miércoles, 18 de febrero de 2015

Elliott Smith - Figure 8 (2000): Crítica del disco Review


por Addison de Witt (@Addisondewitt70)



Admito que siento devoción por Elliott Smith, ¿porqué no admitirlo?, la siento y no únicamente por la belleza de sus melodías, también por la pasión contenida, atrapada en la finura estilística propia de su sonido, por el fuego vital que esconde una producción caracterizada por la economía, el ímpetu de unos sentimientos que explotan de desencuentro con la realidad, deflagración que se produce en la sorda y aterciopelada textura de su voz (voces, cuando esta doblada).


Hace poco hablábamos de "XO" (leer crítica), y lo hacíamos como si este fuese el disco clave del autor, clave desde el punto de vista orgánico, vital, y como una alegoría al comienzo de una guerra interior que habría de ser la definitiva, hoy nos enfrentamos a la segunda contienda de esta guerra empezada con aquel trabajo. En este Figure 8, con pocas expectativas de alzarse victorioso en la batalla, la música es mas relajada y luminosa, como un tirar por la calle de en medio, como un ahí queda eso...

Por lo cual entiendo que tamaña colección de temas hermosos y perfectos merecen un análisis que haga justicia a sus virtudes, dejando de lado tristezas biográficas que no dejan de ser hipótesis o intuiciones personales.



Muchos dicen que en este último disco que el artista edito en vida hay novedades sónicas o de modus operandi de cierto relieve, yo lo creo parcialmente, como digo si parece por momentos mas luminoso y regido por un cariz menos tenso, hay mas riqueza instrumental, pero por lo demás no advierto cambios dignos de merecer tal nombre, además ni falta que hacen, continúan los aspectos ya relatados mas arriba y que definen su estilo como lo que es, una delicia, entre pop y folk que dispara bombazos de belleza y sensibilidad, que encierran tanta pasión, angustia, dolor y fuerza como pocos han conseguido transmitir en décadas, y menos aún encerrados en cofres de tal orfebrería en el discurso melódico.

Disco grabado en cuatro estudios diferentes, bajo la producción de Tom Rothrock, Rob Schnapf y el propio Smith, repitiendo el mismo equipo que ya ocupo la silla de los controles en el anterior "XO" y bajo el mismo sello, Dream Works.

Foto de portada realizada en la fachada de un establecimiento dedicado a la fotografía en L.A. y que hoy se ha convertido en mausoleo de culto y recuerdo al artista.




Nos quedan pues las canciones, que empiezan con la preciosa, maquillada de voces oníricas y piano impenitente, estribillo furioso y embrujo, la alucinante: "Son of Sam".

"Somebody That I Used to Know", imposible escucharla solo una vez, ligera y sencilla, casi un insulto a las controvertidas y retorcidas creaciones que tras trabajo y destrozos cerebrales quedan a años luz en belleza a esta barbaridad.

Temas que responden a esa mayor luminosidad y desgarro sónico al que me refería antes son las escurridizas y líquidas melodías: "Junk Bond Trader", "L.A." o el encantador folk-pop de "Wouldn't Mama Be Proud".

Demuestra la capacidad de relatar sentimiento dotando a su voz de un precioso color pastoso en la serena: "Everybody Reminds Me of Her", acercarse a The Beatles en la endomingada: "Stupidity Tries" o demostrar como se canta en falsete en el bucólico folk: "Easy Way Out".

La susurrante y susurrada: "Can't Make a Sound", la breve y juguetona: "Color Bars" que vuela sobre el ánimo del oyente con su hechizante batir de alas acústicas y su suntuosidad en pianos y violines.

No hay tema flojo o de relleno, no lo es el single: "Happiness/The Gondola Man", ni mucho menos el folk elegante: "Pretty Mary K", o la belleza pop acariciadora y artesana de "I Better Be Quiet Now"...Solo el instrumental final "Bye" me resulta prescindible.

Disco que encandila, que no puede no enamorar, no deleitar y no embelesar, belleza esparcida gratuitamente, sentimiento a peso, y color, mas que en anteriores ocasiones...y mas voracidad instrumental, un disco genial que como pasaba en el caso de "XO" deja claro que esta protagonizado por alguien, un cantautor muy especial, tanto que como dije entonces en su interior libraron batalla fuego y seda, dejando POM como este "Figure 8".

©Addison de Witt

2 comentarios:

  1. Si señor, fuego y seda, el dolor queda amparado por un baño de bellísima melancolía musical. Con este disco me estrené con Elliot y nunca me arrepentiré de ello. Un trabajo más que soberbio, necesario y una muy necesaria y meritoria entrada.
    Saludos,
    JdG

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