domingo, 31 de enero de 2016

Crítica de la película "Brooklyn" (John Crowley, 2015): Film review



por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC


Lejos de ser la mejor película del año, “Brooklyn” sí puede considerarse la más entrañable y encantadora. Una historia de madurez y amor con triángulo amoroso simbólico para hacer una estupenda reflexión sobre el sentimiento emigrante, el hogar y las raíces.

Nominada tan solo a tres categorías en los Oscar, incluyendo el guión adaptado de Nick Hornby, “Brooklyn” se ha colado en la terna de las mejores películas del año en la gala de premios más famosa del mundo. Una película sensible y que nos trae la historia más romántica de las seleccionadas. Además del guión está nominada una esplendorosa Saoirse Ronan, de la que es imposible que no te enamores, y, lógicamente, la película.



Saoirse Ronan ofrece una interpretación llena de sensibilidad y calidez, en ella se fundamenta toda la cinta. Humana, sensible, ingenua… desarrolla la evolución de su encarnación con una sutileza magistral.

Eilis Lacey (Saoirse Ronan) decide emigrar a Estados Unidos para ganarse la vida. La adaptación será dura y echará de menos a su familia y raíces. Cuando todo se soluciona y empieza a sentirse cómoda en su nuevo hogar la tragedia se cruzará en su camino, con lo que deberá elegir.




La sutileza es predominante durante la narración, algo conseguido con buen pulso y tacto por el director John Crowley. Así se muestran las diferencias entre la vida irlandesa y la norteamericana, el carácter más tradicional y cerrado, más puritano, de los irlandeses, en contraste con el más campechano y cordial, más directo y abierto, de los americanos. La estricta moralidad irlandesa queda simbolizada con la jefa de Eilis en Irlanda, que finalmente será quien espolee a nuestra protagonista en su decisión final. También se expone el cierto complejo irlandés de sana envidia por las modernidades y glamour americanos. Y el cambio de ella, que aún consciente de su madurez y evolución, siente un respeto reverencial por sus raíces.

Eilis es una chica soñadora y América representa ese sueño, un país donde los inmigrantes son pieza fundamental. Se retrata muy bien su soledad, especialmente en la primera parte del film, por ejemplo en ese excepcional plano sostenido sobre el rostro de Ronan en el baile donde triunfa su amiga.




Es interesante la frontalidad a la que acude Crowley para retratar los pilares de la vida de Eilis. Planos frontales presentan a su familia, a su hermana y su madre. También a su mejor amiga. Lo mismo ocurrirá en su nueva casa con su amable casera, pero sobre todo con su novio, Tony, un excelente Emory Cohen, realmente encantador.

El costumbrismo es predominante, siempre tranquilo y sutil. Comidas, trabajos, ocio en bailes… Una escena muy simpática al respecto la tenemos en la casa de Tony, cuando éste presenta a Eilis a su familia italiana.

La relación con su familia está muy bien desarrollada, llena de matices. Su vínculo con su hermana, su principal apoyo y amor, protagonista de uno de los momentos más desgarradores, y su relación con su madre, más fría y respetuosa pero igualmente sentida. Las escenas con su hermana y, sobre todo, su madre son profundamente desgarradoras en los momentos más dramáticos (la despedida por ejemplo).




La última escena con la madre es tremendamente dolorosa, en una amalgama de sentimientos realmente complejos, donde la ausencia, el abandono y la soledad, la ruptura de los hilos familiares, se exponen con sutileza. Una madre que debe asumir su soledad, el abandono tras tener a esa hija cerca de nuevo, algo que no puede sentir de otra manera que como un rechazo… Emocionante.

Uno de los aspectos de la puesta en escena que más me gustaron fue el uso del vestuario. Si os fijáis, Eilis irá de verde la mayor parte del tiempo al inicio de la cinta, en Irlanda y su llegada a Estados Unidos, en honor a su tierra. Poco a poco esto irá cambiando y su ropa variará, se hará colorida, y la veremos de amarillo, rosa, naranja… Un cambio unido a su madurez, a su salida del cascarón, donde irá dejado atrás su timidez y desconfianza, su carácter retraído, gracias a Tony, que será clave en ese cambio.




La iglesia y el cura que la ayuda será su principal vínculo con la Irlanda de sus raíces. La escena cumbre será en Navidad, junto a un montón de irlandeses que ayudaron a levantar tantas y tantas infraestructuras en los Estados Unidos. La labor de la iglesia queda muy bien plasmada.

En el último tercio el amor y la tragedia se darán la mano, con lo que la película adquiere tintes simbólicos centrándose en un triángulo amoroso. Como drama romántico toda esta parte resulta forzada y poco creíble, en cambio, en su carácter alegórico, con todas esas circunstancias y la presión global de su entorno irlandés para quedarse allí obligándola a elegir entre las raíces de su infancia y la nueva vida que ha comenzado a forjar en América, sí funciona mejor.

La fotografía de Yves Bélanger es muy clara, en tonos pastel, casi angelical, que me recuerda en cierta medida a Sorolla, aunque sin su “vaporosidad”, especialmente en las escenas de playa.

Es de las cintas menos brillantes de las nominadas, pero me ha gustado mucho, me ha parecido realmente encantadora y emotiva.

Jorge García




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