sábado, 14 de febrero de 2015

Crítica de la película American Sniper (Clint Eastwood, 2014)


por Savoy Truffle (@CarlosLorenteR)



El nuevo film de Clint Eastwood se postula, y lo digo desde ya, como serio candidato a premios gordos en los Oscars. Es un film basado en la autobiografía de Chris Kyle, en el que narraba sus andanzas como Navy Seal, que Jason Hall guioniza y que Clint ha sabido interpretar, manejar y dirigir a la perfección, como ya es sello de la casa.


Bradley Cooper, en una interpretación brutal, ha hecho uno de los mejores trabajos de su carrera, aportando una vertiente seria, que yo desconocía, y para el que se preparó ganando corpulencia para parecerse lo más posible al personaje que interpretaba, un tipo muy voluminoso, de potente mentón y muy fuerte, no en vano engordó 18 kilos para hacer el papel. Estamos hablando de un héroe de guerra, cuyo final no deja de sorprender, pero que vuelve a dejarnos muchas dudas de un país como Estados Unidos.




La película nos muestra como el tejano Kyle se convierte en Seal, después de durísimos entrenamientos, conoce a su chica, con la que luego se casará, Taya interpretada por Sienna Miller, y posteriormente es enviado a Irak, con la misión de proteger a sus compañeros. Chris participó en cuatro despliegues o peligrosas misiones, aplicando el principal lema de los marines "no dejar a ningún hombre atrás". Su precisión milimétrica salvó incontables vidas en el campo de batalla, con lo que entre sus compañeros se ganó el apodo de "Leyenda", pero claro, las noticias de sus hazañas llegó a oídos de los enemigos, poniendo precio a su cabeza y se convirtió en pieza codiciada de los insurgentes.




Es en esa parte del film, cuando aparece el otro francotirador del lado contrario, un sirio que participó en los juegos olímpicos, y al que se conoce por Mustafá, y es ahí cuando me recuerda o se produce un paralelismo con aquella película "Enemigo a las puertas"(2001), donde Jude Law y Ed Harris tenían un duelo de francotiradores de altísimo nivel, aunque en este caso el escenario era la II Guerra Mundial.




Por otro lado tenemos al personaje de la mujer, Taya, a la que le cuesta mucho entender lo que le pasa a su marido, que cada vez que regresa de las misiones, está paulatinamente más cambiado, ya que la crudeza de la guerra le afecta. Ese proceso de transformación en la personalidad de Kyle, que hemos visto en tantas películas, en este caso no llega a locura (aunque poco le falta), pero él mismo se da cuenta en el último despliegue que es momento de parar y regresar a casa con su familia. Las situaciones vividas allí, pérdidas de compañeros muy cercanos, ver muy tocado a su hermano pequeño que no quiere volver al frente, etc., le acaban afectando de manera definitiva.





En su regreso, Kyle no se acaba de adaptar a la tranquila vida familiar y después de un incidente en una barbacoa va a ver a un psicólogo, que le recomienda visitar y hablar con compañeros que han perdido miembros y están con muchos problemas después de sobrevivir a la guerra. Entonces decide ayudarles y enseñarles a disparar con precisión, porque además es lo mejor que sabe hacer.

No es sorprendente que Eastwood evite adentrarse en la neblina ideológica de la situación y decida ceñirse al punto de vista de Kyle, brindando una visión casi puramente experiencial del conflicto, en el que los otros soldados no son más que acompañantes de nuestro protagonista, las fechas y localizaciones son raramente identificadas y cualquier contexto geopolítico ha sido deliberadamente omitido.


Por otro lado, la descripción del otro bando, como en casi todas las ocasiones que se ve desde el punto de vista americano, es de gente muy mala, enemigo feroz, y muy salvaje, eso si, con muchos menos medios para la batalla. Destaco las actuaciones de Sammy Sheik, alias Mustafá, el francotirador de los insurgentes, y su duelo con Kyle, y por otro lado el personaje terrible y abominable de Mido Hamada, "El Carnicero", un despiadado asesino que con su taladradora mataba a todo aquel que hablara con los americanos, ya fuese compatriota o no.

Trabajando como es habitual con el director de fotografía Tom Stern y los editores Joel Cox y Gary D. Roach, Clint afronta las ambiciosas escenas de batalla con un puntilloso profesionalismo digno de esa tarea. La cámara, mantiene un arenoso sentimiento de estar al nivel del suelo, mientras va cambiando hábilmente entre un rango de perspectivas que, sin embargo, mantiene una fuerte continuidad de la acción, sobre todo hay ritmo, en todas y cada una de las escenas de guerra.




Hacer mención a la banda sonora, compartida entre Clint y Ennio Morricone, donde han escrito una música muy sutil, proveyendo un acompañamiento casi imperceptible en una película que nos invita a reflexionar a la vez que a sentir, es una elección que dice mucho. Sin destacar en ningún momento por encima de la narrativa, va siendo un hilo conductor perfecto, que no pasa desapercibido.

Para mí, un tremendo film, serio candidato a estatuilla, por dos razones fundamentales, ya que primero es muy buena película y segundo trata un tema de patriotismo de los americanos, que siempre ha tenido mucho eco en este tipo de premios (recordemos el éxito de En Tierra Hostil, que no aguantaría la comparativa con esta, creo).

©Savoy Truffle

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