domingo, 11 de mayo de 2014

Eurovisión, Conchita Wurst and me


Llevo unos muchos años que a mí Eurovisión ni fu ni fa (aunque más bien tirando a fu). Es un lastre del pasado que uno todavía ve en familia, o no, para ver cuál es la frikada de esta edición y, de paso, a ver si España se lleva 0 puntos o gana por fin (y de nuevo) de una puta vez. En realidad, me interesa menos que si el kilo de tomates subió 5 céntimos desde la semana pasada, pero me gusta ser resultón.


Pues bien, estaba yo anoche, como suelo hacer las de los sábados que no salimos y el calorcillo empieza a apretar; estaba yo -decía- en mi balcón/terraza con mi yintoni y degustando un sabroso cigarrillo cuando la voz de mi pequeño llegó hasta mis tiernas orejitas: ¡Ven, papá! ¡Ven! (el pobre estaba viendo Eurovisión mientras hacía no sé qué en el ordenata, pero le llamó poderosamente la atención lo que salía en tal momento por la caja tonta y quiso compartirlo con su progenitor). ¿Qué estaría pasando para que el pequeñajo se viese obligado a interrumpir el reposo del guerrero?

Asomé la gaita y me encaré con la tele: era un travesti con barba de varios días. Me entró la risa tonta de repente al verlo. No me malintrepetéis: después de lo del Chiquilicuatre y demás fauna me espero cualquier cosa; pero, ¿qué queréis que sus diga, trons? Me entró la risa, jaja. Fue una risa fugaz, eso sí, y volví a mi cubata enseguida, de modo que la imagen de la mujer barbuda pasó en un momento a mejor vida.

Pasó un rato, un rato largo y placentero, y lo era porque un airecillo fresquito se levantó y esa brisa acariciaba mi tez de vez en cuando, masajeándome las pantorrillas. Estábamos con el segundo cubata. Otra vez (ahora los dos: el mayor ya había regresado también) me avisaron de que Conchita Wurst que, como me hicieron saber, era el sobrenombre de el/la respresentante austríaca Tom Neuwirth, iba en cabeza. Me dije (les dije): Desde que llegó la moda de que los países siempre se votan los mismos entre ellos, el que sabe que no va a ganar echa el resto y, si tiene que quedar en ridículo, lo hace ganándoselo por méritos propios.

Me equivocaba, claro. Conchita cantaba bien. Coño, no era rock, pero cantaba bien, y más allá de la novedad (no recuerdo que antes un travesti, y menos con esas barbas de chivo, actuase en Eurovisión) quizá fue un premio bien dado. Sí, ya sé que España también se lo mereció, pues me informan que la chica (una tal Ruth Lorenzo) entonaba cojonudamente, pero el excéntrico barbado puso toda la carne en el asador y se llevó el gato al agua. Por cierto, cuando actuó la española, me asomé para echarle un ojal. No había escuchado la canción: soy ansí. Aguanté hasta que comenzó a pronunciar las tes como si fueras ches. Es una cosa dulzarrona y orteril que no aguanto, así que me fugué de nuevo y la dejé ahí sola ante todos vosotros, que seguro que os tragasteis el programa enterito. Ego vos absolvo, bellacos.


Conchita Wurst - Rise Like a Phoenix



Ruth Lorenzo - Dancing in the Rain


ZRS

1 comentario:

  1. Qué quieres que te diga. Ángel: esa barba se merece todo el respeto del mundo.

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