martes, 13 de mayo de 2014

The Pretty Reckless - Going To Hell (2014): Crítica del disco (review)


por Blue Monday (@BlueMonday1971)


¿Es Taylor Momsen una niña prodigio?. Bueno, con sólo 13 años interpretaba el papel de Jenny Humphrey en Gossip Girl y dos años más tarde formaba en Nueva York una banda llamada The Reckless guiada por el productor Kato Khandwala. Aquella banda derivaría en The Pretty Reckless y tras algunos cambios de formación quedaría compuesta por la propia Momsen como vocalista y guitarrista, por Ben Phillips como guitarrista, por el baterista Jamie Perkins y por el bajista Mark Damon. Tras firmar con Interscope Records lanzaban su más que interesante debut, Light Me Up, en agosto de 2010, recién cumplidos los 17 añitos de Taylor Momsen. Juzguen ustedes mismos.



Aquel Light Me Up era un trallazo de hard rock que mostraba sin tapujos la potencia y versatilidad de Taylor Momsen y que se iba a confirmar con The Pretty Reckless en ese mismo año 2010 y con Hit Me Like A Man en 2012, dos EPs que no hacían sino corroborar la solidez de la joven banda al tiempo que convertían a Taylor Momsen en ansiado objeto de deseo, algo que seguramente ella se encargó de agudizar, atrayendo a otros públicos pero ocultando en cierto modo la calidad palpable de una banda con mucho talento. Festivales y conciertos quedaban rendidos ante la sensualidad o sexualidad que desprendía la vocalista, tal vez sin apreciar el asalto de hard rock que acababan de presenciar.

The Pretty Reckless acaban de estrenar su segundo larga duración. Se llama Going To Hell y ya desde su sugerente portada revela su temática. Taylor Momsen entierra definitivamente a la niñata a la que interpretó en aquella dichosa serie, y ayudada por Ben Phillips en las labores de composición se cruje un álbum que si bien no llega a ser conceptual, enlaza la mayoría de los cortes con el nudo del pecado y su aceptación o regocijo, algo similar a lo que hicieron Buckcherry en 2013 con su tremendo Conffesions, esta vez impregnado del rancio olorcillo de la escuela católica. Como decíamos, esa imagen de lolita cachonda va a perjudicarlo, y es que Going To Hell es un fabuloso disco.




La producción de Kato Khandwala es excelente, y dota al álbum de la pulcritud y limpieza necesaria dentro de ese ambiente sucio y enérgico de la banda, en un intento bastante loable de hacerlo más audible para las grandes audiencias, grandes audiencias que seguramente no pasarán del culo de la Momsen en la portada del disco. Error y de bulto porque, una vez dentro del artefacto, la satisfacción es absoluta. Letras compuestas en su mayoría por Taylor Momsen y Ben Phillips y que indican una cierta madurez compositiva, sobre todo teniendo en cuenta la edad de la vocalista. Sexo y pecado, culpa y arrepentimiento, tabúes que la educación católica imbuyó en la mente de sus alumnos, castigos divinos de los que Taylor Momsen trata de desembarazarse en Going To Hell.




Going To Hell es un refrescante artefacto de hard rock de estadio, de una comercialidad bien entendida, en el que retazos de glam, industrial o años setenta revelan que no todo es imagen. Voces a la altura en el deseo de encontrar una femenina que de el relevo a las que todos tenemos en mente, riffs poderosos y soporte rítmico convincente para un disco que sin escucharlo genera suspicacias que quedan enterradas al hacerlo. Rock de primera clase empapado de diversidad melódica que abarca desde los temas más contagiosos hasta los más vulnerables.

Por supuesto, y sin tener en cuenta su imagen, Taylor Momsen está fabulosa a lo largo de todo el álbum. Su voz debe pronto convertirse en un referente, y a sus 20 años tiene tiempo para ello. Agresiva cuando debe serlo, más dulce cuando lo requiere el tema, caliente o aterciopelada, el registro vocal de esta chica es digno de ser tenido en cuenta. Las guitarras de Ben Phillips fabrican contundentes riffs que guían Going To Hell por la senda del hard rock de quilates, y el sólido bajo de Mark Damon y la poderosa batería de Jamie Perkins se convierten en el soporte rítmico ideal para el tipo de sonido que proponen Momsen y Phillips.




"Follow Me Down" abre Going To Hell a lo grande: llueve y una tía se masturba antes de que un poderoso riff convierta la pista en un trallazo de rock duro. El sexo y el pecado desparraman cambios de tempo en los que Momsen se insinúa de manera poco sutil. Ella canta al deseo, y por aquí lo celebramos, aunque a muchos les avergüence. Después "Going to Hell" se conduce por el excepcional trabajo de Jamie Perkins y ofrece magníficos riffs metálicos salpicados por el hosco gruñido de una Momsen que va confesando sus pecados sin arrepentirse de ellos al ritmo que marcan los riffs y un estribillo implacable que recuerda a Alice Cooper.

"Heaven Knows" rinde tributo musical a Joan Jett y su "I Love Rock 'n' Roll" merced a un buen estribillo con coro infantil y letras que reflexionan sobre esos pecados a lo que cantaba Momsen en el tema anterior. Continúa el álbum con "House On a Hill" y su inicio con latido y guitarra acústica antes de tornar en un tema en el más puro estilo Evanescence en el que no se sabe si ha llegado el apocalipsis zombie o si son las almas perdidas las que tratan de expiar sus pecados.

"Why'd You Bring a Shotgun to the Party" es venenosa líricamente y en cierto modo sleazy instrumentalmente para una declaración sobre la juventud de hoy mecida por un fantástico y sucio riff y un estribillo estridente antes de la llegada del colosal "Sweet Things", de riff pesado y una prodigiosa voz de Momsen abrazando al diablo para un trallazo de hard rock pleno de guitarras con un solo demoledor de un Phillips cuyos riffs de inicio tornan en algo parecido a Alice In Chains antes de que Momsen devuelva la inocencia al tema.

"Burn" es una breve balada acústica que muestra las habilidades vocales de Momsen, esta vez suave y aterciopelada para unas letras sobre algo parecido al arrepentimiento, "Blame Me" sirve unas letras sobre la aceptación de la culpa de todo lo supuestamente malo que se ha hecho en la vida, "Dear Sister" es un corte de menos de un minuto y de aspecto bluesy con la voz de una Momsen que muestra algo parecido a la vulnerabilidad y una guitarra acústica en formato nana psicodélica y "Absolution" inicia al modo country para luego estallar en un tema demoledor que trata de defender la responsabilidad de los actos y las consecuencias.

"Fucked Up World" muestra de nueva a un excelente Perkins para unas letras clásicas sobre sexo, drogas y rock, esta vez no abrazándolos, sólo preguntándose como hemos llegado hasta esto. Un temazo que cuenta incluso con un interludio cargado de sensualidad, riffs clásicos y ambiente setentero antes de que finalice el álbum con "Waiting for a Friend", anclando sus raices en el country, pero sólo haciéndolo al modo de The Pretty Reckless, con guitarra y armónica y Momsen en una deliciosa entrega vocal a lo Sheryl Crow sobre lo realmente sola que puede llegar a sentirse una persona.


Going To Hell es definitivamente un paso adelante para The Pretty Reckless. Cuando la cabeza visible de tu banda es alguien, como es el caso de Taylor Momsen, con bastante tirón mediático, muchos advenedizos van a acudir a su llamada, pero es más cierto aún, que si el artefacto es una mierda todos se van a largar y el álbum va a ser rápidamente pasto del olvido. En el caso de Going To Hell al contenido le sobra potencia y calidad y permite vislumbrar en el horizonte la figura de una vocalista de hard rock que marque una época, como ya hicieron otras, secundada, por supuesto, por una banda a la altura.

©Blue Monday

1 comentario:

  1. la banda preferida de mi hija... me gusta que no escuche basura entonces... salu2....

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