jueves, 5 de noviembre de 2015

Crítica de "Narciso negro" (Michael Powell, Emeric Pressburger, 1947)


por Möbius el Crononauta



He aquí otra de mis críticas reloaded. Os cuento. Resulta curioso cómo a veces historias arriesgadas podían pasar la censura de unas épocas en que en muchas partes de Occidente el cine estaba sometido a las tijeras de personalidades de ideas fijas y vista corta, gente que estaba tanto dentro como fuera del cine. Hoy en día puede resultar ridículo pensar que un film como Narciso negro pudiera llegar a escandalizar a alguien, pero desde luego en su día era un material potencialmente peligroso. Polémicas aparte, Narciso negro es una maravilla visual en Technicolor cuya belleza es difícilmente descriptible. Martin Scorsese no se equivocaba al compararla, visualmente, con los films de Disney. En serio, si creéis que lo habéis visto todo en cuanto a cine en color se refiere, y no habéis visto Narciso negro, es casi como decir que no habéis visto nada.




Narciso negro es probablemente el film más conocido y aclamado de la productora británica The Archers, fundada por el duo artístico formado por el director Michael Powell y el escritor y guionista húngaro Emeric Pressburger, una especie de hermanos Coen de los años 40 que firmaban juntos todos sus films. La película narra la historia de la Hermana Clodagh y su grupo de religiosas que dejan un convento de una gran ciudad India para llevar la educación y la palabra de Dios a un recóndito palacio en las montañas del Himalaya. Siguen los pasos de unos monjes que fracasaron en su intento de establecerse en el lugar. La Hermana Clodagh y sus ayudantes pronto verán que deberán enfrentarse al extraño maleficio que parece pesar sobre el lugar, al tiempo que deberán adaptarse a un ambiente desconocido y hostil.




Narciso negro es un film que, sin llegar a ser propiamente un film de terror, comparte muchas características del subgénero del terror psicológico y de los ambientes góticos de los films clásicos de los años 30 y 40. El palacio que el rajá del lugar prepara para las monjas es el centro de toda la trama, y el origen de una cada vez más omnipresente fuerza que turba poco a poco las vidas y las mentes de las monjas. El terror cobra forma en imágenes obscenas como las que adornan las paredes (el palacio fue anteriormente el harén del padre del rajá) y en sentimientos olvidados pero no del todo enterrados.




Michael Powell, sabedor de los problemas que podía ocasionar una historia así, convirtió a sus monjas en una orden menesterosa, donde sus miebros renuevan sus votos anualmente. Aun así, en los Estados Unidos tuvo problemas con la Liga Católica, y en su versión americana la Hermana Clodagh carecía de pasado. También en España llegó mutilada, aunque sorprende que siquiera llegara a estrenarse; más teniendo en cuenta la, eso sí, sutil amenaza que durante todo el film representa el primario personaje del señor Dean, un blanco lugareño y aventurero que ayuda a las monjas como mano de obra y en las reformas, aunque al mismo tiempo trata de incomodarla a la Hermana Clodagh siempre que tiene ocasión.




El señor Dean fue interpretado por David Farrar, un gran tipo y actor británico que podría haber sido una gran estrella; su señor Dean, pasota, básico y con sombrero, es un gran personaje, una especie de Indiana Jones gamberro. La Hermana Clodagh, protagonista de la historia, fue la estupenda actriz de pelo de fuego Deborah Kerr, a quien los papeles de monja le iban como un guante. Destacan también el simpático Sabu (el hijo del general rajá del lugar), inolvidable protagonista de El ladrón de Bagdad, uno de esos intérpretes naturales que actuaba sin método ni estudios; y Jean Simmons, que interpreta a una apasionada salvaje que no dice una palabra en todo el film, pero que es sensual más allá del delirio. Sólo por ver a la Simmons luciendo belleza exótica merece la pena ver Narciso negro. Aunque sin duda quien más impresiona en la película es Kathleen Byron; su mirada psicótica y su caída en los infiernos de los celos son de los que no se olvidan. La Glenn Close de Atracción fatal se queda en nada a su lado; realmente increíble la actuación de la Byron.




Por supuesto, Narciso negro destaca especialmente por el increíble tratamiento de los colores, por la fotografía (de la que fue responsable el mítico Jack Cardiff) y por unos decorados y pinturas monumentales, no por su tamaño, sino por su calidad. El film apenas cuenta con unas pocas escenas en exteriores; casi todo se rodó en los estudios ingleses de Pinewood. Basta ver la película para concluir que el trabajo del director artístico, los decoradores, pintores y demás fue excelente. Es en ese aspecto, sobretodo, en el que Narciso negro se convierte en una obra de arte, digna de ser expuesta en un museo junto a los cuadros de cualquier pintor flamenco. Verla en una filmoteca debe ser toda una experiencia. Scorsese lo confirma.




Poco queda por decir de esta película. Si queréis ver una obra de arte, id al Prado, o sentaros una tarde a ver Narciso negro. La diferencia no será mucha.

Möbius el Crononauta

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