jueves, 2 de junio de 2016

Crítica de "Una historia de violencia" (David Cronenberg, 2005)


por Möbius el Crononauta




Recordemos. Tras los muchos y buenos comentarios que me llegaron del último trabajo de David Cronenberg, Promesas del Este, no podía sino volver atrás en el camino y ver lo que me había perdido. Sinceramente, me alegré de que Jeremy Irons se hubiese perdido de vista. Bienvenido, Viggo Mortensen, me dije.



Allá a finales de los 80 disfruté con varias películas de Cronenberg gracias a un ciclo que programaron en televisión, y aunque apenas algunos años después su revisión de La mosca, vuelta a ver de nuevo, me dejó algo frío, títulos como La zona muerta o Vinieron de dentro de... siempre me parecerán geniales. Después, por varios motivos, me desentendí de la carrera del director mientras me dedicaba a indagar por otros mundos del cine.

Así, tras una considerable elipsis, me encuentré con un David Cronenberg maduro tanto por edad como por estilo, más cercano al Eastwood de Mystic River que al terror repleto de casquería del nuevo cine sangriento actual que mama directamente de directores como él.




¿Somos lo que decimos ser, o somos nuestros actos? ¿Mataría usted por defender a su familia? Quien asesina en defensa propia, ¿podría hacerlo también a sangre fría? ¿Hasta qué punto se hereda la violencia? Pregúntenle a Tom Stall...

Stall vivía apaciblemente en un pequeño pueblo regentando una cafetería y siendo feliz con su mujer y sus hijos; nada podía ir mal. Hasta que cierto día dos atracadores y asesinos entran en su negocio. A partir de entonces todo cambia para él. Tras defenderse y acabar con los dos criminales, Stall se convierte en un héroe para toda la comunidad. Naturalmente su nombre aparece en los periódicos y su imagen está en todos los canales. Cuando todo parece haber acabado, alguien, desde la lejana Filadelfia, se interesará por él...




Una historia de violencia dispone una trama sencilla, quizás no demasiado difícil de desentramar, aunque la verdadera fuerza de la película está en sus escenas bien estructuradas y en un ritmo que parece fluir de forma natural, sin estridencias ni giros a izquierda y derecha. A diferencia de muchos films actuales con historias similares, Una historia de violencia se toma su tiempo, sin dar lugar a persecuciones de coches ni peleas con cortes de planos y tomas desde mil puntos distintos.

La historia es un mero vehículo para una reflexión de Cronenberg sobre la violencia humana. Me parece interesante la escena de la pelea entre el hijo de Stall y el matón de instituto. Previamente el hijo se había mostrado decidido a ser pacífico, agachando la cabeza de ser necesario, lo que para algunos sería comportarse como un cobarde. Una vez su padre es un héroe, el joven se muestra violento y despiadado. ¿La inevitable influencia paterna? ¿Conducta aprendida? ¿Simple predisposición genética? Aun formando parte de la subtrama el apunte del joven Stall es interesante.




Como interesante es la fuerza contenida de las escenas violentas del film. Son duras y secas, sin efectismos. El propio Cronenberg rehizo la escena del tiroteo en el restaurante con la sola idea de hacerla algo más real pero sin excederse demasiado. El propio director se ha manifestado en más de una entrevista contrario a la violencia actual del cine, tan gráfica, desmedida y en ocasiones apologética. El modo en que rueda esas muertes son en sí toda una declaración de principios.

En las interpretaciones destacan un sólido Viggo Mortensen, un breve pero magnífico William Hurt y el cada vez más crepuscular y oscuro Ed Harris (¡Rommel! ¡Rommel! Mi gozo en un pozo). A Maria Bello la veo mucho mejor que a la Naomi Watts de Promesas del Este. Si les gustó el retrato mafioso de Cronenberg, la violencia campestre de Una historia de violencia tampoco les decepcionará.

1 comentario:

  1. Junto a Inseparables, la mejor pelicula de este enorme director. Saludos

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