domingo, 1 de noviembre de 2015

Crítica de "El niño 44" (Daniel Espinosa, 2015)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC





Me resultó muy extraño comprobar que la extraordinaria novela de Tom Rob Smith no tenía una adaptación cinematográfica ni planteamiento de hacerla cuando la leí. Era un libro que tenía una evidente película dentro, que pedía a gritos una adaptación. Como no podía ser de otra manera la adaptación acabó llegando, no fue hasta este año cuando por fin se estrenó, lo que revitalizó las ventas de la novela, que volvió a editarse en nuestro país.

Debo reconocer que aunque me apetecía mucho que se contara esta historia en la gran pantalla no albergaba muchas esperanzas de que la cosa saliera aceptablemente, como merecía el relato literario… El problema ha venido cuando esas escasas y pobres expectativas se han antojado excesivas con el resultado final del film dirigido por Daniel Espinosa.




Las virtudes de la cinta son claras: su recreación de época, con grandes momentos y detalles; una cuidada fotografía en tonos ocres que recoge la suciedad y miseria de aquella Unión Soviética; y unas competentes interpretaciones, destacando, como casi siempre, Tom Hardy.

Todo lo demás resulta cansino e incluso soporífero a pesar de tener un punto de partida y una historia absorbente, adictiva, aterradora y subyugante.

Espinosa se recrea en una ceremonia de la confusión donde todo aparece diluido, minimizado, disperso, donde la poderosísima novela de Tom Rob Smith se convierte en un thriller de apariencia sofisticada y blanda. Un relato contundente, despiadado y nada edulcorado, sin concesiones, el de Rob Smith, que Espinosa desaprovecha lastimosamente.




Leo Demidov es un agente soviético, un héroe nacional perfectamente integrado en el sistema, pero cuando se encuentre un niño asesinado que el estado niega que lo haya sido, comenzará una investigación que le llevará a descubrir el horror del régimen que defiende.

El guión que adapta la novela no es nada del otro mundo, muy disperso, limitándose a adelgazar toda la esencia del relato, fusionar personajes para condensar la trama (en esto se acierta), y diluir narrativamente la historia. Una dispersión temporal ocasional, caleidoscópica, que no está justificada y que resta fuerza a un conjunto que palidece en todo momento en su comparación con el original literario, al que por otra parte es bastante fiel en esencia.

Uno de los defectos más acusados en la película y que más me disgustaron es que el retrato de la miseria, de la podredumbre, de las limitaciones, de la castración individual; un estilo y calidad de vida lamentables ante las que sólo el individuo puede oponerse, hasta el punto de preferir vivir cómodamente en un hospital por la atención que se recibe que tener que formar parte de ese desalmado e inhumado engranaje que mostraba brillantemente Tom Rob Smith, aparece en la película diluido. Espinosa no logra un retrato global de esa sociedad, base de la novela de Smith, que está francamente bien documentada, individualizando en exceso el relato, asfixiándolo, no saliendo a la calle a mostrar la rutina del horror que allí se tenía, sin capacidad para expandir las ideas ni acercarse a la contundencia del referente literario. Falta dimensión.




Sí hay una estética sucia con ramalazos que muestran esa miseria en la que vivía el pueblo, esa brillante recreación de época y fotografía antes destacadas, en lo que es una película de marrones. El caso es que la estética que transmitía el libro era gélida, blanca, gris y enfangada…

Los encuadres de Espinosa son opresivos, lo que hubiera sido un tremendo acierto estilístico de haber acompañado todo lo demás.

Nunca sentimos esa sensación de horror y miedo, de desconfianza y amenaza continua, donde todos son espías, de histeria y suspicacia, de escenas llenas de suspense, que sí teníamos en la novela… Aquí no hay ni amago…




La descripción de ese sistema del horror es pobre. Un sistema del miedo y la muerte instaurado por los comunistas en la Unión Soviética, la ideología más asesina, letal, despiadada y horrorosa que ha habido, con sus muertes indiscriminadas, sus fríos asesinatos, sus prisiones torturadoras, depravadas, sus celdas de imposible truculencia, sus muertes indirectas o inducidas… El miedo justificado en una sociedad sometida por un “bien superior”, el de los mandamases del “Estado” y el mensaje populista, el del estado negador del individuo. A todo esto le falta retratarlo la película o al menos lograr una buena atmósfera que lo transmita, pero de nuevo, la falta de dimensión global lo impide. Aquel era un estado que vivía a gusto en el autoengaño y en la mentira hacia el exterior, un estado psicopático, perverso y criminal que se vende a sí mismo como un estado sin psicópatas, delitos ni crímenes. La negación de la naturaleza humana como fundamento último. La manifiesta incomprensión que las ideologías colectivistas han demostrado siempre de la naturaleza humana.

La homofobia, el antisemitismo (escalofriantes las purgas de homosexuales y judíos), el asesinato indiscriminado por conveniencia de mandos, ya sea por intereses personales o grupales, son aspectos que se obvian o se minimizan en su retrato. La crueldad psicológica, con esas presiones y amenazas, ese miedo eterno; y la física, con esas bestiales torturas, el aceite de alcanfor, los asesinatos, las muertes lentas, los gulags, las demenciales cárceles, las muertes a millares… millones… son retratadas por Smith en toda su brutalidad, atrocidad, mientras que aquí todo resulta ligero…

Es cierto que hay sutilezas en el relato de Espinosa, pero acaban resultando poco efectivas y se pierden en el marasmo de la confusión, una confusión que no sólo es narrativa, también se aprecia en la dirección, sobre todo de las escenas de acción y las peleas. Muy mal mostradas.

El trabajo de los actores es notable, ya destaqué a Tom Hardy, pero tanto Noomi Rapace (ambos actores coincidieron también en “La entrega” en el 2014) como Gary Oldman están muy bien también.

Los dos protagonistas de “Misericordia” y “Profanación”, Nikolaj Lie Kaas y Fares Fares, películas que os traje aquí hace poco dirigidas por Mikkel Norgaard, también participan en esta.

“El niño 44” es sofisticada, pasable como thriller de película, pero mala como adaptación.

Jorge García

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