domingo, 8 de febrero de 2015

Microrrelatos - Cosas en los bolsillos (66): Camada


Camada

Ocurrió en una pequeña granja californiana, muy cerca de la histórica Ardenwood, en Fremont. Corría el mes de mayo de 1952. Entre los perritos de esta camada había uno "identical to my cousin Florencio" (literalemente en la prensa local). En plena efervescencia del fenómeno ovni y la moda, por ende, de otros fenómenos paranormales que parecía que habían elegido el siglo XX para manifestarse en masa, cosa que tenía algo alborotada y entretenida a una parte de la población del planeta Tierra, el hecho se ocultó a la prensa y a la sociedad americana, más que nada para evitar revuelos inconvenientes y llevar a cabo un calmado estudio científico de fenómeno tan extraño. De inmediato la investigación sobre el perro fue clasificada de Expediente X (top secret; que no preguntes más, Aniceto).


Se fue observando su evolución, su comportamiento, y sus primeras habilidades no tardaron en aparecer, para dejar perplejos a la comunidad científica. Con solo dos meses, Carroll, que así fue bautizado, conseguía colocar distintas figuras en sus moldes correspondientes, pulsar el botón rojo para recibir comida y también, al poco tiempo, resolver sencillos problemas de lógica. Pronto pudo comprobarse que el perro poseía una inteligencia superior a la del chimpancé o el delfín. La adquisición de una lengua articulada, concretamente del inglés, tampoco fue demasiado costosa. Con el tiempo y una caña, y pese a disponer de un aparato fonador diferente al humano, Carroll logró articular a su manera y a dejarse entender, con un acento que recordaba mucho, curiosamente, al jamaiquino. Más aún a entender él mismo cualquier mensaje.

Quizá debido a estar tanto tiempo solo, sin compañera, rodeado siempre de batas y encerrado en una habitación sin ver la calle, Carroll adquirió una personalidad agria y suspicaz (¡siempre a la defensiva el puto perro este!), que derivó en una actitud grosera, insultante, chismosa y chulesca. Fumaba negro, como un carretero, y empezó a darle demasiado a la botella. Y así fue cómo fue ganándose la antipatía y un odio creciente entre los científicos (a los que llevaba más derechos que un vela) que lo habían cuidado "desde niño". En 1966 la decisión fue unánime y le aplicaron la inyección letal de sodio pentobarbital. Carroll, allá donde estés, tanta paz lleves como descanso dejaste. 

(NOTA: El cuerpo disecado de Carroll puede contemplarse en el Lowie Museum of Anthropology, en Berkeley).

ÁCS


8 comentarios:

  1. Jajaja (no era necesario; de veras).

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  2. Sólo un apunte. El cuerpo disecado del perro Carroll ya no se encuentra en el Lowie de Berkeley. Fue traslado al Museo Diocesano de Rosalito tras el incendio de 1996.

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    1. Buen apunte sin duda. Desconocía esta contingencia. Gracias.

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  3. Hola, Ángel.
    Olé por Florencio! Qué derroche de datos y de información. Me ha encantado y la foto de Florencio es para enmarcar.
    Qué grande eres, hijodemivida.

    Un besabrazo enormísimo.

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    1. La foto de Carroll. Florencio es a quien se parecía el perro, al tío Florencio del granjero. Y pensar que detrás de esa carita de ángel...
      Un besazo, guapetona.

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  4. Gracias por diseminar ésos hechos y ojalá sirvan para que respeten las vidas de seres fuera de lo común.

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    1. Incluso aunque sean ficticias. Me apunto.

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