jueves, 16 de junio de 2016

Crítica de "Harry el Sucio" (Don Siegel, 1971): review



por Möbius el Crononauta


Harry el Sucio (Dirty Harry) fue una de las películas policíacas que revolucionó el género a principios de los 70. Cuentan que un departamento filipino pidió una copia para usarla como entrenamiento. Constituyó uno de los mejores momentos en la carrera del director Don Siegel, y consagró definitivamente a Clint Eastwood como estrella cinematográfica y tipo duro de la pantalla. Popularizó la pistola Magnum del calibre 44. Levantó protestas y susceptibilidades, y muchos la acusaron de ofrecer una visión fascista y violenta del mundo del crimen y de la policía. Es, en definitiva, un clásico ineludible de la historia del cine. Do you feel lucky, punk?


La historia original pertenecía a Harry Julian y Rita Fink, que junto con el escritor y cineasta Dean Riesner perfilaron un borrador del guión. Hay fuentes que aseguran que la inspiración para la historia de Harry el Sucio vino de los crímenes que el asesino del Zodíaco estaba llevando a cabo por aquella época.

En un principio se pensó en Frank Sinatra para el papel principal y se barajaron nombres como Irving Kershner para dirigirla. Sinatra finalmente se cayó del proyecto debido a una lesión en una muñeca, con lo que los productores pensaron entonces en John Wayne, quien al parecer no se mostró demasiado interesado, aunque paradójicamente algunos años después protagonizaría un film à là Harry Callahan titulado McQ. Por lo visto fue Paul Newman quien llevó en la dirección correcta a los encargados del casting. Sin lugar a dudas, Clint Eastwood era el hombre.




Eastwood aceptó y pronto atrajo al director Don Siegel al proyecto. Actor y director habían trabajado juntos en tres películas, y aquel mismo año Siegel había colaborado en el debut como director de Eastwood, Play Misty For Me. La acción se trasladó a San Francisco, y los escritores y directores Terrence Malick y John Milius dieron los últimos toques al guión. Como no podía ser de otra manera, las frases más famosas del film, sobretodo esa celebérrima escena sobre las balas, la pistola Magnum y demás, surgieron de la republicana mente de Milius.




El siguiente paso era encontrar al candidato perfecto para interpretar al asesino, Scorpio. En un principio el candidato escogido era Audie Murphy, el soldado norteamericano más condecorado de la Segunda Guerra Mundial que posteriormente se había convertido en actor. Sin embargo Murphy fallacería en un accidente aéreo. Por recomendación de Eastwood el director llamó al actor Andrew Robinson. Sin duda alguna Robinson era el candidato perfecto, no me imagino a un tipo como Murphy siendo capaz de mostrarse tan psicótico en la pantalla. La prueba del gran trabajo que hizo Robinson fue que tras estrenarse el film tuvo que cambiar su número de teléfono a un privado, ya que comenzó a recibir amenazas de muerte.




Un veterano como Don Siegel, que ya había trabajado en el género anteriormente, dio muestras de su saber hacer, logrando uno de sus mejores trabajos. El film se abre con una dedicatoria a los agentes de San Francisco caídos en acto de servicio. De ahí pasamos a la imagen del cañón de un rifle apuntando directamente a la cámara. El impacto de la imagen es una obertura perfecta para una sinfonía de violencia y asesinatos.

Cuando el francotirador acaba con su víctima, una bella joven que nada en una piscina, el plano siguiente presenta al personaje de Eastwood, Harry Callahan, llevando gafas de sol y saliendo de una puerta al escenario del crimen. Es entonces cuando comienzan a aparecer los créditos y la fantástica música de Lalo Schifrin. También el trabajo del compositor argentino marcó una pauta para films y series posteriores.




Siegel juega con los pequeños y grandes espacios, abriendo y cerrando el campo de la cámara, usando planos cortos y medios para las escenas de peleas y enfrentamientos entre Scorpio y Callahan, casi siempre siendo precedidas y seguidas por un plano general, delimitando en cierta manera los encuentros entre los dos personajes principales.

De un primer plano de la maqueta de la ciudad de San Francisco se pasa a un plano general de la iglesia que se representaba en aquella. Excelente paso a otra inolvidable escena, donde Robinson y Schifrin brillan con luz propia. De la cruz del parque al estadio de fútbol, comienzo y final del primer gran encuentro entre Scorpio y Callahan. Es en el estadio dónde Siegel nos ofrece en un plano inolvidable: el zoom se aleja mientras se abre el plano, a la par que el violento policía tortura a su presa, el despiadado Scorpio.




Y es que Callahan y Scorpio son una cara de la misma moneda. Ambos son expeditivos, y no dudan en usar la violencia para conseguir sus fines. Sólo que uno se encuentra del lado de la ley. ¿Son por ello sus actos menos ominosos, más aceptables? Que cada cual vea la película y saque sus conclusiones.

Es curioso pensar que Robinson era un pacifista declarado que no gustaba de las armas; toda una antítesis de Milius, por ejemplo. Se llegó al punto en que Siegel tuvo que suspender el rodaje para que un experto en armas trabajara con Robinson para que éste no cerrara los ojos ni pusiera caras de miedo al disparar. Aunque todo ello indica lo excelente actor que es Robinson, que siendo diametralmente opuesto pudo ofrecer una actuación tan viva e intimidante. Bueno, ¿para eso están los actores, no? El sádico Scorpio se convirtió por derecho propio en uno de los villanos definitivos del cine. Y si Robinson tuvo problemas con las armas, Eastwood no puso muchos reparos en hacer él mismo las escenas peligrosas, incluida la del salto desde el puente al autobús. El actor de San Francisco también se encargó de sustituir a Siegel cuando éste cayó enfermo. La entrañable escena del suicida fue dirigida por el propio Eastwood.




Harry el Sucio causó (y creo que todavía causa) un gran impacto. A principios de los 70 no era normal tener a un protagonista que fuera violento al modo usual en que lo eran los villanos. El psicópata asesino, pues, no podía sino ser peor, siendo capaz de torturar, matar, pegar a niños... la joven chica secuestrada en este caso no iba a ser salvada.

A la violencia gráfica hubo que añadir breves aunque impactantes desnudos, incluido alguno completo, y una escena tan atípica y terrible como original y ya mítica. Me refiero a la particular "sesión" de 200 dólares que recibe Scorpio. Realmente sublime.




Por lo demás, ahí estaba Eastwood, el "Hombre sin Nombre", y un asesino al que atrapar, y un pobre compañero que salía vivo de milagro. Un jefe que regaña, un policía que dicta sus propias normas, el alcalde que se queja... son en su mayoría personajes arquetipo que han poblado desde entonces la mayoría de series y películas que siguieron la estela de Harry Callahan.

La sombra de Harry el Sucio fue, y es aún hoy, muy alargada, y su influencia persiste en muchos films actuales de policías. Algunas cintas incluso tomaron prestadas directamente algunas de las más emblemáticas escenas de la película de Siegel. Por ejemplo, Arma Letal y su loco suicida, o la tercera parte de La Jungla de Cristal, con Bruce Willis yendo de cabina en cabina a expensas del malvado y repeinado Jeremy Irons. Y es que uno de los grandes hallazgos del guión de Harry el Sucio es aquella parte en que Harry, encargado de llevar el dinero de los contribuyentes a Scorpio, se deja el aliento corriendo de una cabina telefónica a otra, esperando la llamada del francotirador loco.

Por supuesto, no podía cerrar esta entrada de otra manera que no fuera con LA FRASE de la película. Sé lo que estás pensando...

1 comentario:

  1. y ya no te digo verla con el doblaje de la época....te atrapa a los 5 segundos...ahora mismo me la voy a volver a ver...leyendo la reseña me la voy a poner con la luz bien apagada

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