domingo, 24 de enero de 2016

Crítica de la película "Room" (Lenny Abrahamson, 2015): Film Review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC




La mejor cinta de las nominadas, pero condenada a pasar sólo como título de prestigio por no tener la dimensión comercial ni presupuestaria de otras, como ya le ocurriera a “Las vidas de Grace” (Destin Cretton, 2013), “Her” (Spike Jonze, 2013), “Nebraska” (Alexander Payne, 2013) o “Whiplash” (Damien Chazelle, 2014). Confío, a pesar de todo, de que los Oscar de este año la premien en alguna de las 4 categorías en las que ha sido nominada, por ejemplo la de mejor actriz para Brie Larson. Quizá el guión… (mejores películas de 2015 para quien esto escribe).


“Room” se divide en dos partes bien diferenciadas, una primera de thriller y una segunda de drama, en ambos casos minimalistas. Una película estructurada en pequeñas progresiones y pequeños renacimientos (como nuevos partos). Dos personajes, madre e hijo, que se verán obligados a readaptarse, rehacer completamente sus vidas en varias ocasiones, dejando atrás todo lo que conocieron, unas veces para bien y otras para mal, siempre de forma minimalista.

Estaríamos ante una especie de “caverna platónica” minimalista y realista filtrada por Spielberg y Hitchcock a la vez.




“Room” es pequeña y llega a resultar claustrofóbica en su primera parte. Un encierro desconcertante del que se van desvelando sus claves paulatinamente en una narración perfecta. Un mundo diminuto para esa madre y su hijo que pretenden la normalidad, la cotidianeidad, desde una situación tan peculiar vista desde de fuera…

Se desarrollan de forma natural profundas reflexiones sobre la naturaleza de la realidad, sus cambios según la perspectiva, todos ciertos y todos distintos, lo que anula su sentido y contenido. Cuando la amplitud de miras es mayor, cuando la libertad aumenta, esa “realidad” va transformándose radicalmente, drásticamente, incluso traumáticamente… Esto se expone con claridad en el personaje de Jack (Jacob Tremblay), que va viendo como su mermada concepción de la realidad se va viniendo abajo, viéndose obligado a asumir cosas que lo superan en un principio, para poco a poco ir adaptándose. Es por ello que buena parte de la película se desarrolla a través de sus ojos, con numerosos planos subjetivos y una ingenua voz over que nos relata cómo va asumiendo sus descubrimientos, cómo ve esos mundos y esos “renacimientos” que le toca vivir. La psicología infantil está muy bien retratada.




Jack siente que algo le falta, es la necesidad de lo tangible, simbolizado en ese perro invisible que posteriormente se hará verdadero. Luego habrá contradicciones: Jack echará de menos la seguridad de su diminuto mundo en su dura adaptación, pero poco a poco apreciará el nuevo e inmenso universo que aparece ante sus ojos… Por ello la habitación se le hará finalmente muy pequeña e innecesaria.

Se convierte así “Room” en una cinta de truculento descubrimiento e iniciación, donde una madre lucha por conservar la inocencia de su hijo y diluir una bestial realidad para defender su infancia, ingenuidad y pureza. Jack, como si de un personaje spielbergiano se tratara, sale de la caverna platónica, el niño salvaje comenzando un viaje iniciático desde una tardía y distinta salida.

Esta reflexión sobre la necesidad de libertad, experiencias y amplitud de miras para evitar el enclaustramiento intelectual y el fanatismo es aplicable a cualquier ámbito (política, nacionalismos…).




Brie Larson, ganadora del Globo de Oro y que bien merecería el Oscar, continúa una carrera profundamente coherente. El tema de la maternidad parece guiar los pasos de la actriz en cierta medida, ya lo vimos en la excepcional e imprescindible “Las vidas de Grace”, y aquí volvemos a comprobarlo. Además hay ciertas ideas que sobresalen en ambas películas, por ejemplo las representaciones artísticas como forma de evasión y expresión para exponer la personal “realidad”.

En este sentido la televisión, como amago de realidad, tendrá su importancia en los intentos de esa madre por explicar cómo funciona el mundo a su hijo.

El personaje interpretado por Larson sufrirá las consecuencias psicológicas de los hechos, tendrá que asumir la vida que ha perdido, la vida que tuvo y ya no está, la vida que sí siguieron sus amigas, el tiempo perdido… Esto y la inseguridad que le provoca esa debilidad, no saber si hizo lo mejor para su hijo, para su amor, será demasiado para ella, con lo que surgen el sentimiento de culpa y el enfrentamiento con su entorno…




Cómo varía la forma de gestionar las cosas según la edad, la flexibilidad de un niño, la excesiva consciencia de un adulto… De igual forma, es más fácil destrozar la sensible y débil mentalidad de un niño si no se sigue una evolución natural que la de un adulto. Todo esto se sugiere en la cinta. El sentimiento de culpa, la depresión...

Lenny Abrahamson narra magníficamente y con naturalidad. No se complica en demasía y pone el estilo al servicio de la historia. En cualquier caso hay ciertos aspectos reseñables. Hay una preponderancia de planos cortos y detalle, muy acorde con la idea de encierro y mundo escindido, mermado, minimizado… El uso del plano subjetivo también resulta interesante, siempre desde el punto de vista del niño, Jack.

El mayor defecto en sus decisiones estilísticas y de la película, es el abuso de las cámaras lentas, que aunque pretenden seguir retratando el punto de vista perturbado de Jack, se hacen excesivas e innecesarias.




Su narración, como comenté al inicio, se basa en pequeñas progresiones, pequeños cebos que luego cobran sentido, pequeñas insinuaciones a las que se va dando explicación (las visitas del “viejo Nick”, la situación de encierro…).

Toda la primera parte es excepcional, de un suspense excelso y minimalista, digno del mejor Hitchcock, aunque con cierto estilo indie. La segunda mitad es igualmente intensa, pero desde el drama.

Hay tres referencias interesantes en la película. “El conde de Montecristo”, adecuado a ese encierro; “Dora, la exploradora”, con la que se puede identificar Jack, el crío protagonista, en su curiosidad lógica; y “Alicia en el país de las maravillas”, como metáfora pretendida que pone la madre para hacer comprender a su hijo la situación en la que viven…

Todo lo que se diga de Brie Larson, que debe ir camino de ser una estrella ya, es poco, pero no debo olvidarme de Jacob Tremblay, porque no desmerece en absoluto. El niño se come la pantalla (debo reconocer que creía que era una niña durante buena parte del metraje), tiene una expresividad y naturalidad asombrosa. Dos interpretaciones maravillosas, a la que unir la de Joan Allen.

“Room” presenta unos hechos realmente duros y dramáticos con un tacto y una sensibilidad tremendos, tocando todos los puntos, incluidos los más escabrosos, para rematar una película francamente conmovedora y profunda. La más sólida y notable de las nominadas este año.

Jorge García

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