domingo, 28 de junio de 2015

Crítica de la película "El destino de Júpiter" (Andy Wachowski, Lana Wachowski, 2015)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC

Gigantesca mediocridad de los Hermanos Wachowski, que tras “Matrix”, la primera, apenas han levantado cabeza.

Con las secuelas de la trilogía de “Matrix” ya quedó claro que los Wachowski estaban algo sobrevalorados, que dieron en el clavo con una gran idea que ejecutaron maravillosamente, sudando sangre para sacarla adelante, pero que no supieron continuar en absoluto. Desde entonces los presupuestos altos han abundado para que pudieran hacer todo lo que se les ocurriera, pero tan solo han dado muestras de talento en “El atlas de las nubes” (2012) y con el guión de “V de Vendetta” (James McTeigue, 2006) sus demás títulos han resultados estrafalarios, mediocres y vulgares, eso sí, muy vistosos…




Jupiter Jones (Mila Kunis) tiene una vida vulgar y dura, limpiando casas y retretes. Su padre fue asesinado y vive con su madre y sus tíos. Hasta aquí todo normal, pero resulta que la vulgar chica en realidad forma parte de una cadena genética regia, algo así como la reencarnación de la matriarca de la casa Abrasax, la más importante del universo, lo que desencadenará una lucha de intereses entre los hijos de aquella, que la quieren muerta. Tan solo recibirá la ayuda de Caine Wise (Channing Tatum), un caza recompensas.

“El destino de Júpiter” es una gigantesca y torpe ensalada de influencias sin personalidad, horrorosamente escrita, que lucha con denuedo para alcanzar el ridículo. Su estética kitsch, resultado de una mezcolanza poco original, es un popurrí de estilos y estéticas ya vistas, cogiendo, por ejemplo, la nocturnidad noir y el ciberpunk de “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) y el colorido kitsch de “El quinto elemento” (Luc Besson, 1997), pero quedándose en un incómodo término medio que resulta inane e insustancial. Cuando al poco de metraje te das cuenta de que esa apuesta estética, basada en el look general y los efectos especiales, es lo único que puede ofrecer la película, la decepción es contundente.




No es lo único que mezcla “El destino de Júpiter”, que coge varios géneros para formar un todo, también con la aspiración estética como objetivo principal. Así tenemos el fantástico y la ciencia ficción dándose la mano para formar una pobre mitología sin ningún interés y atractivo. Monstruos, referencias a la literatura fantástica, naves y tecnología avanzada, semidioses de tintes mitológicos etc.

Conceptualmente tenemos varios de los temas predilectos de los hermanos, los mundos diversificados, paralelos, alternativos, ocultos a la mayoría de las personas, los desdoblamientos, las nuevas realidades, el despertar a ellas, la figura del elegido, lo virtual… Todo vulgarizado y simplificado con respecto a su gran obra, que fue la primera entrega de “Matrix”.




La trama, más simple que el mecanismo del papel higiénico, tiene evidentes similitudes con “El quinto elemento”, de nuevo presente, o “Terminator” (James Cameron, 1984), con la figura del protector. No terminan aquí las influencias, en la estética hay algo que recuerda a “Dune” (David Lynch, 1984). “Cenicienta” se menciona explícitamente en la película, y es evidente que el personaje principal, que limpia retretes al principio para convertirse en dueña de la Tierra al final, nos remite al cuento. La relación de los personajes sería algo así como “La bella y la bestia”, pero en cutre, por supuesto. El protagonista, un skater aéreo, nos recuerda al Silver Surfer de los “4 fantásticos”. Incluso tendremos una parte de la trama que nos llevará a “La muerte os sienta tan bien” (Robert Zemeckis, 1992), con ese “elixir” de la eterna juventud que ansían los dueños del universo…

El supuesto humor burocrático también me recordó a “El quinto elemento”, y no hace gracia. Tampoco funciona el humor costumbrista, no funciona ningún tipo de humor, porque no funcionan sus diversos tonos, no encajan. Además falta tensión y todo resulta tediosamente previsible.




Por si fuera poco la película pretende un mensaje anticapitalista, de una profundidad tal que tuve que verla con la enciclopedia delante…

No todo es malo, hay escenas espectaculares desde el punto de vista visual, como la batalla en la ciudad, que aunque algo confusa por su velocidad está muy bien rodada con planos muy largos y sostenidos. Aquí habría que recordar también “Men in Black” (Barry Sonnenfeld, 1997), por aquello del borrado de memoria…

Mención aparte merecen las chorradas de guión, que además es redundante y reiterativo, repitiendo situaciones continuamente. Las explicaciones a los orígenes de la humanidad y demás historias de la mitología de la película es mejor no comentarlas…

Una película absurda, patéticamente infantil, mucho más que algunas sagas adolescentes que vemos cada poco tiempo en pantalla, lo que es bastante escalofriante, y donde la mayor originalidad radica en que el bueno de Sean Bean no muere. Me alegro por él, ya lo merecía el pobre.

©Jorge García

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