, como le he dicho a Don Crispulo, soy optimista por naturaleza y porque lo veo y oigo aquí en casa. Si mis hijas han estado con su papá viendo a ACDC, Iron Maiden, Megadeth, y alguno más... pero tienen vida propia. Escuchan grupazos cuyo nombres no sabría ni pronunciar que suenan de puta madre, con toque personal y con nuevos sonidos, que nosotros no se porque cojones no queremos ver lo bueno e innovador que llevan dentro, y cogen su guitarra y la batería e intentan sacar las melodías para luego tocarlas en sus grupillos. Del mismo modo, si yo escucho algo que les pueda interesar se lo paso (rara vez acierto jaja). Pero también está este punto de unión que nos gusta a ambos que son algunos clásicos, por su puesto, y bandas de hoy que conocemos gracias a las redes y que seguro no llenan ni una terraza de verano, pero que en un futuro no muy lejano llenaran pabellones y estadios, eso sí, dentro del negocio que es el problema de cualquier actividad artística o lucrativa de este mundo. Todo es pasta y negocio. Un abrazo man y lo mejor para el 2016.

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    1. Lo mismo es que quien está muerto es don Críspulo. Y es que a quién se le ocurre irse al Pernambuco, eso lleva al suicidio a cualquiera, jajaja.

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    2. Qué dices!!! Pernambuco es la mejor tierra del mundo!!!!

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  3. Me niego rotundamente a aceptar esa teoría...hace ya tres décadas escuchaba lo mismo del jazz clásico y hoy en dia no paran de salir artistas y discos (obviamente su mercado es en cierto modo "minoritario" comparado con otros géneros, hace dos decadas escuchaba que el heavy estaba muerto y hoy en dia no salgo de mi asomobro la cantidad de nuevos grupos que salen (otra cosa es que todos los que salen sean "buenos") pero el hecho es que ahí están, hace dos décadas oí los mismo de blues y mas de lo mismo...sin embargo es cierto que hoy en día no nacen grandes estrellas como en los 60 o 70...por lo tanto muerto...algo griposo quizás, pero muerto, nada de nada...Feliz año a todos y " Long Live Rock´n´Roll"

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