jueves, 11 de junio de 2015

Crítica de la película "La Profecía" (Richard Donner, 1976)


Möbius el Crononauta




Los remakes normalmente servían para contar una historia con un distinto enfoque. Otra veces servían como actualización del tema tratado. Hoy en día parece que un remake simplemente revela una sequía de ideas en la fábrica de sueños de Tinseltown.


A raíz del estreno el pasado año del remake de "La Profecía" recordé los momentos de suspense que pasé cuando vi el film de Richard Donner por primera vez. Donner, tras haber trabajado en la televisión y haber filmado un par de films menores, logró el reconocimiento con esta cinta. En su día "La Profecía" fue un gran éxito, con un coste mínimo que reportó a la Fox grandes beneficios que sirvieron para producir "La Guerra de la Galaxias". Doble virtud pues la de esta película.




Uno de los aciertos y pilares fundamentales de la cinta de 1976 fue el acertado casting. El siempre efectivo Gregory Peck ofreciendo uno de sus últimos grandes papeles; Lee Remick, actriz también clásica, y David Warner, uno de mis secundarios favoritos. Pero sobre todo el acertadísimo papel de Damien para el infantil Harvey Stephens, un niño realmente aterrador de mirada fría e inquietante, cuyo sucesor en la nueva película profética simplemente no está a su altura. Por cierto, el señor Stephens aparece en el remake como periodista. Un pequeño guiño habitual en estos remakes (recordar sin ir más lejos la presencia de Peck y Mitchum en el ramek de "El cabo del terror").




También merecen una mención especial Patrick Troughton, el sombrío sacerdote mensajero del Apocalipsis, cuyos ojos gélidos son difíciles de olvidar, y Billie Whitelaw, la escalofriante niñera del niño hijo del diablo, Damien, que recuerda a aquella Sra. Danvers de la "Rebeca" de Hitchcock.

La idea del film partía de la premisa de un Anticristo llegado al mundo en forma humana, un pequeño bebé. El guión, escrito por David Seltzer, fue rechazado en todos los estudios a los que fue enviado. Al parecer, cuando Richard Donner se interesó por el proyecto, rehízo la historia dejando a un lado machos cabríos y símbolos satánicos, decidido a rodar un film de suspense más que un film de terror.




Su objetivo era filmar una historia ambigua, que se podría resumir en el siguiente interrogante: ¿Es Damien el hijo del diablo ¿O, por el contrario, es el personaje de Peck, Robert Thorn, un loco? El embajador Thorn es llevado al límite por una serie de circunstancias que podrían ser casuales: varias muertes que podrían ser bien suicidios o accidentes, lo que convertiría toda la trama en un enorme cúmulo de casualidades y encuentros con dementes que llevan a Thorn a creer que su hijo es el Anticristo y debe ser exterminado.




A mi parecer, de algún modo, Donner no consigue del todo su objetivo, y parte de esa ambigüedad se pierde en un ambiente tétrico que inmediatamente identificamos con lo diabólico.

Ese ambiente se consiguió en gran parte gracias a la composición de Jerry Goldsmith, cuya banda sonara para la película le valió un premio de la Academia y una gran fama. Por otro lado, Goldsmith supo también jugar con los silencios y dotar a la película de una tensión irresistible.




Por último, la dirección de Donner fue magnífica, con sencillos planos y cortes (el montador fue Stuart Baird) muy efectivos que daban a las escenas una fuerza capaz de impactar todavía hoy al espectador. Como muestra, valgan las escenas del suicido de la primera niñera (Holly Palance, hija de Jack Palance) o la muerte del sacerdote, que proviene a su vez de una escena con bellos encuadres donde Thorn se entrevista con el padre Brennan.

La Profecía, una película para ver en la penumbra en uno de esos días de invierno donde el frío y la lluvia le hacen a uno quedarse en casa resguardándose del mal. Aunque, quién sabe, a lo mejor esa persona amada que abrazáis con cariño tiene la marca del diablo en alguna parte de su cuerpo...

©Möbius el Crononauta

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