domingo, 15 de febrero de 2015

Crítica de la película Boyhood (Richard Linklater, 2014): Movie review



por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



La principal favorita para llevarse la estatuilla este año junto a “Birdman” (Alejandro González Iñárritu, 2014) es una propuesta única, rodada a lo largo de 12 años con los mismos actores, es decir, el chavalín que vemos al inicio es el mismo chico adolescente con el que termina la película, a lo largo de tan solo 39 días, eso sí. El magnífico director Richard Linklater nos muestra el transcurrir de la vida, el crecimiento y la infancia con una naturalidad y sensibilidad pasmosa. La infancia, ese lugar donde todo y nada se teme.


Esta idea permite ver las pequeñas variaciones de la vida, incluso en los matices interpretativos de los actores y la propia dirección de Linklater, mucho más depurada en la parte final, con planos más sostenidos.
Linklater se ha descubierto, como ya demostró en su imprescindible trilogía de “Antes de…”, como uno de los grandes retratistas del paso del tiempo, y aquí lleva esa idea al límite. No lo hace al estilo Proust, no es tanto una reflexión ni se agarra a la nostalgia, su concepción es expositiva, emotiva, festiva incluso. Linklater nos dice que la excepcionalidad no radica en una historia especial, que la normalidad también merece la pena ser contada, lo que vivimos y sentimos todos, porque aunque no sea estrafalario sí es genuino. “Boyhood” es la épica de la normalidad y lo cotidiano.




Uno de los aspectos más novedosos de “Boyhood” es que pervierte toda convención narrativa y cinematográfica, ya sea en el desarrollo de las historias o los personajes, para retratar la vida en su minimalista y convencional excepcionalidad, destruye toda estructura y deja fluir esa vida en imágenes que son como estampas fotográficas, aspecto este, la fotografía, relacionado con el protagonista, precisamente. Es por ello que tendremos muchas pequeñas historias que no terminan o se interrumpen, personajes que aparecen y desaparecen y se huye de los conflictos, a los que se mira de forma tangencial, porque Linklater sabe que la vida en su esencia son esos momentos aparentemente intrascendentes, los tiempos muertos, que esos momentos son los que ocupan la mayor parte de nuestras vidas, que son los que la forman. Por esta razón “Boyhood” se centra en lo habitualmente elíptico del resto de películas.




No hay que ver “Boyhood” esperando que pase algo, porque nada ocurre, ese es el error que ha llevado a muchos a no entender bien la película y provocarles el aburrimiento. Aquí no hay trama ni la película se centrará en nada en concreto, es sólo la vida. Al asistir a lo cotidiano, a lo digresivo, como fundamento de la narración, Linklater hace sentir ese paso del tiempo, el envejecimiento, sin efectismos, con delicadeza. Mirar lo cotidiano, lo trivial, ayuda a apreciar el imperceptible paso del tiempo, ese que creemos eterno, pero que va pasando. El resto de películas cogería cualquier tema que se sugiere en “Boyhood” y pretendería desarrollar una historia especial sobre ellos, en cambio Linklater sólo recoge lo elíptico de ellas, lo que dejan fuera siempre.


Mirar aspectos puramente cinematográficos también llevará a error, ya que los supuestos errores que se puedan ver en realidad son las virtudes, por ejemplo la interpretación, la sosería del protagonista o el tipo de narración, porque lo que se está escenificando es el crecimiento de un chico en concreto, de Mason, y Mason (Ellar Coltrane) es así, como hay tantos…




Es sensacional observar los sutiles cambios que se van produciendo en los personajes y las variaciones típicas de la edad en este retrato cotidiano y vital. Habrá múltiples referencias culturales, cinematográficas y políticas para situarnos en la época concreta, con lo que asistiremos al paso de las modas y la venida de otras, a los cambios de look y de intereses…

El uso de las elipsis, porque aunque “Boyhood” apuesta por lo habitualmente elíptico de otras cintas eso no significa que no las use, es muy sutil y consigue replantear la narración con habilidad y elegancia de manera constante, guiándonos como una brújula para hacer palpables los saltos temporales, que en ese fluido transitar casi pueden pasar desapercibidos.




La narración no se subordina a un punto de vista estrictamente subjetivo, pero Linklater toma el de Mason como el principal, el de mayor importancia, por lo que veremos los grandes sucesos a través de su mirada.

Los cuatro personajes protagonistas son fascinantes, quizá la hermana mayor, interpretada por la hija del director, Lorelei Linklater, es la más desdibujada. Todos ellos siguen una perfecta evolución y hay que destacar la relación entre padre e hijo, con un Ethan Hawke sensacional. El núcleo familiar es el centro de la narración, por lo que el resto de personajes son superfluos y entrarán y saldrán de la misma en función de la familia.

La evolución, madurez y relación entre padre e hijo es la más natural y satisfactoria de toda la película, la que deja mejores diálogos, aunque el grueso de la vida de esos chicos sea con la madre, interpretada magníficamente también por Patricia Arquette, de la que es divertido observar los kilos que ha ido cogiendo con los años, una entrañable rolliza que era muy sexy en su tiempo. Quizá el menor contacto entre padre e hijo sea lo que beneficie, paradójicamente, su relación de confianza.




Es la neofamilia, padres separados, nuevas relaciones, padrastros y hermanastros, vagar de una casa a otra, una familia en expansión, la familia moderna que deja atrás la familia convencional y donde las figuras maternas y paternas se multiplican como matrioskas, sin que eso tenga por qué cubrir todas las necesidades…

Los diálogos y la naturalidad son otro de los puntos fuertes del film, y de todo el cine de Linklater, como bien sabrán los que conozcan alguna de sus películas. Aquí hay que volver a destacar la labor de Ethan Hawke, habitual del director, y que demuestra estar comodísimo a sus órdenes. Se hablará de todo, de la vida, con los cambios de interés lógicos de la edad…

Incluso en la vaguedad de la historia observamos una notable progresión dramática con sutiles elementos, donde lo que se deja atrás es cada vez más importante.




“Boyhood" es una obra magnífica, excepcional, única. Pensé que le sobraría metraje, después del visionado lo incluí como uno de los posibles defectos, pero una vez analizas sus claves, sus intenciones, no estoy seguro de que lo sea. En “Boyhood” los posibles defectos en realidad son virtudes… o al menos también son virtudes.

La banda sonora y el montaje son excelentes también, valorando más aspectos técnicos aunque estos sean lo de menos.

La ambición de esta película única contrasta con su naturalidad y sencillez, metalingüística en su realismo y esencia, auténtica y genuina. Si la ves sin prejuicios y con el punto de vista adecuado te cautivará.


©Jorge García

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