miércoles, 18 de noviembre de 2015

Crítica de la película "Tu madre se ha comido a mi perro" (Peter Jackson, 1992)



by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)


Estas que leeréis por aquí, amiguitos, son palabras que dejé escritas hace mucho mucho tiempo, en concreto en diciembre de 2008. Os hablaba yo así: "Si os habéis fijado en la hora en la que he ido publicando entradas os habréis dado cuenta de que hoy no estoy trabajando. No piltrafillas, el año está a punto de finalizar y –decidido a no regalarle ni un minuto de más a la empresa- hoy me he quedado en casa para compensarme una serie de horas acumuladas que no pensaban remunerarme. Es por ello que -en pleno jueves laborable- os voy a ofrecer una de mis críticas cinematográficas". Pero ahora va la crítica de la muy aconsejable película.









En esta ocasión se trata de la recomendación de un compañero de trabajo, conocedor de mis gustos frikis, quien me instó hace poco para que consiguiera una copia de Braindead o –como se tituló en España- Tu madre se ha comido a mi perro. La cinta la dirigió hace algunos añitos un –entonces- principiante Peter Jackson, que ni en sus sueños más alucinados pensaba que en el futuro sería el autor del traspaso a la gran pantalla de El Señor de los Anillos.











La historia –una exaltación absoluta del gore más desmadrado llena de humor negro- cuenta, en resumen, cómo una madre tirana y sobreprotectora se convierte en zombie al ser mordida por un mono infectado mientras espiaba a su hijo para controlar su relación sentimental con la dependienta de una tienda de alimentación, que se llama Paquita y está representada por la excelente actriz española Diana Peñalver. En un principio, el chico cuida de su madre –que asesina a su enfermera y se come el perro de la novia de su hijo, entre otras lindezas- pero no puede evitar que esta escape y fallezca en un accidente. Y bueno amiguitos, no os contaré nada más. Opino que debéis disfrutarla sin conocer de antemano la retahíla de asesinatos, mutilaciones, sangre y profanaciones –científico loco y sacerdote karateka incluidos- que desfilarán por la pantalla. Los efectos especiales son de pena, eso sí, pero no sé si es porque la he visto mientras me bebía una copa de brandy a pequeños y espaciados sorbos, pero a mí esta obra capital del cine bizarro me ha divertido. La orgía de sangre final, cuando Lionel lucha con los zombies con la cortadora de cesped y Paquita hace desaparecer los cuerpos con la licuadora, es de antología. No os la toméis demasiado en serio y recordad, es solo una –extrema y malsana- ficción para estómagos fuertes.


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