miércoles, 28 de mayo de 2014

The Smiths - Strangeways Here We Come (1987): Review. Crítica del disco



por Addison de Witt (@Addisondewitt70)




Si hay una banda adherida a mi fibra emocional, esa es The Smiths, no me preguntéis por qué, no tengo ni puta idea, pero es así. La pasión contenida y dosificada que desde hace tres décadas siento por los de Manchester es irresistible y además abolida con deportividad por quien suscribe.

Recuerdo con 14 años cómo descubrí al grupo en casa de un amigo de la escuela. Era heavy y cuando salíamos de clase subíamos a su casa e invadíamos el cuarto de su hermano mayor, tenía un equipo Philips muy chulo y un buen número de vinilos. A muchos de los grupos que nos encontrábamos en las estanterías del mueble que albergaba el equipo no los conocía. Recuerdo que allí estaban Genesis, a los que conocía por tratarse de la antigua banda de Phil Collins, entonces en la cima de su gloria comercial; Jethro Tull, cuyos discos nunca pinchábamos, cosa que sigo haciendo hoy, no pincharlos digo (con perdón, pero así es), además un montón de grupos heavys: Scorpions, Iron Maiden, Judas Priest o Black Sabbath... y además un par de vinilos de unos tales The Smiths. Nunca olvidaré cuando pinchamos Meat is Murder, mi primer disco de la formación. Me encantó el sonido que escupieron aquellos bafles, claro y luminoso, diferente a cualquier otra cosa que yo hubiese escuchado, un sonido limpio, casi higiénico, guitarras brillantes, percusión violenta en su edulcorado sonar metálico, y una voz, o una forma de cantar personal, como hablándome a mi en exclusiva, ¡¡¡un flechazo!!!



Aun hoy sigo percibiendo lo mismo cuando escucho aquel "The Headmaster Ritual" con su estribillo cacareado...Nadie conocía a The Smiths, al menos nadie en mi entorno, decía que me gustaba The Smiths y la gente me ponía una cara de extrañeza y susurraba un -mira que eres raro tío-, tampoco eran habituales sus temas en las FM de la época ni aparecían por Tocata sus clips y menos aún ellos en el estudio haciendo el Play-Back de entonces.

Pasados los años y recuperado el grupo por muchos en los noventa y luego, en el nuevo siglo, a rebufo de la exitosa carrera de Morrisey, convertidos en grupo de culto, actualmente parece que todo dios era fan de ellos, ¡pues no!, al menos en mi entorno no los conocía ni el tato, yo y poco mas...eran mi tesoro.

Tras el triunfal The Queen is Dead, recuerdo oír en alguna ocasión "Bigmouth Strikes Again" en la radio. Estuvieron por aquí en la exitosa gira del 86 y tras un recopilatorio con temas inéditos y caras B de singles que pasó desapercibido titulado The World Wont Listen apareció el que a la postre sería último disco de estudio del grupo: Strangeways Here We Come.




Recuerdo llegar a casa con la cassette, aun la conservo y pincharlo ansiosamente, el primer tema me sorprendió, no me encontré la sonora y embaucadora guitarra que acostumbraba a abrir sus discos, era un piano el que nos daba la bienvenida, un instrumento que se me antojó extraño e inédito en los chicos de Johnny Marr y Paul Morrisey, la vocalidad tampoco me era del todo familiar, era Morrisey, pero cantaba menos histérico y más arenoso...pero melódicamente el tema funcionaba como un tiro, daba un paso al frente en las cualidades sonicas de la banda, me sorprendió pero me convenció, ambos sentimientos llegaron casi de forma simultanea, es la sublime "A Rush & A Push and The Land Is Ours".

A partir de ahí todo fue rodado, las distorsiones primero y los nervios a flor de piel de las guitarras chillonas y líricas de Marr, la energía en la base rítmica de Rourke y Joyce y un estribillo fluido, dúctil y devastador ponía a servidor en su sitio, era el magnifico "I Started Something I Couldn't Finish".

"Dead of The Disco Dancer", es un clásico del grupo, pop con sonoridades de fondo que de repente se mezclan con una guitarra que entona un arpegio dulce y la melodía llora, Morrisey conduce la extraña letra con voz meliflua y ágil, otro temazo a la saca, y otro mas en la juguetona "Girlfrien in a Coma", toda ella un estribillo de pegajosa melodía que se adhiere al cerebro y no lo puedes sacar, muy The Smiths, igual que "Stop Me If You Think You've This One Before", activa y escurridiza, rítmica y elegante, se arrastra como un reptil y brilla como una estrella, un tema ambigüo de los que dominaban los de Manchester, Morrisey al 100%.

La segunda cara se abre como la primera, con teclas, una balada no del todo Smith, una introducción de piano un tanto extraña con ruido de muchedumbre de fondo y un golpe sonoro, ritmo, bajo haciendo temblar la piel del altavoz, batería haciendo subir y bajar las luces del equalizador, denso muro de sonido y melodía de embelesada linea cubierta por la voz sin igual de Morrisey, un tema de autentico perdón: "Last Night I Dreamt That Somebody Loves Me", extraño y onírico.

Mas clasicismo marca de la casa con la saltarina "Unhappy Birthday", corre por tu aparato nervioso, veloz como un coche robado, y no me preguntéis que me pasa con "Paint A Vulgar Picture", semidesconocida para la mayoría, parece que solo yo he reparado en ella, pero es uno de mis temas favoritos de la banda de toda su discografía, desde esa guitarra inicial básica, casi infantil, golosa y la melodía como esparciéndose, como un globo que se eleva hacia el cielo con el cordel que lo ata a tierra a punto de romperse, con esa incertidumbre siento y la melodía y la fragilidad de la voz de Morrisey en unos agudos desafiantes en el estribillo, un tema que me gano en el segundo uno hace ya mas de 25 años y que me sigue subyugando.

La breve y supersónica "Death At One's Elbow" de estridente melodía y febril ritmo atropellador en base y guitarras de cítrico regusto da paso a la bella balada de tendencia acústica "I Want Share You" que da por finalizado el disco y la trayectoria discográfíca oficial de tan tremendo grupazo, final con una triste melodía que parece despedirse con lágrimas en las corcheas, bella y altiva canción.


No me atrevo a decir que este es el mejor disco de The Smiths, no lo es, pero si yo me tuviese que quedar con uno para el resto de los días, este sería el elegido, porque a veces el disfrute de la música va mas allá de los oídos, eriza algo mas importante que la piel, tiene mas que ver con el corazón, con los sueños de adolescencia que vuelven a atacar en la madurez ante la escucha de un disco, ante la lectura de un poema, ante el visionado de una fotografía, aunque músico, poeta y fotógrafo tengan mejores obras, eso me ocurre a mi con este Strangeways Here We Come, un disco muy especial para mí.

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