jueves, 18 de junio de 2015

Crítica de la película "El final de la cuenta atrás" (Don Taylor, 1980)


Möbius el Crononauta




Me resulta difícil, casi imposible, no recordar con nostalgia las sobremesas del sábado, cuando sólo habían dos canales estatales; y más aún cuando la programación actual por lo general me aburre solemnemente.


Uno podía tirarse toda una mañana con la programación infantil y tras un par de series norteamericanas si había suerte podías tener tu plato favorito para comer (pongamos canelones), con lo cual el día ya estaba alcanzando sus cotas máximas de perfección. Sólo restaba desear que el telediario pasara lo más rápido posible para que llegara la Sesión de Tarde. ¡Ah, aquellas viejas películas! Épicos westerns, trepidantes películas de aventuras, grandiosos films bélicos, el variado cine 70's... Pocas veces se sentía uno decepcionado. No todo eran obras inmortales del séptimo arte, pero en más de una ocasión podías pasar la tarde de la mano de un John Ford, un Howard Hawks, un John Wayne, un Errol Flynn o algún otro coloso del celuloide. Levantando apenas un metro del suelo esos nombres no me decían nada, pero acababan siendo rostros familiares de las tardes sabáticas. Por otro lado uno podía disfrutar de films que vistos hoy en día quizá no resulten especialmente épicos, pero que resultan igual de entretenidos, y en mi opinión bastante mejores que la mayor parte de estrenos actuales. En esta categoría podríamos a El final de la cuenta atrás.




Uno de los últimos supervivientes del viejo Hollywood, Kirk Douglas, cumplía el pasado diciembre 98 años, con lo que resulta obligado hablar de él tarde o temprano. Su larga carrera ha dejado muchas y buenas películas, grandes obras maestras y films entretenidos sin grandes pretensiones. Kirk es el hombre del hoyuelo, el protagonista de clásicos como Cautivos del mal o Espartaco, aunque siempre que le veo recuerdo también al capitán del portaaviones USS Chester Nimitz.




El hablar de películas como El final de la cuenta atrás resulta algo confuso ya que uno nunca acaba de estar seguro del todo de si el entusiasmo que le provoca a uno la historia es en parte producto del recuerdo infantil o realmente es por la cinta en sí. Si no habéis visto el film y os animáis a verlo a lo mejor maldeciréis mi nombre, pero yo por lo menos nunca dejo de disfrutar con las peripecias de Douglas y su tripulación. El final de la cuenta atrás no cambiará vuestra vida, pero seguro que os servirá para una tarde invernal en lo que lo último que os apetece es pisar la calle.




La historia es simple: un moderno portaaviones norteamericano, el USS Nimitz, es absorbido por una especie de agujero espacio-tiempo para aparecer de nuevo en las inmediaciones del Hawai del 6 de diciembre de 1941. Claro que sí, habéis acertado: ¡el Nimitz se encuentra a las vísperas del ataque a Pearl Harbor!

Tras la confusión reinante, debido a la "extraña tormenta" por la que han pasado, y tras ir recopilando extraños indicios, el capitán Kirk Douglas y el observador Warren Lasky (interpretado por Ramón Gerardo Antonio Estévez, más conocido como Martin Sheen) y el resto de oficiales comprenden que han viajado en el tiempo y que Hawai está a punto de ser atacado por la flota japonesa. ¿Qué hacer? ¿Permanecer al margen o intervenir y cambiar la historia? ¡He ahí el dilema! Será el viejo Kirk quién tome la decisión soltando un par de frases antológicas.




Pocas veces he sentido una excitación similar a cuando vi esta película por primera vez. ¡Un portaaviones moderno en mitad de la Segunda Guerra Mundial! ¡Cazas a reacción F-14 enfrentándose a Zeros japoneses! ¡Esa extraña e inquietante tormenta que parecía sacada de un videoclip de Pink Floyd! ¿Cómo no volverme loco con aquello? Seguramente debí de estar en una nube durante semanas.

Vista hoy en día hay que reconocer que la película adolece de algunos fallos y el guion tal vez no sea conservado en el American Film Institute (esa escena entre el oficial Owens y la secretaria del senador: "La dejaré para que se vista", "No, quédese, tengo miedo de estar sola"... toda la escena en sí parece de una película porno o algún film erótico barato), pero poco importa cuando podemos contemplar la cara del prisionero japonés mientras Owens le relata paso a paso todos los planes para el ataque a Pearl Harbor. No sé, ¡Zeros y F-14! ¿Qué más se le puede pedir a una película?



Owens es interpretado por una cara que quizás os resulte familiar a los seguidores de la serie B, hablo de James Farentino, un secundario que es el Tiñoso de Érase una vez... el hombre hecho carne. Otro secundario habitual, Charles Durning, de quién ya os comento que tiene cara de senador, interpreta en el film a (cómo no) un senador al que todos señalan como próximo vicepresidente en las elecciones de 1944. ¿Llegarán a cumplirse las previsiones?

Y si se lo están preguntando, sí, el título original del film era The Final Countdown.

©Möbius el Crononauta

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