miércoles, 11 de enero de 2017

David Bowie - Live Santa Monica '72 (1994): Crítica review


por Alberto Iniesta (@A_Maqueda_8)
del blog Discos




En el momento en que se publique esto, se cumplirá un año y un día desde que Bowie se fuese por siempre a las estrellas y nos dejase huérfanos. Me apetecía hacerle un pequeño homenaje, y como sus directos oficiales nunca han sido de mi agrado, me he decidido a echarle unas orejas a este bootleg que salió de forma oficial hace ocho años y medio. El resultado es más que satisfactorio, hay momentos muy disfrutables y por momentos se hace un gran disco.




Hay varios factores que influyen a que el producto sea el que es. Uno de ellos, la gran banda que tiene detrás: Mick Ronson, que también tocó con Van Morrison o el mismísimo Bob Dylan, Trevor Bolder, quien tocara con los grandísimos Uriah Heep, Woody Woodmansey a las baquetas, media vida al lado del Duque, y Mike Garson, de quien han disfrutado también Nine Inch Nails o los Smashing Pumpkins. Otro de los factores esenciales: el año. 1972 fue uno de los puntos álgidos de creatividad de David Bowie, fue el año de Ziggy Stardust and the Spiders From Mars, que consiguió algo que no había conseguido Hunky Dory, siendo este último un gran álbum. Fue el año en que (por fin) se le empezó a conocer por algo más que por Space Oddity. Y de uno de los conciertos de presentación de ese disco salió este bootleg. Rock on!





El comienzo del disco está dominado de manera notable por el sucio sonido de las furiosas cuerdas de Mick Ronson. Es el momento de Hang On To Yourself y Ziggy Stardust, canciones que muestran el lado más rockero del Duque. Aunque él no se encasquetara en ninguno y sea uno de los tipos más camaleónicos que hemos conocido, de momento aquí nos enseña las garras a base de rock and roll. Con Changes llegan una pausa y unos buenos arreglos que nos destapan una de sus mejores letras: “el tiempo quizá me cambie, pero yo no puedo rastrear el tiempo”. Life On Mars suena muy correcta, quizá demasiado, y carece de la épica alcanzada en el estudio. Es probablemente, junto a la inclusión del tema Andy Warhol, el gran pero que se le puede poner a este disco para no considerarlo al nivel de un Strangers In The Night o un Made In Japan. No obstante, la gran progresión de Five Years deja un gran sabor de boca que compensa con creces la falta de épica.




La calma vuelve con los acordes de Space Oddity, que suena tan deliciosa como lo hiciera en el 69, cuando era un pequeño desconocido. El aura de intimidad que desprende es de esos que te impulsa a agarrar la guitarra y tocarla para olvidar un mal día. Sin duda, una de las canciones más intimistas de Bowie. Y hablando de intimismo, especialmente brutal la versión de My Death, original de Jacques Brel, de quien David Bowie supo a raíz de su devoción por Scott Walker, quien hizo algunas versiones de Brel en sus primeros LPs. Aunque si hablamos de versiones, imperdible el repaso que hace Bowie del I’m Waiting For The Man de la Velvet de su amigo Lou Reed. La toca como si de un tema suyo se tratase, algo que no sorprende en exceso si se tiene en cuenta que ese disco es uno de sus favoritos. Le da un vuelco similar al que Lou le dio a Sweet Jane en su álbum en directo Rock N’ Roll Animal. Aunque sin duda el mejor momento del disco musicalmente hablando se encuentra en The Width Of A Circle, que en sus más de diez minutos es una auténtica joya, demostrando que cuando quería el traje de Led Zeppelin le sentaba como si fuese suyo. Los solos de Mick Ronson alcanzan su mayor grado de virtuosismo aquí, en el que es sin ninguna duda uno de las mejores composiciones de su carrera.

En Queen Bitch y Moonage Daydream la guitarra vuelve a ser protagonista, y alcanza el sonido más glam rock en el single John, I’m Only Dancing, que te la puedes imaginar sin esfuerzo cantada por Marc Bolan. Jean Genie suena excelente y compacta, poniendo los dientes largos al público (todavía faltaba un mes para que saliera como single y alrededor de medio año para que Aladdin Sane viera la luz.) Suffragette City es una de las que más gana respecto al estudio, con una fuerza que le sienta impecable al otorgarle un aroma a rock and roll que da lugar a una atractiva combinación con ese pegadizo estribillo no menos ambicioso que un David Bowie en plena conquista del mundo. La calma de Rock & Roll Suicide pone fin a todo esto de la mejor manera. A Bowie le echamos de menos, pero nos queda su música. No se me ocurre mejor homenaje que hacer que sus discos nos acompañen durante muchos momentos de este y de todos los años que nos queden de vida. ¡Gracias por tu legado, Duque!


I’m Waiting For The Man


The Width Of A Circle


Suffragette City


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