sábado, 10 de mayo de 2014

Crítica de la película "Jack Ryan: Operación Sombra" (Kenneth Branagh, 2014)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



El 1 de octubre de 2013 Tom Clancy nos dejó. Autor de múltiples best sellers, thrillers políticos e intrigas policíacas, sus obras eran ideales para ser adaptadas al cine, lo que ha ocurrido en cinco ocasiones, contando la que nos ocupa. Libros muy entretenidos.
Se han realizado cuatro películas con el personaje de Jack Ryan como protagonista, esta es la 5ª. “La caza del octubre rojo” (John McTiernan, 1990), “Juego de patriotas” (Phillip Noyce, 1992), “Peligro inminente” (Phillip Noyce, 1994) y “Pánico nuclear” (Phil Alden Robinson, 2002) son las cuatro que se anticiparon a este reboot.



Este nuevo Jack Ryan supone una agradable reactualización del thriller de Guerra Fría con rusos malos que pretenden hundir Estados Unidos a todos los niveles.

El gran Kenneth Branagh se traviste de artesano de lujo, como ya hiciera en “Thor” (2011), y factura un thriller sofisticado y trepidante, que no dura mucho más de hora y media, con tres partes y una introducción bien diferenciadas. La introducción es verdaderamente notable y define al personaje protagonista con absoluta precisión. La primera parte en América plantea y desarrolla la intriga, sentando las bases del suspense de forma muy apreciable, aunque una mayor dosis de densidad no le hubiera ido mal. La segunda parte es en Moscú y tiene excelentes escenas con nuestro agente ya operativo, donde Branagh se luce tanto en la acción como en el manejo del suspense elegante, dejando momentos de excepcional pulso narrativo y trepidante ritmo, aunque con el problema de la que relación amorosa de la pareja, que recuerda a “Mentiras arriesgadas” (James Cameron, 1994), no termina de funcionar, resulta forzada, como metida con calzador, simplista y esquemática, y donde el trabajo de Keira Knightley no ayuda en demasía. La última parte es dedicada a un clímax desenfrenado donde Branagh demuestra que es capaz de moverse por cualquier estilo y situación, que el thriller moderno no tiene secretos para él.




Branagh ya demostró un talento innato para la acción, no sólo en “Thor”, sino en “Hamlet” (1996), una de las mayores obras maestras de los últimos años, por ejemplo. Aquí realiza un gran clímax repleto de vigor y nervio con las persecuciones y la carrera final en la furgoneta como elementos más destacados.

Es imposible no mencionar las cintas de Bourne o de “Misión imposible” cuando vemos este reboot de la saga de Jack Ryan, donde incluso la dirección de Branagh recuerda el estilo, en ciertos aspectos, de la saga protagonizada por Matt Damon.

Uno de los elementos más interesantes del guión y la puesta en escena es el uso de objetos de forma anticipatoria, la moto, el plano de la pistola con la llegada del personaje de Keira Knightley a Moscú, el anillo localizador, la bombilla…

También son destacables los planos detalle, especialmente de manos, escindidos, que retratan pequeños gestos definiendo estados de ánimo. Por supuesto, habrá de todo, brillantes travellings; picados; magníficos juegos con reflejos, como el inicial con las Torres Gemelas; presentaciones brillantes donde las espaldas y las nucas tendrán especial protagonismo… Una dirección brillante, como siempre en Branagh, perfectamente integrada a las exigencias del género.




Uno de los elementos más sobresalientes lo tenemos en cómo retrata Branagh a su protagonista, su nerviosismo, inseguridad, inexperiencia, desconcierto de novato, detalles que engrandecen al personaje, que al contrario de lo que ocurre en otras películas, donde aunque sea su primera misión parece que lo han hecho toda la vida, aquí le veremos con miedo, nervioso e impactado. Un novato que aunque competente sufre la conmoción al adquirir conciencia de sus habilidades.

Son muchas las escenas a destacar, desde las de acción con el mencionado clímax o la lucha en la habitación del hotel a la llegada de Ryan (Chris Pine), al suspense con la mascarada que la pareja pretende hacerle al villano Branagh para robar unos datos. La escena de la bombilla con un Branagh más sádico y morboso que nunca es un ejemplo del inmenso talento del actor/director británico.

Además de todas estas virtudes en la dirección siempre hay que destacar el excelso trabajo de Patrick Doyle en la banda sonora, el habitual colaborador de Branagh es un valor seguro de la más alta calidad.

En el debe tenemos la historia de amor, que queda muy simplista y bastante pobre, aunque regala dos homenajes cinéfilos de primer nivel, uno a “La semilla del diablo” (Roman Polanski, 1968) y otro, que me ha maravillado, a la poco conocida obra maestra que es “Voces de muerte” (Anatole Litvak, 1948), una cinta que recomiendo fervientemente a todo cinéfilo que se precie. Dos homenajes perfectamente integrados con los sucesos de la trama y que dan algo de enjundia a esa relación, como ocurre con el cuadro de Napoleón que mira Branagh en su despacho.




Esta relación es lo peor de la cinta, aparte del convencionalismo innato de la misma, y aunque tiene algún momento de guión bueno, como la escena de la cena, casi todo en ella sobra, le falta elaboración y verdadero peso… Incluso la resolución del breve secuestro resulta una escena gratuita si no fuera por el mencionado y excelso momento de la bombilla.

El trío masculino está magnífico, desde la sobriedad de Costner y talento emergente de Chris Pine, que nos presenta un héroe novato y competente francamente acertado, hasta la maestría de Kenneth Branagh, que se saca con total naturalidad y sencillez un gran villano, con escenas magníficas. Branagh se lo pasa muy bien en la dirección y en la actuación.


Un thriller bastante sofisticado, entretenido, convencional, sin elementos de originalidad, pero con gran pulso narrativo y de dirección y buenas interpretaciones. Una buena opción para pasar un buen rato.

©Jorge García

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