domingo, 21 de junio de 2015

Crítica de la película "Cabaret" (Bob Fosse, 1972)


Möbius el Crononauta



Para mí es sin duda uno de los grandes hitos de la historia del cine, de las mejores películas de la década de los 70 y uno de los mejores musicales que haya visto. El director del film, Bob Fosse, hombre renacentista donde los haya, no suele estar en boca de críticos y público cuando hacemos retrospectiva de aquella magnífica década del siglo pasado. Pero fue sin lugar a dudas uno de los mejores directores de su generación, amén de coreógrafo, cantante, bailarín...


Billy Wilder y Gene Kelly habían rechazado la propuesta de dirigir esta película hasta que llegó a manos de Fosse. Una vez visto el resultado, uno no puede dejar de admirar la maestría con la que llevó a cabo el proyecto.




Una de las mejores bazas de la película es su estrella, Liza Minnelli. Éste fue sin duda el papel por el que será recordado siempre. Su magnífica voz, talento, esos grandes ojos y su desparpajo la convirtieron en digna sucesora de su madre, la mítica Judy Garland. Liza logró impresionar a un nada impresionable Bob Fosse, y este dato ya habla por sí solo.

El Kit Kat Club, el cabaret del que nos habla la historia, es un microcosmos que refleja la turbulenta historia de la Alemania a principios de la década de los 30. Una Alemania en bancarrota, humillada tras la Primera Guerra Mundial, pero que sin embargo aglutina en su capital, Berlín, un crisol donde la cultura y el arte europeos viven uno de sus mejores momentos. Sin embargo, a la vuelta de la esquina, el auge del nazismo ensombrece todo porvenir de paz y progreso en el corazón de la vieja Europa.


Cabaret está plagada de grandes momentos y sublimes metáforas visuales. Comenzando por las espléndidas coreografías creadas por Fosse y la estimulante banda sonora del film, pasando por las magníficas interpretaciones de Michael York, la propia Minnelli o Joel Grey (el maestro de ceremonias, a quien ya interpretó en el musical de teatro, y que fue impuesto a Fosse por los productores), y acabando por el enorme pulso del que dotó Fosse a la película. Basten para el recuerdo esos inquietantes reflejos al comienzo y al final del film, acertadísimo recurso narrativo; o ese travelling siguiendo en un paseo a Sally y Brian (Minnelli y York respectivamente) donde podemos contemplar al fondo un muro plagado de carteles electorales, la mayoría rasgados, cubiertos de pintadas de los respectivos partidos políticos que pugnaban en aquella tumultuosa época por el poder. O la impactante escena de la merienda campestre, donde al son de la épica composición "Tomorrow belongs to me" un joven de las Juventudes Hitlerianas levanta literalmente al pueblo de sus sillas para unirse todos cantando el himno patriótico que marca el amanecer del sol nacional-socialista. Por muchas veces que vea ésta película nunca dejo de sentir escalofríos al contemplar la susodicha escena.


Innegable clásico del que son deudores muchos musicales cinematógraficos posteriores (la exitosa Chigago, sin ir más lejos) y que recibió 8 premios de la academia, entre ellos mejor director, actriz (Liza Minelli), actor secundario (Joel Grey), fotografía y otros premios técnicos. Sin embargo, el de mejor película recayó aquel año en El padrino. Sin duda eran mejores tiempos para el cine.

No quisiera cerrar esta entrada sin mencionar a la actriz Marisa Berenson, mujer de singular belleza y elegancia, con un par de ojos de un enigmático azul que a quién esto escribe le tienen subyugado.

©Möbius el Crononauta





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