domingo, 19 de junio de 2016

Crítica de "Anomalisa" (Charlie Kaufman, Duke Johnson, 2016): review



por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC

¿Esto es todo? ¿La vida era esto? ¿No hay nada más? ¿Ya está? ¿Esto es todo lo que se nos ofrece?

Si te has preguntado esto alguna vez, si has tenido esta crisis de madurez o miedo existencial, esta notable cinta de animación es la tuya.

¿Quiénes somos? ¿Quiénes son esos que están junto a nosotros? ¿Son los que creíamos? ¿Los conocemos de verdad? ¿Nos conocemos?


Charlie Kaufman vuelve a indagar en sus obsesiones, sus retratos de soledades, de personalidades en momentos críticos, perturbados, en los desdoblamientos de personalidad y la sensación de sentirse ajeno a uno mismo, de revisión y hastío vital… todo en su habitual tono melancólico, entrañable, nostálgico, sentido y con dosis de humor.




Es una obra depurada que sintetiza todo el universo de Kaufman de una manera deslumbrantemente sencilla, que sin ser lo más brillante de su creador, resulta estimulante y llega a lo más hondo como sus mejores obras. Financiada por crowfunding.

Michael Stone es un tótem de los negocios, un hombre que todo lo sabe en su ámbito, capaz de ayudar a cualquiera a producir más, pero él está ahogado en un mundo que siente mediocre, uniforme, anodino, plano, sin sorpresa alguna. Un hombre que no encuentra solución a su vida, que busca, entre desesperado y resignado, una huida.




Es debido a esa visión del mundo que todos los personajes tienen el mismo rostro (solo cambian los peinados), y la misma voz, la de Tom Noonan, sean hombres o mujeres. Será cuando se encuentre con Lisa (Jennifer Jason Leigh), la única voz femenina de la narración, cuando crea ver una luz, una salida por fin, una diferencia, una anomalía, Anomalisa…

Ella no solo se distingue por la voz, también por la cicatriz de su rostro, que lo hace diferente al resto.

En un mundo donde a pesar de la globalización, o precisamente por ella, todos acaban siendo parecidos, sólo diferentes en la superficie, que gustan y hacen lo mismo, que se mueven como zombies robotizados, lo diferente, la diferencia, se antoja como un tesoro de incalculable valor, un descubrimiento, casi una revelación. Hay en “Anomalisa” una reivindicación de la diferencia.




Pero lo que cala y perturba es el giro del tercio final, cuando nos hemos entregado a ese descubrimiento y a la luz del amanecer ya no nos parece tan singular, empieza a confundirse con todo lo demás, empezamos a sentir que la rutina vuelve a embargarnos, rauda y despiadada, para darnos cuenta de que el problema no está en el mundo, sino en nosotros mismos, en nuestra mirada exigente, perturbada, en nuestra personalidad, anodina, aburrida, sin nada que entregar, incapaz de distinguir los matices y las diferencias, que quizá sí existen, que nos son reveladas en pequeños atisbos de ilusión, pero de vida fugaz en nuestros ojos y sentidos.

Eso le ocurre a Stone con Lisa, cuando se despierta y decide huir con ella, entregándose finalmente a la seguridad de una rutina conocida que lo mantiene atrapado, miedoso de dar un salto al vacío, cobarde finalmente. El que huía de la rutina acaba huyendo de la luz de la distinción.

Huía de un mundo construido de frases hechas, de cortesía, intrascendentes, para cambiar de dirección ante el abismo de la incertidumbre.




Kaufman da un ritmo muy lento a la película, es el retrato de una noche de un hombre que llega a una ciudad y un hotel antes de dar una charla. Planos muy largos, discretos, pero siempre detallistas, con algunos curiosos insertos, pero casi siempre manteniendo el plano general sin corte. Expone de forma casi documental ese tránsito, la llegada en avión, el desembarco, el taxi, la llegada al hotel y subida a la habitación (esto último rodado sin corte), escenificando el tedio, siendo escrupuloso con el punto de vista de Stone en todo momento, punto de vista que no abandonará salvo en la escena final, dedicada a Lisa.

Esta apuesta siempre es arriesgada, ya que puede provocar en el espectador aburrimiento, que la intención de trasladar intelectualmente esas sensaciones se conviertan también en las propias sensaciones del espectador, y aunque el defecto está ahí, la película logra emerger satisfactoriamente.




El otro defecto del film lo tendríamos en la pesadilla del protagonista, que siendo perturbadora y humorística, redunda en la tesis comentada que ya había quedado clara en el desarrollo hasta ese momento. Su tono triste y desesperanzado puede desagradar a algunos también, aunque hay una luz al final del túnel.

La agonía cotidiana, la banalidad de la misma, sensacionalmente expuesta con ese humor con sordina tan del estilo de Kaufman.

El exhaustivo retrato del confort, del lujo, del mundo anestesiado y del bienestar, de la excesiva pulcritud y proteccionismo, contrastado con la sensualidad realista, de cuerpos imperfectos y torpezas naturales. La naturalidad es uno de los rasgos distintivos de la película.




“Anomalisa” es como un relato de David Lodge, por ejemplo “El mundo es un pañuelo”, pasado por el filtro y el estilo de David Foster Wallace. También es fácil recordar el universo de “Lost in translation” (Sofia Coppola, 2003) o “Her” (Spike Jonze, 2013).

No es para todos los públicos, pero es de calidad, y si entras en su universo te embriagará… Y te harás fan de Cyndi Lauper.

2 comentarios:

  1. no lo he visto mr.sambo....la vere,me has puesto los dientes largos....saludos

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    1. Genial! Espero opiniones cuando lo hagas! Un saludo!

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