jueves, 19 de noviembre de 2015

Crítica de "Bésame, tonto" (Billy Wilder, 1964)


por Möbius el Crononauta



Decía Cameron Crowe de Bésame, tonto que fue un film en el que Billy Wilder y I.A.L. Diamond buscaron sus límites, y los límites les aplastaron. La película era una adaptación de una obra cómica italiana de época, llevada a la Nevada de los 60, y desde el principio fue un rodaje problemático. El argumento del film, con equívocos sexuales y una especie de intercambio de parejas, suscitó muchas críticas, y tanto público y crítica como el mismo Wilder parecieron coincidir en que Bésame, tonto era un trabajo para olvidar.




Para cuando inició el rodaje de Bésame, tonto Wilder llevaba enlazados varios clásicos sublimes (Testigo de cargo, Con faldas y a lo loco, El apartamento, Uno, dos, tres e Irma la dulce), pero en esta ocasión las Musas parecieron levantar un poco la mano protectora que habían tendido sobre el austríaco. Para colmo, Wilder optó por darle el papel del marido profesor de piano a Peter Sellers tras la imposibilidad de contar con Jack Lemmon. La relación con Sellers no fue buena, y sus improvisaciones chocaban de lleno con el método del director, lo que llevó a inevitables tensiones en el plató. Finalmente Sellers sufrió un infarto y abandonó el rodaje, y Wilder decidió volver a rodar las escenas filmadas con Ray Walston, un actor de Broadway bastante popular por entonces gracias a la serie Mi marciano favorito.




Aunque Wilder no pareció quedar del todo contento con la sustitución de última hora, pasó buenos momentos en el rodaje gracias a las ocurrencias de Kim Novak y sobretodo de Dean Martin, con quién el director congenió enseguida. Sin embargo, el producto final se resintió de un guion que tal vez estaba demasiado encorsetado, y de las continuas presiones de ligas católicas y censores sobre tal o cual escena o sobre el escueto vestuario de la Novak.






Con todo, Bésame, tonto podría haber sido una simple comedia de almohadas como las que protagonizaban Rock Hudson y Doris Day de no haber sido porque al fin y al cabo el guión llevaba la firma de Wilder y Diamond, lo que asegura unas cuantas escenas memorables y algún que otro diálogo inteligente. Pero, finalmente, lo cierto es que Bésame, tonto no es Con faldas y a lo loco.





Aun así, ¿cómo no echarle un vistazo a un film que lleva la firma de Wilder? ¿Y cómo no disfrutar con un gran Dean Martin que se lo pasa en grande interpretándose a sí mismo (sin ir más lejos su personaje es un cantante de Las Vegas llamado Dino)? Por no hablar de la robusta espectacularidad de Kim Novak, cuyos contoneos y modelitos de suelta camarera de bar indignaron a muchas "gentes respetables" de la época. Pobrecillos, no se dieron cuenta de lo divina que era Kim.

Bésame, tonto no es un film histórico, pero tiene sus momentos; momentos Dino, y momentos Kim...


Möbius el Crononauta

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