miércoles, 11 de noviembre de 2015

Crítica de "Cronocrímenes" (Nacho Vigalondo, 2007): Review



by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)



Mis piltrafillas, hace unos años visioné una de las películas que más tiempo había estado esperando. A veces, cuando esperas algo con muchas ganas, en el momento en que lo consigues corres el peligro de sufrir una decepción, de que las expectativas sean mayores que el resultado final. No fue el caso aquella vez, amiguitos, y eso que lo que vie fue una copia en euskera, lengua que desconozco. Os estoy hablando de Los Cronocrímenes, de Nacho Vigalondo, una cinta que se estrenó mundialmente en 2007 y consiguió diversos premios internacionales –Amsterdam, Trieste, Texas, seleccionada en el Sundance Festival...- pero que, tras ser vista en más de treinta países, aún tuvo que esperar hasta el mes de junio de 2008 para que se proyectase en nuestras pantallas.

Sí, amiguitos, una película de la que Tom Cruise adquirió los derechos para realizar un remake y en nuestro país ha pasado casi sin pena ni gloria. En algunas capitales, incluso, ni se llegó a estrenar. En fin.














Pero, ¿de qué va la película?. El argumento se inicia cuando Héctor ve desde el jardín de su casa a una joven que se desnuda en el bosque vecino. Cuando –intrigado- se dirige hasta donde la ha visto, se encuentra con que está en el suelo y parece herida. Al acercarse a ella le ataca un hombre encapuchado armado con unas tijeras. Héctor logra escapar y se mete en una casa en la que pretende encontrar ayuda. Desde allí llegará a un laboratorio en el que una máquina le trasladará al pasado y a la explicación enrevesada de la historia de la que está siendo protagonista.

Con solo cuatro actores –uno de ellos el mismo director-, Vigalondo ha creado una complicada trama que te obliga a estar muy atento al desarrollo. Y, si bien he leído alguna crítica que afirma que el trabajo de los actores cojea, lo cierto es que –en mi opinión- el peso de toda la historia recae en un genial Karra Elejalde que logra transmitir angustia y cierta resignación a partes iguales. Os la recomiendo, piltrafillas, encarecida e insistentemente.

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