sábado, 16 de enero de 2016

Crítica de Ghost Dog (El camino del samurái) (Jim Jarmush, 1999): Film Review



por Tony Soulman






No debe sorprender a nadie que Jim Jarmush nos entregue un film ecléctico y muy personal. Su filmografía tiene mucho de eso. Aquí fusiona el budismo Zen, la violencia, la mafia italiana y la música Hip-Hop. Y sale airoso, claro.

Perro Fantasma (Forest Whitaker) es un asesino a sueldo de una frialdad espantosa, que convive con la extrema austeridad, un poco de música, unos cuantos libros y un criadero de palomas mensajeras. El dato fundamental es que el personaje rige su existencia de acuerdo al Hagakure, un texto para guerreros Samurai del siglo 18, escrito por Yamamoto Tsenetomo, un samurai que intentaba sentar precedente de sus virtudes.




Estos códigos antiguos, que siglos antes ya trazaban el destino de leales y serviciales soldados de elite, le permiten reflexionar y vivir de acuerdo a las coordenadas orientales que vinculan la lealtad, la reflexión, el honor, el misticismo, la soledad y una mente clara abocada al tiempo presente.

Perro fantasma trabaja para Louie, un mafioso local, a quien debe obediencia y lealtad por haber salvado su vida un vez. Louie, a su vez, pertenece a una patética familia mafiosa liderada por Ray Vargo (Henry Silva) y Sonny Valerio (Cliff).




Todos en el film parecen hablar el mismo lenguaje, aún cuando no lo hacen literalmente. Gangsters italianos operando en restaurantes chinos, una niña negra de diez años, un vendedor de helados caribeño (Isaach de Bankolé) que solo habla francés pero que mantiene con el protagonista (que solo habla inglés) unos diálogos de antología. Esto esta directamente referido al especial y absurdo humor de Jarmusch, en evidencia en casi todas las escenas de este film que, bien vale la aclaración, no es una comedia.

Forest Whitaker nos muestra una actuación, solemne y silenciosa. Su personaje emana una suerte de poder contenido que lo rodea como una nube. Resulta difícil pensar en otro actor para este papel que Whitaker y tal vez se deba a que Jarmush lo escribió pensando en él. Su imperturbable rigidez facial potencia un sesgo atemorizante en los demás. El resto de las actuaciones en general son precisas, con actores desconocidos de nombre, pero reconocibles de aspecto.




La fotografía de Müller (habitual colaborador de Jarmush y también fotógrafo de Wim Wenders) inspira un universo interior complejo y absolutamente coherente con anteriores trabajos de Jarmush. Lo planos largos, una marca registrada del director intervienen de manera exacta con el desarrollo dramático. La música, siempre cumple un papel preponderante en los films de Jarmusch. En este caso la base fue compuesta por RZA, el lider-fundador de la mítica banda Wu-Tang Clan, francamente propicia para el film. Contaba el director en alguna entrevista, que se encontró con RZA para invitarlo a trabajar en el film y donde le mostró la esencia de su obra. Jarmush no supo de él durante varios meses y cuando pensaba que RZA no lo había tomado en serio recibió un llamado de él. Desde ya, sabía que era un individuo poco amigable de la luz/día. Debían encontrarse a media madrugada en una calle céntrica de Manhattan. El encuentro fue tan breve que sólo le dio tiempo a RZA de abrir la puerta de su camioneta con vidrios polarizados y a Jarmush de estirar el brazo para recibir el DAT que contenía todo el material necesario e increíblemente adecuado para el fillm.




Ghost Dog ha sido bien recibida por el público japonés y francés, lo que puede explicarse parcialmente por la mezcla del estilo cinematográfico de ambos países, especialmente echando el ojo a dos obras de 1967: la
francesa Le Samurai, dirigida por Jean-Pierre Melville, con la actuación espléndida de un joven Alain Delon y la oriental Marcado para matar, de Seijun Suzuki.

Tony Soulman

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