domingo, 12 de junio de 2016

Recuerdos - Crítica de la película (Woody Allen, 1980): review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Dos trenes, uno con personas anodinas, acabadas, tristes, perdedoras, grises; enfrentado a otro con personas felices, alegres, llenas de glamour y lujo. Dos trenes que simbolizan dos concepciones vitales. Allen querrá salir de su triste tren para subir al otro, pero ambos llegarán al mismo lugar, un vertedero, al final de la vida… Mientras Allen mira al otro tren, un tren más deseable, se centrará en una bella mujer rubia (Sharon Stone), que le lanza un invitador beso. Cuando al final del viaje lleguen ambos al vertedero, Allen parece sentir cierta satisfacción en que al final da igual cómo seas y lo que seas, porque terminas en la misma nada, pero al concluir la película aquel beso cobrará un nuevo sentido, el de aprovechar y disfrutar el momento. Aunque el viaje acabe en la nada, en escéptico pensar, siempre será mejor hacerlo en buena compañía y con la felicidad encima…



Os traigo aquí una película ochentera del genio neoyorquino Woody Allen, que es perfecto ejemplo del nivel que tenía el maestro en aquella época, cuando comenzó a hacer películas “serias”, intelectualizando el discurso (a pesar de lo que dice aborrecer a los intelectuales), explotando todas sus inquietudes estéticas y conceptuales, y todo ello sin ser de las más conocidas y reputadas, sin ser de las de más calidad, para que sirva como contraste a lo que realiza en la actualidad y se haga patente la diferencia entre las dos épocas: Desde finales de los 70 hasta 2000 y a partir de aquella fecha hasta la actualidad. Desde la genialidad casi perenne, donde sus proyectos menos inspirados tenían una calidad realmente sorprendente con momentos brillantísimos, como la que nos ocupa, a la discreción generalizada con muchos momentos mediocres de la actualidad.




“Recuerdos” habla, como todas las películas de Allen, de su vida y pensamientos, de los mismos temas de los que ha hablado toda su vida, porque si algo ha destacado a Allen es su tozudez temática. Sus obsesiones relatadas una y otra vez, como un Sísifo neurótico, pero presentadas de distintas maneras, siempre reconocibles, donde la originalidad que le falta al fondo (en el sentido de que son siempre los mismos temas a tratar, como en casi todo autor, aunque más agudizado en Allen), siempre lo tenga la forma, enriqueciéndolo todo con matices, variantes y reflexiones sumadas en cada título.

Esta cinta de 1980 se inserta en la incipiente carrera artística de Allen cuando pretendía alejarse de las comedias de gags que le granjearon gran éxito en los 70. Su paso de la comedia de chistes al cine de autor, que es uno de los temas que explotará en “Recuerdos”. Un viaje que comenzó con “Annie Hall” en 1977. Una obra muy alegórica, con múltiples recursos metalingüísticos, metafórica, con numerosos recursos estilísticos y narrativos para lograr esa confrontación tan querida en Allen: la realidad contra la ficción. La naturaleza de la realidad en suma. Una de las grandes obsesiones temáticas del cineasta.

“Sobre todo me gustan las primeras, las cómicas”.




En un homenaje a la obra del director Sandy Bates, donde es elogiado y agasajado como un genio tras pasar de las películas cómicas al cine de autor, él va reviviendo y recordando momentos y personas importantes en su vida en un viaje introspectivo, que dialoga con su propia obra artística y de ficción.

En estos primeros títulos las influencias de Bergman y de Fellini se hacen muy evidentes, resultando uno de los grandes defectos en sus obras menos inspiradas en esta época, y con menos inspiradas hablo de que no son obras maestras sublimes como la gran mayoría de títulos que realizó hasta 2000, sino que se quedan en obras notables “solamente”. Es el caso de la anterior “Interiores” (1978) o la posterior “Septiembre” (1987).




Aunque en otras primaba más la presencia filosófica y estilística de Bergman, en la que nos ocupa, estando también presente en algunos momentos, la que destaca sobremanera, hasta parecer una obra manierista, es la de Fellini. Como muchos han comentado, sería la versión alleniana de “8 y medio” (1963), algo que ni siquiera pretende esconder, como bien comprobaremos con sus bromas sobre plagios o en esos rostros casi caricaturescos y peculiares que aparecen en pantalla y que recuerdan a la fauna que habitaba muchas cintas del gran director italiano.

La muerte; el miedo a la misma y su sentido; el sexo; las relaciones de pareja; la neurosis; la creación y honestidad artística; la realidad confrontada a la ficción; las referencias culturales; su egocentrismo; Dios; Groucho Marx; críticas al mundillo del espectáculo, los críticos y los intelectuales; la suerte, el Jazz… son algunos de los temas que trata la película, y que también veremos en la mayoría de las obras de Woody.




Todo ello plasmado con un estilo muy alegórico, con concepción metalingüística, repleto de metáforas y soluciones narrativas que hacen convivir en un mismo plano distintos tiempos pasados; pasados y presentes; ensoñaciones y deseos con recuerdos verdaderos; recuerdos falsos con momentos presentes…

El tren como metáfora de la vida y un viaje hacia la muerte, la nada en forma de estercolero al final de la misma… La clásica visión existencialista y pesimista de Allen de la vida.

Por supuesto tendremos gloriosos diálogos y frases de antología, cuando a Allen le salía el ingenio a borbotones. Con varias ocurrencias de estas, junto a numerosos aforismos, elevaba una película sin casi despeinarse.

“Para ti soy un ateo, para Dios soy la oposición leal”.

Estilística y estéticamente, la película es rica, jugando con el blanco y negro, el expresionismo simbólico de las sombras y las siluetas, algo bastante habitual en cintas de Allen en aquella época, cuando comenzó a alejarse de las comedias de chistes. De hecho suele volver al blanco y negro ocasionalmente.




Grandes fotos decorarán las paredes del apartamento de Allen al inicio del film para escenificar su particular y pesimista visión vital, además de subrayar los diálogos que se acometen.

Se observa claramente el gusto de Allen por los planos largos, las secuencias sin corte, las salidas de plano, el fuera de campo recitando diálogos, voces en off, la omisión de contraplanos en diálogos para enfatizar figuras o idealizarlas, una puesta en escena brillantísima en planos generales con personas entrando y saliendo del decorado diciendo sus frases, planos subjetivos que se convierte en objetivos, largos travellings siguiendo parejas o personajes…

Habrá sketchs, en homenaje a sus anteriores cintas cómicas, como ese con los científicos y que reflexiona sobre la absurda e ilógica naturaleza del amor, que es muy recomendable.

Es fácil ver o intuir películas futuras (también pasadas, aunque no había tantas), en muchos momentos del visionado de “Recuerdos”.

Además de todas estas virtudes, podemos disfrutar de la belleza de Charlotte Rampling, que está esplendorosa con su angulado rostro, y de los punteos de Django Reinhardt, que no podían faltar.

Una muestra de la extraordinaria creatividad de un cineasta que se expandiría y sublimaría a lo largo de varias décadas.

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