domingo, 22 de noviembre de 2015

Crítica de la película "Nightcrawler" (Dan Gilroy, 2014)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC


Magnífica película de Dan Gilroy que fue funestamente ignorada por la Academia en los Oscar del año pasado, teniendo que conformarse con una única nominación al mejor guion original. Esta obra oscura, morbosa y fría sigue la perturbada mirada de Lou Bloom, un “Príncipe” maquiavélico moderno mezclando un poco de Taxi driver (Martin Scorsese, 1976), otro poco de Crash (David Cronenberg, 1996) y una pizca de El ojo público (Howard Franklin, 1992).

Quizá esos paralelismo con los citados referentes han perjudicado en algunos sectores a la película, pero lo cierto es que se levanta con luz propia lo suficiente.




“Nightcrawler” va mucho más allá de una despiadada crítica a los medios de comunicación, es una crítica social sin que veamos nunca a ese público consumidor de truculencias y morbo, una de las grandes virtudes del film, así como un estudio sobre la ambición, en el seguimiento de ese pequeño Maquiavelo urbano.

Una progresión magníficamente llevada por Gilroy en pequeños y múltiples detalles desde que coge a su protagonista robando hasta que lo deja sumido en el éxito. Un hombre brillante, inteligente, sin preparación, autodidacta, sin escrúpulos, frío, decidió y ambicioso.

La película utiliza bien el contexto de la crisis para retratar a su protagonista y sus maquinaciones. Desde lo más bajo, capaz de cualquier crimen sin sentimiento de culpa y con total frialdad, a usar los propios vicios y necesidades de la sociedad, sociedad putrefacta, para lograr medrar. ¿El vehículo? Los medios de comunicación y el periodismo freelance (el autónomo de toda la vida).




Una demoledora crítica a esos medios morbosos que en realidad sólo dan la carnaza a una audiencia sedienta de emociones fuertes y a ser posible reales, pero una realidad diluida, matizada, reblandecida por la pantalla de televisión. Esto lo entenderá a la perfección Bloom, que acabará creando sus propias historias para venderlas, creando una ficción artística de la truculencia y la realidad, llevando un paso más allá la idea de “reality”… También ahí está El show de Truman (Peter Weir, 1998).

Bloom acaba convertido en un pervertido pretencioso, que pretende llevar el puro morbo a categoría de arte, algo que sólo él considera así... o no. Un arte raudo, improvisado, imprevisible y efímero. Lucrativo sobre todo.

Gilroy retrata la perversión del sueño americano con un hombre que se hace a sí mismo, autodidacta, que progresa gracias a los vicios, las taras y los defectos de una sociedad rota. El efectismo y la sensiblería como los ingredientes perfectos para llegar a ese concepto invisible e indeterminado llamado “sociedad”. Una sociedad que lleva al éxito a esos individuos sin escrúpulos, individuos que sí son mostrados y a los que se sigue, demostrando que en la individualidad está el verdadero poder.




El director usa muchos planos vacíos, sin nadie en el encuadre, sin personajes, sólo retratando el escenario, ya sea en interiores o en exteriores, objetos y estancias. Una sociedad despersonalizada.

El color también es muy significativo en la película y redunda en esa idea de artificio, de mundo cuasi virtual, con focos lumínicos de colores intensos, fríos (verdes, azules), que dan un tono esquizoide al conjunto, irreal.
Uno de los aspectos más interesantes de la puesta en escena y dirección de Gilroy, es que vemos muchos de esos hechos truculentos a través del visor de la cámara de Bloom o desde su punto de vista, resaltando así su perturbada mirada, alejada de la realidad, anestesiada, aséptica. También los vemos a través de monitores, incidiendo en esa idea, como matizando ese horror.

La intimidad ha dejado de importar. Ahora es un objetivo a conquistar, a pervertir, a desenmascarar, en una espiral amoral sin límite aparente.

Ni que decir tiene que Jake Gyllenhaal, uno de los actores más interesantes de la actualidad por su inteligencia a la hora de elegir proyectos, está sensacional. Resulta insultante que no estuviera nominado, especialmente viendo la terna de los que sí lo estuvieron a mejor actor.

Una magnífica película que está entre lo más destacado del año pasado, aunque no trascendiera tanto.

Jorge García

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